Navidad, una vez más

Se trata de que en el día a día puedas tener una mirada interna que te permita este espacio de percepción diferente de la realidad.

Berta Meneses

 

Llega la Navidad, una vez más, y se nota. Luces en las calles, villancicos en los centros comerciales, escaparates adornados con motivos navideños, anuncios tan tenaces como insufribles de colonias para regalar, ofertas en las tiendas, campañas de recogida de alimentos, visitas a la oficina de Correos para enviar o para recibir paquetes, películas ñoñas en la tele…  y, sobre todo, felicitaciones, es decir, expresión de buenos deseos. Y no importa el concepto de Navidad que se tenga, si se vive en el marco de la fe cristiana, o no, si se es más de Papá Noel o de los Reyes Magos, si se está más atenta/o a las necesidades de quienes menos tienen, material o afectivamente, o al consumo, tantas veces superfluo, si se han puesto las esperanzas en la lotería o si lo más importante es el reencuentro con los seres queridos. Al final todo el mundo, o casi todo, se siente invitado a expresar, en voz alta o con gestos, buenos deseos para sí y para las/os demás, estén cerca o lejos.

En estos días, hay palabras que adquieren un protagonismo inusitado en otras fechas: alegría, amor, amistad, bondad, cariño, encuentro, esperanza, familia, felicidad, generosidad, hospitalidad, humanidad, ilusión, paz, prosperidad, solidaridad, sonrisa, sueños… Palabras que reflejan, como mínimo, el profundo anhelo de un mundo más justo y más pacífico y de una humanidad más hermanada, un anhelo que sin duda está presente en nuestros corazones todo el año, pero que encuentra en la Navidad la mejor ocasión para enunciarse sin… ¿timidez?

Recuerdo que, cuando era niña, mi padre me contó que en la Navidad de 1914, durante la Gran Guerra, se produjo una tregua en Nochebuena entre el ejército alemán y el inglés que luchaban en el frente occidental: los soldados de ambos bandos cantaron villancicos e incluso salieron de las trincheras y se intercambiaron algunos regalos. La historia me conmovió. No me podía creer que aquellos hombres hubieran sido capaces de dejar de disparar y, pasado un breve tiempo, volvieran a hacerlo. Más tarde supe que los altos mandos militares se habían opuesto a aquel alto el fuego que, sin embargo, los soldados llevaron a cabo. Es más, los responsables de los ejércitos quisieron asegurarse de que al año siguiente no se “reblandecieran” los ánimos guerreros, para lo cual se ordenaron fuertes ataques de artillería la víspera de Navidad y hubo rotaciones de tropas para que para que no se “familiarizaran con el enemigo”. En pocas palabras, intentaron impedir que los buenos deseos de los combatientes afloraran y pusieran en peligro la contienda. Afortunadamente, no lo lograron del todo, pues se sabe que en las siguientes navidades hubo encuentros amigables entre los soldados, pero no como en 1914.

La verdad es que, por un lado, creo que es bueno que cíclicamente haya fechas que nos inviten a escarbar en nuestro interior, con mayor o menor profundidad, y a sacar aquello que, de otra manera, apenas tenemos necesidad de formular. Pero, por otro, me preocupa que los buenos deseos se guarden en el cajón al mismo tiempo que los adornos navideños y permanezcan allí, vivos pero dormidos, hasta el año que viene. Me preocupa que esos anhelos de paz y de amor que afloran en estas fechas, esa invitación a la solidaridad, a la búsqueda de la justicia, esa llamada a construir una humanidad y un mundo mejores se conviertan en flor de un día –o de una quincena, no importa–, y volvamos al “tiempo ordinario” con las armas cargadas o con las conciencias adormecidas, sin preguntarnos una y otra vez, un día y otro también, dónde están nuestros buenos deseos y cómo podemos darles cauce, más allá de unas fechas y de los gestos circunscritos a ellas.

Hay tiempos “fuertes”, fechas puntuales –religiosas o no– que nos despiertan como un fogonazo. Esa luz, como la de todo “chispazo”, se extingue durante un tiempo,  pero no la realidad iluminada por ella. Ojalá que el destello de esta Navidad haga visible un escenario en el que los buenos deseos no se conformen con enunciarse y que el de la Navidad siguiente, cuando se produzca, revele un mundo diferente, mejorado por cada una/o día a día, pregunta a pregunta, durante todo el año.

Feliz Navidad y feliz 2014.

Navidad_2013

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Navidad, una vez más por María José Ferrer Echávarri se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.

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