¡Suéltate el velo!

No deseo que las mujeres tengan más poder que los hombres, sino que tengan más poder sobre sí mismas.

Mary Shelley

 

A comienzos de este mes, la periodista y escritora iraní Masih Alinejad, que desde hace unos años vive exiliada en Reino Unido, abrió una página en Facebook[1] en la que invitaba a las mujeres de su país a compartir fotografías en las que apareciesen sin velo. La iniciativa ha tenido un gran éxito: hasta el momento, ha contado con muchos apoyos, más de cuatrocientas mil personas han entrado en su página y, lo que es más importante, ha recibido cientos de imágenes de mujeres desveladas[2], aunque tampoco le han faltado comentarios críticos e, incluso, fotografías de mujeres que no solo llevan tapado el pelo, sino la cara.

Aunque para unos ojos occidentales, como los míos, ver mujeres con el pelo al aire no tendría por qué resultar, en sí, ni transgresor ni liberador, creo que estas fotografías consiguen transmitir, precisamente, transgresión y libertad, pues están protagonizadas por mujeres a las que en su vida cotidiana no les está permitido enseñar el pelo –y el cuello y los brazos y las piernas…–, aunque lo deseen, y que son castigadas si no lo llevan cubierto.

El temor a posibles represalias por la osadía de posar ante una cámara sin velo se adivina en que no pocas mujeres aparecen de espaldas, a contraluz, muy de lejos, con la cara medio tapada por grandes gafas de sol o por el propio cabello, en posiciones que dificultan que se les identifique… Otras, sin embargo, enseñan no solo el pelo –largo, corto, moreno, rubio, castaño, canoso, lacio, rizado…, suelto en casi todos los casos–, sino también el rostro. Están solas y acompañadas: las más, por otras mujeres; las menos, por hombres que parecen ser sus parejas. Casi todas las fotografías añaden al desvelamiento elementos que resaltan la liberación que, para quienes lo tienen prohibido, debe de suponer descubrirse la cabeza: muchas instantáneas están hechas en espacios muy abiertos, en la cima de una montaña, a la orilla del mar, junto a las vías del tren…; bastantes mujeres aparecen con los brazos levantados y abiertos, dibujando con los dedos la uve de victoria, saltando, conduciendo un vehículo, corriendo, alzando el velo con las manos y transformándolo en una vela al viento… Todas esas mujeres piden a gritos, sin palabras, que se les permita elegir.

No es mi intención opinar aquí sobre el uso del hiyáb o velo islámico. Creo que se trata de una cuestión poliédrica –y, por tanto, muy compleja– que se aborda de manera muy diferente y con objetivos muy diversos en los ámbitos musulmanes y en los que no lo son. Por otro lado, el significado del hiyáb ha variado con el tiempo y en función de los contextos en que han ido viviendo y conviviendo las comunidades musulmanas. En Occidente, el velo islámico puede ser símbolo del Islam y tener una función no solo religiosa, sino sociopolítica y cultural. En las comunidades y sociedades musulmanas, sin embargo, el velo no simboliza solo ni fundamentalmente la diferencia entre musulmanas y no musulmanas –en algunos países, su uso es obligatorio para todas las mujeres, de cualquier religión–, sino entre hombres y mujeres dentro de la misma comunidad social y religiosa, una diferencia, por cierto, jerarquizada a favor de ellos, lo que confiere al velo connotaciones patriarcales.

Estas connotaciones hacen que el hiyáb sea una prenda problemática en los países occidentales, en los cuales, por otro lado, hay otros velos, es decir, otros símbolos de la sumisión que el patriarcado exige a las mujeres. Algunos son literalmente velos, como los de las religiosas, cuyo significado originario está asociado a la obediencia que las mujeres “consagradas” –no sometidas a la autoridad de ningún marido– debían y deben a la jerarquía eclesiástica, constituida íntegramente por varones. Otros solo son velos metafóricos, como el opresivo y tiránico estereotipo de belleza vigente en el mundo occidental, por ejemplo, del que habla la escritora feminista marroquí Fatima Mernissi: “Mientras los ayatolás consideran a la mujer según el uso que haga del velo, en Occidente son sus caderas orondas las que la señalan y marginan… El objetivo es el mismo en ambos casos”. ¿Cuál? Controlar y dominar los cuerpos de las mujeres, es decir, controlar y dominar a las mujeres.

Hay, pues, muchas clases de velos y muchas maneras de obligar a usarlos. Identificar unos y otras es imprescindible para elegir con libertad. Algunas mujeres escogen velarse, otras quieren sentir cómo la brisa revuelve su pelo; unas se ajustan a los cánones femeninos, otras prescinden de ellos. Pero todas, todas deberíamos tener no solo el derecho, sino también la libertad de tomar decisiones sobre nosotras mismas y sobre nuestras vidas.

 

[1]https://www.facebook.com/StealthyFreedom

[2] https://www.facebook.com/StealthyFreedom/photos_stream

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¡Suéltate el velo! by María José Ferrer Echávarri is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

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