Arte y cambios

No voy a ser tan ingenua de creer que una película puede modificar el mundo, pero sí sirve para tomar conciencia, para movilizar. Para que un espectador o espectadora salga del cine totalmente diferente a como era cuando entró. Eso me basta.

María Luisa Bemberg

En los últimos días, he leído sendas entrevistas realizadas a tres de las actrices españolas que más admiro: Lola Herrera[1], Julia Gutiérrez Caba[2] y Terele Pávez[3], tres vidas dedicadas a la interpretación, transmitiendo y traduciendo a través de su cuerpo, de sus gestos y de su voz las palabras de otras personas, las historias que otras/os escriben y quieren contar, siendo el canal de mensajes que, sin intérprete, no lograrían comunicarse con la misma fuerza evocadora, metiéndose en otras pieles, acomodándose a otras formas de ser y de sentir, logrando que su yo desaparezca tras el de cada personaje al que han dado carne y, al mismo tiempo, lo enriquezca, dejándose hacer por la obra de arte ajena y creando la propia, provocándose emociones e incitándolas en las/os demás.

En el escenario o a través de la pantalla se narran historias, como sucede en las novelas o en los cuentos, pero las del teatro y el cine son narraciones… con más dimensiones. A las palabras se suman otros canales de comunicación con otros códigos, o sea, otros lenguajes, visuales y auditivos, en los que intervienen, además de los actores y las actrices, muchos tipos de intérpretes –directores, escenógrafos, iluminadores…–, es decir, personas que aportan su propia hermenéutica del texto teatral o del guión cinematográfico.

A menudo, el resultado de este complejo trabajo de creación en equipo produce en quienes lo contemplan un profundo placer estético y un notable impacto emocional. A veces, se produce el milagro y las/os espectadoras/es de la obra de teatro o de la película se sienten realmente tocadas/os por lo que han visto y oído, y algo se transforma en ellas/os, no durante un rato o unos días, sino definitivamente.

Creo que no resulta difícil reconocerles capacidad transformadora a algunas obras políticas, científicas, filosóficas, teológicas…, y que habría muchas personas capaces de señalar qué textos de ese estilo les han marcado profundamente, porque son conscientes de que no volvieron a ser las mismas después de leerlos o escucharlos. Es posible que, incluso, se acercaran a ellos con la esperanza de ser transformadas. Más difícil parece, sin embargo, identificar qué obras artísticas concretas, y en qué sentido, han cambiado nuestras vidas, porque aunque contamos con que nos afecten estéticamente, nos exponemos a ellas como si fueran inocuas, sin percibir su potencial transformador. Pero lo tienen, como todo acto de comunicación.

Si pienso en mí, reconozco algunos encuentros con las artes –incluida por supuesto la literatura– que se han adherido a mi piel como un tatuaje. Sería difícil enumerarlos y más difícil todavía explicar qué tecla de mi ser tocaron, pero ahora mismo vienen a mi mente, por ejemplo, un poema de Pedro Casaldáliga, las pinturas negras de Goya, novelas como 1984, de George Orwell, El cuento de la criada, de Margaret Atwood, o Los desposeídos, de Ursula Le Guin, películas como Función de noche, Iron Jawed Angels, Todo está iluminado o De dioses y hombres, fotografías de James Nachtwey, las vidrieras de la catedral de León, la interpretación de Lola Herrera en Cinco horas con Mario[4], los conciertos para violín de Bach BWV 1041 y BWV 1043, el claustro románico de San Juan de la Peña… Quizás no sean las mejores y más grandes obras en sus respectivos géneros, pero sin ellas, y otras muchas, yo sería otra persona, menos consciente, menos libre, menos feliz.

Todas las manifestaciones artísticas remiten a la realidad, cuentan la vida y plantean preguntas sobre el sentido de la existencia, o intentan responder a ellas. La cualidad connotativa de su lenguaje, en su doble sentido de equívoca y representativa de otra cosa distinta, las hace evocadoras, sugerentes, capaces de suscitar emociones, de establecer relaciones que, a menudo, se escapan al análisis más racional. Lo que se dice a través del arte no puede ser comunicado de otra manera ni producir el mismo efecto.

Arte y artistas para disfrutar, para denunciar, para concienciar, para inspirar alternativas. Arte y artistas para transformar la realidad, para cambiar el mundo.

 

[1] 21rs: la revista cristiana de hoy, n. 978 (julio 2014), pp. 45-46.

[2] http://cultura.elpais.com/cultura/2014/07/16/babelia/1405523740_223595.html

[3] http://cultura.elpais.com/cultura/2014/07/24/actualidad/1406223948_009517.html

[4] La adaptación teatral de la novela, del mismo título, de Miguel Delibes.

Licencia de Creative Commons
Arte y cambios by María José Ferrer Echávarri is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

Discussion area - Dejar un comentario






He leído y acepto las condiciones generales y la política de privacidad


Información básica sobre protección de datos
Responsable: REVISTA REINADO SOCIAL 21RS (más info)
Finalidad: • Gestión de la adquisición del producto, suscripción o donativo, así como la tramitación de los mismos.
• Envío de comunicaciones relacionadas con el proceso de compra, las suscripciones o los donativos.
• Envío de comunicaciones y ofertas comerciales, por diferentes medios, incluidos los medios electrónicos (email, SMS, entre otros). (más info)
Legitimación: Ejecución de una compra online, suscripción o donativo. (más info)
Destinatarios: No se cederán datos a terceros, salvo obligación legal. (más info)
Derechos: Acceso, rectificación, supresión, cancelación, y oposición. En determinados casos derecho a la limitación del tratamiento de sus datos. (más info)
Información adicional: Puede consultar toda la información completa sobre protección de datos a través del siguiente enlace (más info)
Los enlaces de (más info)