La sal de la tierra

El análisis y la fotografía van en una misma dirección: te ayudan a ver aquello que tu ojo no ve. Yo no fotografío lo que vi, porque si ya lo vi, ¿para qué lo quiero en papel? Lo que quiero ver es lo que no ve mi ojo. Fotografío lo que percibo pero no llego a ver.

Adriana Lestido

 

Ayer fui al cine con dos amigas para ver el documental La sal de la tierra[1], cuyos protagonistas son el fotógrafo Sebastião Salgado y su obra. Cuando terminó, permanecimos incrustadas en los asientos, mirando más allá de los créditos finales que, de abajo arriba, se deslizaban por la pantalla. Tras la lista de nombres y funciones no se veía nada, salvo una sombra parcialmente iluminada, o una luz parcialmente ensombrecida, pero el documental había empezado diciendo que “el fotógrafo es, literalmente, alguien que dibuja con la luz, alguien que escribe y reescribe el mundo con luces y sombras” y en la pantalla aún había luz y había sombra, así que quizás la película guardaba una fotografía más, la última antes de que el proyector se apagara, y nosotras queríamos verla.

Salimos de la sala y recorrimos el largo pasillo que nos llevó fuera del cine en silencio. Nuestras caras reflejaban a la perfección el efecto que el documental nos había producido. Ya en la calle, una suspiró –¡buf!– y abrió la veda: increíble, maravillosa, qué dura, hay que verla, menos más que hemos venido, no sé qué decir… Y poco a poco empezamos a rememorar las palabras y las imágenes de la película que en ese momento nos venían a la mente y a la boca, pero sin amontonarlas, dejando el tiempo suficiente para reposar e interiorizar cada recuerdo.

Yo no sé si La sal de la tierra es un buen documental desde el punto de vista cinematográfico, porque no soy una experta en el séptimo arte, pero logra mantener la atención durante los poco más de cien minutos que dura. Las imágenes que se suceden en la pantalla –tanto las fotografías de Sebastião Salgado, como lo rodado por Wim Wenders– son como un imán que atrae irremediablemente la mirada, aunque a ratos duela lo que se ve. Sucede lo mismo con las palabras que glosan la narración visual: los oídos las esperan y las agradecen, no porque el silencio resulte incómodo o tedioso, sino porque contextualizan las imágenes, ayudando a darles sentido, y sacian un poco el hambre de saber más que estas dejan.

Creo que uno de los aciertos del documental es el complejo juego de miradas sobre el que se construye. Se puede decir que Sebastião Salgado está en el centro de todas ellas: la de las/os espectadoras/es, la del director del film, la de los guionistas, la de los personajes que hablan de él… Pero Salgado es, sobre todo, un hombre que mira el mundo y que es capaz de plasmar su mirada sobre la realidad en fotografías. Así, mientras nosotras/os lo miramos, él mira a través de su cámara y mira también sus fotos. Las mira penetrantemente. Tanto, que traspasa la imagen capturada y su mirada viaja a la realidad que quiso capturar, a los nombres, a los rostros, a los sonidos, a los olores, al frío o al calor, a la amistad, a la grandeza, al miedo, a la tristeza, al odio, a la miseria, a la belleza, al horror, a la vida y a la muerte… A veces, se acerca tanto que se refleja en el cristal que cubre las fotografías, y estas se funden con su cara y quienes contemplamos la pantalla vamos atravesando “niveles” –el documental, el fotógrafo, la fotografía, la luz y la sombra– hasta llegar a esa realidad concreta que por un lado parece opacada con tanto “filtro” y por otro se revela de una forma inigualable y se convierte en altavoz de una realidad más profunda que se asoma, a su vez, en muchas realidades, tan distintas y tan parecidas. Así, las fotos de Salgado –y las de otras/os[2]– son más que documentos, y quienes fotografían, más que testigos que, sin palabras, levantan acta de lo sucedido. Son un grito, una denuncia, una pregunta, un compromiso, una advertencia, una esperanza, el ávido deseo de que los seres humanos sean, de verdad, la sal de la tierra.

Agradezco como un acierto también que se haga visible el papel que Lélia Wanick, la esposa de Salgado, ha tenido en la construcción de la carrera profesional de su marido, pues ella, además de apoyar sin fisuras que se dedicara a la fotografía, ha sido la creadora de sus grandes proyectos, su representante, su editora… Y mucho más.

La verdad es que hay más aciertos, pero no voy a revelarlos, porque atañen a la narración, es decir, al relato, y no soy de las que cuentan el final de una historia. Lo que sí puedo decir es que se sale del cine respirando hondo, muy hondo, y que no solo merece la pena ir a ver el documental, sino que se agradece profundamente haberlo hecho.

 

[1] Se trata de un documental de 2014, coproducido por Francia, Brasil e Italia y dirigido por Wim Wenders, quien también es responsable del guión, junto con Juliano Ribeiro Salgado, hijo de Sebastião Salgado. La obra, cuyo título original es The salt of the Earth, ha recibido el Premio Especial del Jurado, en el Festival de Cannes, y el Premio del Público, en el Festival de San Sebastián, ambos en 2014.

[2] Pienso en Dorothea Lange, James Natchwey o Adriana Lestino, por citar algunos nombres.

Licencia de Creative Commons
La sal de la tierra by María José Ferrer Echávarri is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

2 Responses to “La sal de la tierra”

  1. Qué bien explicas tus impresiones, María José. He visto el documental y me siento identificada con todo lo que dices, aunque no soy capaz de expresarlo de esa manera tan certera y poética. Me gustaría que hubiera mucha gente que se animara a verlo. Gracias por tu magnífico texto.

  2. Ya tenía ganas de ir a ver este documental, pero después de tus impresiones… no creo que pase de la semana que viene. Vi la exposición de fotos de Sebastiao Salgado, en Caixa Fórum, titulada “Génesis”. Una verdadera maravilla. Paraísos perdidos y encontrados por él, por su mirada, por su cámara en blanco y negro. Tengo inmenso catálogo de la exposición puesto en mi casa en un atril para seguir saboreando día a día… hasta el silencio sagrado que emana de esas fotos de naturaleza, animales, personas, grupos humanos que nos remiten al origen de la humanidad. Más que mirar… contemplar lo contemplado por el artista-fotógrafo. Gracias por tu artículo. Mari Paz

Discussion area - Dejar un comentario






He leído y acepto las condiciones generales y la política de privacidad


Información básica sobre protección de datos
Responsable: REVISTA REINADO SOCIAL 21RS (más info)
Finalidad: • Gestión de la adquisición del producto, suscripción o donativo, así como la tramitación de los mismos.
• Envío de comunicaciones relacionadas con el proceso de compra, las suscripciones o los donativos.
• Envío de comunicaciones y ofertas comerciales, por diferentes medios, incluidos los medios electrónicos (email, SMS, entre otros). (más info)
Legitimación: Ejecución de una compra online, suscripción o donativo. (más info)
Destinatarios: No se cederán datos a terceros, salvo obligación legal. (más info)
Derechos: Acceso, rectificación, supresión, cancelación, y oposición. En determinados casos derecho a la limitación del tratamiento de sus datos. (más info)
Información adicional: Puede consultar toda la información completa sobre protección de datos a través del siguiente enlace (más info)
Los enlaces de (más info)