Mamá y la religión

Cuando el dolor del prójimo se vuelve insoportable, se convierte en mi dolor y provoca el nacimiento de los gestos de amor.

Ivone Gebara

 

Hace poco más de diez días que se produjeron los atentados en la sede de la revista satírica Charlie Hebdo y en el supermercado judío Hyper Cacher de productos khoser, en París, acontecimientos que han logrado no solo difundirse por todo el mundo, sino provocar muchas y diversas reacciones. Desde entonces, han sido continuas las expresiones de desconcierto por lo ocurrido, de rechazo a la violencia, de solidaridad con las víctimas, aunque no han faltado voces que apoyan abiertamente a los terroristas y otras que, de alguna manera, y quizá inconscientemente, justifican lo sucedido.

Una de estas últimas parece ser la del papa Francisco, quien en un vuelo entre Sri Lanka y Filipinas hizo unas declaraciones, a propósito estos atentados, en las que afirmó, entre otras cosas, que matar en nombre de Dios es una aberración, que cada persona tiene la libertad y la obligación de decir lo que piensa para apoyar el bien común y que no se puede reaccionar con violencia, pero que “si el doctor Gasbarri[1], que es un gran amigo, dice una grosería contra mi mamá, le espera un puñetazo”. Y añadió: “No se puede provocar, no se puede insultar la fe de los demás… Hay mucha gente que habla mal, que se burla de la religión de los demás. Estas personas provocan y puede suceder lo que le sucedería al doctor Gasbarri si dijera algo contra mi mamá”. Palabras, en mi opinión, más que desafortunadas, por todo lo que sugieren.

En primer lugar, las declaraciones de Francisco dan a entender que las personas asesinadas en la sede de Charlie Hebdo se buscaron de alguna manera lo que les sucedió, o dicho de otra forma, que jugaron con fuego y se quemaron, que hicieron lo que no debían –no ser respetuosos con el Islam– y sufrieron las consecuencias. Recorriendo el camino inverso, es decir, desde los resultados hasta las causas, cabría pensar que las víctimas del supermercado khoser también provocaron a alguien, quizá simplemente siendo judías… Sin duda, una afirmación así resulta inaceptable y peligrosa, pero es la consecuencia lógica de dejar resquicios abiertos a la justificación de la violencia.

Por otro lado, aun suponiendo que la revista Charlie Hebdo mereciera una respuesta por sus irrespetuosas sátiras, las palabras del papa no solo apuntan más allá del ojo por ojo de la nada evangélica ley del Talión, sino que consideran “esperable” el recurso a la violencia física como reacción a determinadas ofensas. Según la lógica del Talión, bastaría responder a una falta de respeto con otra; en el caso concreto de las burlas proferidas por Charlie Hebdo contra el Islam, estas tendrían que haber sido “compensadas” con otras sátiras igualmente irrespetuosas con las convicciones de los responsables de la revista. Sin embargo, según la lógica aducida por Francisco, un puñetazo es lo que ha de esperar quien dice una grosería, si el objeto de esta es algo tan querido e importante como la madre de alguien, por lo que hay que deducir que, según el papa, también es esperable –y por tanto “normal”– una respuesta “dura” a las ofensas contra la religión. Por supuesto, un puñetazo no es lo mismo que el asesinato de varias personas, pero uno y otro son reacciones de violencia física que exceden la de la ofensa recibida. Dicha desproporción, que supongo que no es vista como tal por quienes se sienten afrentados, tiene mucho –o todo– de irracional, de instintivo, de emocional sin ningún tipo de filtro, lo que además no beneficia ni a la “mamá” de nadie ni a la religión, sea cual sea. Creo que ni las mujeres ni Dios ni sus profetas necesitan que sus “fieles” les venguen.

No sé en qué estaba pensando Francisco cuando hizo estas declaraciones, pero creo que, tristemente, cayó en la tentación de arrimar el ascua a su sardina, es decir, de aprovechar lo acontecido para denunciar las sátiras religiosas, lo que, supongo, considera beneficioso para el cristianismo y las/os cristianas/os. No es el único. Todos los días veo en los medios de comunicación diversos y continuos intentos de instrumentalizar los atentados de París para los más variados intereses, con el fin de instaurar políticas migratorias más restrictivas, de alentar la xenofobia, de atacar las religiones, de primar la seguridad –y, por tanto, el control– sobre la libertad, de ensalzar acríticamente valores que teóricamente configuran las sociedades occidentales, pero que en realidad están muy ausentes en el día a día…

Sin duda es necesario e inevitable reflexionar sobre estos y otros muchos acontecimientos violentos –los hay por millares– y sacar algunas conclusiones que contribuyan a evitarlos, sin olvidar que, en todo caso, la violencia –cualquier tipo de violencia– produce dolor, mucho dolor. Un dolor que no generará gestos capaces de establecer nuevas relaciones humanas mientras no lo sintamos como propio.

 

 

[1] Se trata del organizador de los viajes del papa.

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Mamá y la religión by María José Ferrer Echávarri is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

One Response to “Mamá y la religión”

  1. En efecto el papa se equivoco. Tuvo una reacción muy latina pues en nuestros países mentar a la madre era sacrilegio. Digo era porque en España la palabra hijo de puta se ha convertido en un latiguilo inocente. No selo que pasa en Argentina que es la realidad que conoce el papa. Lo bueno de esta historia, si es que tiene algo bueno, es que ya el Vaticano ha dado explicaciones: donde dije Diego, digo dije

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