Nuevas Penélopes (2)

Estado de paz verdadera no habrá hasta que surja una moral vigente y efectiva a la paz encaminada, hasta que aquellas energías absorbidas por las guerras se encaucen…, hasta que la violencia no sea cancelada de las costumbres, hasta que la paz no sea una vocación, una pasión, una fe que inspire e ilumine.

María Zambrano

(Viene de la entrada anterior)

Las responsables de la Casa Cultural Tejiendo Sororidades[1] han recibido amenazas de muerte[2]. No les han dicho que les van a destrozar el local o que van a dejarles sin “clientela” atemorizando a las mujeres y a las niñas y niños que acuden allí. No. Les han conminado a dejar de hacer lo que hacen, y si no, les matarán. ¿Por qué? ¿Cómo puede haber nadie interesado en eliminar, literalmente, a quienes gestionan este proyecto? ¿Quiénes son estas personas tan incómodas que algunos desean eliminar?

El equipo de Tejiendo Sororidades está formado por gente muy diversa. Hay religiosas, algunas teólogas, mujeres creyentes y no creyentes, trabajadoras, voluntarias… Lo que más les une y entreteje sus vidas es su profundo y radical compromiso con los derechos humanos y, por tanto, con el feminismo. Desde hace un tiempo, saben que pueden ser las protagonistas de un noticiario, que pueden ser tiroteadas en cualquier momento. Saben que arriesgan sus vidas al seguir adelante, pero siguen, porque no quieren que triunfe la lógica de la violencia que llevan intentando erradicar desde hace casi cuarenta años pacíficamente. Y con éxito. De no tenerlo, el proyecto no sería incómodo para nadie.

Es difícil medir las consecuencias del trabajo realizado en la Casa Cultural, pero sin duda las está teniendo, y muy positivas. El proyecto está logrando promover una contracultura a la cultura de la violencia en la que al menos dos generaciones de colombianas/os han nacido y crecido, dos generaciones que han vivido y convivido con la violencia como si fuera algo “natural”, tan natural que seguramente les resulta difícil imaginar un contexto sin ella. Todo esto condiciona inevitablemente no solo las relaciones interpersonales, pues deshace el tejido social, sino la trama de la identidad. Cambiar esto es difícil, pero por lo visto, no imposible. En cualquier caso, se trata de un proceso lento y transversal, es decir, que afecta a todos los ámbitos de la convivencia. Por eso, Tejiendo Sororidades diversifica tanto sus actividades, aunque todas ellas convergen hacia los mismos objetivos. Aparentemente, esas actividades tienen poca relevancia política, pero lo que sucede en la Casa Cultural está incidiendo en la realidad. Todo ese tejer sororidad está dando fruto, está transformando a las mujeres y a los niños y, por tanto, sus entornos. Poco a poco, sí, pero imparablemente.

Entonces, ¿a quiénes no interesa que vaya fraguándose una cultura de paz, que vaya recomponiéndose el tejido social? Evidentemente, a los que se benefician del miedo y de la violencia, porque obtienen dinero, control y poder. Es el caso de las bandas criminales emergentes –llamadas bacrim–, organizaciones mafiosas formadas por ex miembros de las ultraderechistas y terroristas Autodefensas Unidas de Colombia. A estos grupos armados no solo no les interesa, sino que les disgusta e inquieta la existencia de proyectos como Tejiendo Sororidades, porque saben que son el principio del fin de su forma de vida violenta, y no dudan en amenazar de muerte a quienes los hacen posibles.

La Casa Cultural ha denunciado oficialmente las amenazas recibidas, pero las autoridades todavía no han hecho nada para proteger a sus miembros. ¡Nada! ¿Por qué? ¿Inconsciencia, irresponsabilidad, costumbre, impotencia, intereses ocultos?… Quizá un poco de todo. De cualquier forma, que los responsables políticos no sepan o no puedan reaccionar ante situaciones como esta revela hasta qué punto se hallan inmersos en esa cultura de la violencia, que tanto se resiste a desaparecer, y visibiliza la indefensión en la que vive la mayor parte de la población, especialmente quienes se esfuerzan en crear una cultura de la paz en lo cotidiano.

Las amenazas aún no son hechos, pero pueden serlo en cualquier momento, y las Penélopes tejedoras de sororidad, empeñadas en terminar su labor, siguen entrelazando hilos, sin dar un paso atrás. Espero que su compromiso y su valor no les lleven a acabar diciendo, con Isaías[3], “como una tejedora devanaba yo mi vida y me cortan la trama”. Y no me resigno a no poder hacer nada para evitarlo…

 

 

[1] http://tejiendosororidades.com/home.html

[2] http://pazificonoticias.com/ver-noticia/2015-04-integrantes-del-grupo-cultural-tejiendo-sororidades-denuncian-amenazas-de-muerte/

[3] Cf. Is 38,12.

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Nuevas Penélopes (2) by María José Ferrer Echávarri is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

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