Sufragistas

 Y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque lo viejo ha pasado.

Apocalipsis 21,4

 

Ayer vi Sufragistas, y salí del cine con un nudo en la garganta. Dirigida por Sarah Gavron, con guión de Abi Morgan y protagonizada, entre otras, por Carey Mulligan, Helena Bonham Carter y Anne-Mari Duff, la película habla de las luchas de las mujeres inglesas por el derecho al voto femenino en la segunda década del siglo XX. El contexto del relato, por tanto, es histórico, como históricos son algunos personajes, pero el protagonismo de la historia recae en un personaje de ficción, Maud Watts, una humilde lavandera londinense de 24 años, casada y con un hijo, que conoce por casualidad el movimiento sufragista y acaba comprometiéndose en cuerpo y alma en la lucha por la igualdad.

Es una película impresionante, no solo por su factura cinematográfica, por su impecable ambientación y por las excelentes interpretaciones de sus actrices y actores, cualidades que están recibiendo muchas alabanzas de la crítica, sino también por el acierto con el que narra el proceso de concienciación feminista de su protagonista, Maud, tan parecido al de tantas mujeres de entonces y de ahora, de Inglaterra y de todo el mundo: la mezcla de curiosidad y recelo, al principio; la admiración hacia esas mujeres tan valientes y libres que se atreven a reclamar lo que nunca han tenido y, al mismo tiempo, la reticencia a ser identificada como una de ellas; el miedo a unirse al movimiento sufragista y la necesidad de hacerlo; el descubrimiento progresivo de lo que significa la igualdad entre hombres y mujeres y de las consecuencias que acarrea luchar para lograrla; el rechazo de los seres queridos, que no entienden nada, y la sororidad de las compañeras feministas; el terrible dolor y, a la vez, el sentimiento creciente de libertad y autoestima cuando se está siendo despojada de todo; el enorme e inevitable sufrimiento y la inquebrantable esperanza, la terrible soledad y la fuerte pertenencia a un grupo, el compromiso conviviendo con las incoherencias, el miedo con el valor, las dudas con la confianza; la lúcida conciencia de las dificultades y la responsabilidad de saberse un eslabón necesario para hacer posible, quizá solo para otras y no para una misma, el futuro deseado…

La película refleja muy bien, asimismo, el efecto multiplicador que tiene la confluencia de varios sesgos discriminatorios, en el caso de Maud Watts y otros personajes femeninos, el género y la clase, pues ser mujeres, obreras y, por tanto, con escasa formación, las hace más vulnerables al despojo, es decir, a que les sea negado o arrebatado todo: familia, trabajo, libertad, atención… No obstante, cualquier atisbo de victimismo en ellas desaparece a medida que adquieren conciencia de su dignidad como seres humanos. Por otro lado, no es una película complaciente. Cuenta la historia de forma descarnada y deja que sean las/os espectadoras/es quienes emitan un juicio sobre los actos del movimiento sufragista británico de la época… y sus consecuencias.

Viendo la película, me pareció estar formando parte de un homenaje agradecido a todas las mujeres que en el pasado lo dieron todo, en todos los ámbitos y de mil maneras distintas, para hacer posible no solo el voto femenino, sino un futuro en el que las mujeres sean consideradas seres humanos plenos y tratadas como iguales de los varones, con todo lo que eso significa. Un futuro ya presente en muchos aspectos, pero que pide más futuro, porque todavía no se ha hecho del todo realidad.

En un momento muy difícil y doloroso para Maud Watts, su amiga y compañera de trabajo Violette le dice una frase del Apocalipsis, aunque sin mencionar su origen bíblico: Y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque lo viejo ha pasado. Pensé qué sentirían aquellas sufragistas de hace un siglo si levantaran la cabeza y vieran todo lo que, gracias a ellas, ha sucedido desde entonces, todo lo que tantas otras –y algunos otros– han hecho después, ensanchando el camino que ellas iniciaron y llevándolo más lejos. Y deseé de todo corazón que la esperanzada certeza de que algún día lo viejo pasaría no solo las consolara, sino que las fortaleciera, como deseo que nos suceda a quienes seguimos los pasos de aquellas sufragistas.

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Sufragistas by María José Ferrer Echávarri is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

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