Bendita impaciencia

 

Quizá se tienen que apurar más las consecuencias de lo conseguido. Pero las personas que vemos más allá nos impacientamos. Yo, por lo menos, me declaro impaciente, muy impaciente. Aunque ya tengo la resignación de que no veré en vida ni la cuarta parte de los cambios que tiene que haber. Son para generaciones futuras.

Victoria Sau

 

Mi sobrina Nahia acaba de cumplir cuatro años y está en el primer curso de educación infantil. Le encanta el colegio. No hace nada que ponga en peligro su asistencia a clase. Quiero decir que, aunque le encanta andar con los pies desnudos todo el día, se calza sin rechistar cuando alguien le recuerda que, si se acatarra, se tendrá que quedar en casa. Está encantada con su profesora, que se llama María Pilar, con sus compañeras y compañeros de clase, con las actividades que hacen cada día… El fin de semana pasado, así, sin venir a cuento, dijo en voz alta:

―Echo de menos a María Pilar.

―Pues no te preocupes, que el lunes, cuando vayas al cole, la verás –le respondió mi hermana.

―¡Es que estoy impaciente por aprender!

Cuando mi madre, testigo de la escena, me lo contó, me reí a carcajadas. Me dijo además que, a veces, se acuerda de mí cuando mira a Nahia, y es que, de pequeña, yo también sentía impaciencia por aprender y agradecía mucho más un cuento y un estuche de pinturas que una muñeca… En realidad, la he sentido siempre, antes y ahora, porque aprendo mucho más lentamente que lo que demanda mi deseo.

Después de colgar el teléfono, me di cuenta de que la risa se había transformado en emoción. Sí, me emocionó pensar que hay niñas muy pequeñas que están impacientes por aprender… El DRAE dice que impaciente es quien no tiene paciencia o quien desea y espera con desasosiego, y define paciencia, entre otras cosas, como capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse, capacidad para hacer cosas pesadas o minuciosas, facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho y lentitud para hacer… lo que sea. No quiero quitar mérito a la paciencia, ni mucho menos a las personas pacientes, pues son capaces de perseverar en su empeño por difíciles que se les pongan las cosas, pero me atrae mucho que el deseo altere y genere cierto desasosiego, sobre todo si consigue apartar todo lo que ralentiza su consecución. Porque hay cosas que, aun siendo tareas a muy largo plazo, no pueden esperar. No deben esperar. La formación es una de ellas, pero no la única.

Cuando yo era niña sentía impaciencia por aprender, sí, y también por cumplir años y hacer lo que, por ser pequeña, me era inalcanzable. Los años han ido llegando y sigo impaciente y sigue habiendo muchas cosas inalcanzables para mí, aunque he aprendido a controlar un poco, para no gastar energías en vano, el desasosiego que me produce la espera de aquello que deseo ardientemente y sé con toda certeza que no lograré ver. Pero mi sobrina Nahia, quizá, sí…

En las Bienaventuranzas se declara felices a quienes tienen hambre y sed de justicia, porque las verán saciadas. El texto no habla de simple deseo, sino de hambre y sed, es decir, de necesidad vital e imperiosa que es preciso saciar para sobrevivir. El hambre y la sed corporal no invitan a la paciencia, sino a la búsqueda de comida y agua. El hambre y la sed de justicia también causan impaciencia e invitan a buscar y hacer lo que es justo.

Mañana se celebra el Día Internacional de las Mujeres y este año quiero mirar hacia atrás y ser consciente de que nuestro presente, con todas sus carencias e injusticias en lo que a las mujeres se refiere y con todos sus logros feministas, es el futuro de nuestras antepasadas y de que nosotras estamos recogiendo el fruto de lo que tantas y tantas mujeres sembraron y regaron, a veces con su propia sangre, y haciendo realidad sus sueños. Y quiero mirar también hacia delante con la certeza de que lo que con tanta fuerza deseamos hoy, y a menudo sentimos inalcanzable, será el presente de nuestras descendientes, gracias a nuestra impaciencia. A nuestra impaciencia feminista. A la de quienes ya peinamos canas y a la de tantas jóvenes y niñas que, también impacientes, serán capaces de encontrar caminos que hoy parecen intransitables y saciar su hambre y su sed de justicia y dignidad.

A todas las impacientes, feliz día.

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Bendita impaciencia by María José Ferrer Echávarri is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

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