Del infierno a la resurrección

Romper el silencio sobre la violencia sexual fue el principio de la esperanza.

Caddy Adzuba

 

El pasado lunes, día 12, estuvo en Oviedo Caddy Adzuba, la abogada y periodista congoleña que lleva más de quince años denunciando el uso de la violencia sexual contra las mujeres en su país, en conflicto desde hace dos décadas, como arma de guerra para conseguir objetivos militares. Vino invitada por la Agencia Asturiana de Cooperación al Desarrollo, para participar en un acto conmemorativo del 68º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El evento formaba parte, asimismo, de la campaña “No habrá paz sin las mujeres” –la tercera que se celebra en Asturias– dedicada a las mujeres de la República Democrática del Congo[1], que ha dado lugar a varias iniciativas, entre ellas la elaboración de un documental en el que participan varias mujeres activistas por los derechos humanos en la RDC[2] y del que se proyectó un emocionante tráiler[3].

Caddy es una mujer menuda, de mirada serena y voz tan suave como firme, a la que le gustaría vivir tranquila, sin correr riesgos, pero que asume que no es ese su destino, al menos todavía. Por eso, en los últimos años ha recorrido medio mundo siendo la voz de las mujeres congoleñas víctimas de la violencia sexual, de las que nadie hablaba. Pero esta vez traía un mensaje diferente. “No quiero hablar como una víctima. Quiero ser la voz de la esperanza, la voz de mujeres valientes que dicen basta y quieren ocupar el sitio que merecen. Se acabó el llorar. Hemos vencido el miedo. Ya no somos víctimas, sino supervivientes”, dijo al comienzo de su intervención, que no fue una conferencia, sino algo parecido a una declaración amistosa, íntima, confidencial, hecha delante de cientos de personas que la escuchaban con un silencio sobrecogedor.

Adzuba contó que tras padecer una violencia sexual tan inimaginable como espeluznante, las supervivientes se sorprenden de estar vivas, porque “el sufrimiento que hemos soportado supera el entendimiento”. Parecía imposible que pudieran resurgir, pero lo están haciendo. Ellas. Las mujeres congoleñas han descubierto que la salvación no les caerá del cielo y han decidido ponerse manos a la obra. Después de la inhumana destrucción sufrida en sus cuerpos, las víctimas de la violencia sexual tienen que reconstruirse física y anímicamente y volver a ocupar su sitio en la sociedad, el que la violencia sexual les arrebató junto con su dignidad. Para ello, es fundamental recomponer las familias diezmadas y disgregadas, reunir en torno a cada mujer a los supervivientes, tarea muy difícil porque hay cientos de miles de personas desplazadas después de dos décadas de guerra. Difícil, pero no imposible… De hecho, lo están consiguiendo. Están localizando a miles de niños y niñas en la RDC, en otros países africanos e, incluso, en Europa… Y cuando recuperan a sus hijos e hijas, la fuerza de las mujeres se renueva.

Habló también de los aciertos y errores de la cooperación internacional. “Amar no es dar dinero”, afirmó, “sino empatizar de corazón, escuchar y respetar las prioridades de quienes necesitan ayuda” y denunció que muchas subvenciones no llegan a su país acompañadas de amor, sino de intereses: “por eso, la financiación no acaba con la guerra”… Hay muchas multinacionales y países que alimentan los conflictos armados por el beneficio económico que les proporcionan. A pesar de todo, Caddy cree que estos poderes económicos no son “entes”, sino personas y, como tales, tienen un corazón capaz de conmoverse y confía en que es posible hacerlo si se les muestra el sufrimiento que su codicia genera.

Las mujeres congoleñas apostaron por la vida, la dignidad y la justicia cuando aceptaron su condición de víctimas, contaron lo que les pasaba y denunciaron la parte de responsabilidad que tiene cada cual en el conflicto de su país, en general, y en la violencia sexual, en particular. Saben que corren riesgos, pero han decidido vivir sin miedo y están ganando la apuesta. Caddy, que se confesó cristiana, dijo que lo están logrando por la gracia de Dios. Ella no lo hizo, pero yo quiero dar forma a esa gracia en las personas que prestan una ayuda respetuosa, verdaderamente solidaria y motivada por el amor y la justicia, pero sobre todo en las mujeres congoleñas, en la fuerza que les hace salir del infierno, resucitadas de sus tumbas, y proclamar: “Estoy viva y nadie me va a parar”.

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[1] La primera se dedicó a las mujeres de Colombia, y la segunda, a las de Palestina.

[2] http://nohabrapazsinlasmujeres.com/descargate-las-postales-y-posters/

[3]El tráiler se puede ver en:

 http://nohabrapazsinlasmujeres.com/2016/12/trailer-rd-congo/

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Licencia Creative Commons
Del infierno a la resurrección por María José Ferrer Echávarri se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.

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