Luz que ilumina

El amor no es consuelo. Es luz.

Simone Weil

 

Hoy, 2 de febrero, la iglesia católica ha celebrado la fiesta de la Presentación de Jesús en el templo y la de la Purificación de María. También se le llama fiesta de la Luz o de las Candelas. Parece un buen día para pensar en la luz.

La luz. Para quienes vemos, es difícil imaginar un mundo sin ella, aunque cerremos los ojos, porque sabemos cuál es su efecto cuando rompe –más bien, disipa– la oscuridad. La función de la luz es iluminar, sacar de las tinieblas, hacer visible lo que está oculto bajo las sombras. De alguna manera, es como la palabra, que rasga el silencio y nombra la realidad dándole forma, es decir, creándola. Por eso, suele decirse que lo que no se ve, aquello que no se nombra, no existe, aunque esté ahí…

Por eso, hoy quiero hablar algunas mujeres que han sido recientemente “iluminadas” y, por tanto, han salido de la noche en la que el silencio y el olvido las tenían sepultadas. Me refiero a las protagonistas de la película Figuras ocultas, film dirigido por Theodore Melfi y basado en un libro, del mismo título, escrito por Margot Lee Shetterly, que pone el foco sobre las matemáticas afroamericanas que, a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta del pasado siglo, trabajaron como computadoras humanas –entonces no había ordenadores– realizando complejas ecuaciones que hicieron posibles los primeros pasos de la carrera espacial estadounidense, concretamente sobre tres de estas matemáticas, Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mari Jackson, mujeres excepcionalmente brillantes.

Dorothy Vaughan (1910-2008), empezó a trabajar en la NASA[1] en 1943, que entonces se llama NACA[2], y se jubiló en 1971. Fue la primera afroamericana que logró ser jefa de personal en dicha administración, se especializó de manera autodidacta en computación y en el lenguaje de proramación FORTRAN y contribuyó a proyectos relacionados con pequeños satélites. Mary Jackson (1921-2005), en 1958, tras siete años como calculadora humana, logró ser la primera ingeniera negra de NASA, para lo que tuvo que luchar en los juzgados, pues el único centro en el que podía formarse era exclusivamente para blancos, y trabajó mucho para que la NASA contratara a mujeres y las promocionara. Khaterine Johnson (1918), que aún vive, entró en el equipo de computadoras humanas en 1953, pero acabó en la División de Investigación de Vuelo, donde calculó las trayectorias de los primeros estadounidenses enviados al espacio –Alan Shepard en 1961 y John Glenn en 1962–, trabajó en la misión Apolo 11, que permitió que el ser humano pisase la luna en 1969 y sus cálculos fueron claves para lograr que los tripulantes del Apolo 13, en 1970, consiguieran volver a la tierra, después de quedar inutilizado el ordenador de la nave. Es la más reconocida de las tres protagonistas de Figuras ocultas y ha recibido varios premios, entre ellos la Medalla Presidencial de la Libertad, en 2015.

Figuras ocultas se centra en un periodo breve y concreto de la vida de estas tres científicas, que a su condición de mujeres añadían la de afroamericanas, lo que en un estado segregacionista como Virginia, a finales de los cincuenta y principios de los sesenta, suponía un grave problema. Resulta muy interesante ver cómo, en el trabajo, se les discrimina más por ser negras que por ser mujeres, mientras que en su entorno familiar, donde todos comparten raza, la discriminación de género es más evidente… En cualquier caso, la película no esconde los obstáculos que estas mujeres tuvieron que enfrentar, pero pone el foco especialmente en la fuerza y el empeño con que persiguieron sus sueños, en la inteligencia y el ingenio con que superaron los obstáculos, y en la confianza que tenían en sí mismas y en las demás.

Salí del cine con una maravillosa sensación de alegría y, sobre todo, de esperanza. Dos palabras sonaban repetidamente en mi cabeza: “¡Es posible! ¡Es posible! ¡Es posible!”… Katherine, Dorothy y Mary lograron, pese a todo, que sus ideas y su trabajo incidieran en su entorno y en la Historia, con mayúsculas, aunque no recibieron el reconocimiento que merecían, o lo recibieron tarde, como ha sucedido y sucede con tantas mujeres. Por eso es tan importante y tan justa la labor de rescate de figuras ocultas que están realizando tantas investigadoras. Y lo digo en femenino porque la inmensa mayoría son mujeres… y feministas.

Hoy, fiesta de la Luz, esta es mi pequeña contribución a esa tarea iluminadora.

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[1] National Aeronautics and Space Administration (Administración Nacional Aeronáutica y Espacial). La sede estaba en Langley (Virginia).

[2] National Advisory Committee for Aeronautics (Comité Asesor Nacional de Aeronáutica).

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Luz que ilumina by María José Ferrer Echávarri is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

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