El diccionario de María

No existe ninguna idea, proyecto o planteamiento que no tenga su origen en la palabra.

Antonella Broglia

Hoy, 1 de marzo, la Biblioteca Nacional va a conmemorar que el Diccionario de uso del español, de María Moliner, cumple 50 años[1]. La obra apareció con ese título, y aún lo tiene, pero todo el mundo lo llama “el María Moliner”, como si diccionario y autora fueran algo indisoluble. Y en cierto modo lo son. No en vano, María Moliner dedicó más de quince años a la elaboración del diccionario de español más completo y útil que existe; un diccionario de definiciones, sinónimos, expresiones y frases hechas, y familias de palabras, cuyo objetivo era airear, en palabras suyas, “el tesoro devotamente guardado en el arca oliente a siglos del Diccionario de la Academia” y que el lector comprendiera los conceptos y aprendiera a usarlos para comunicarse por escrito y verbalmente. Y lo hizo sola, en su casa y a mano, en el en el escaso tiempo libre que le dejaban su trabajo como bibliotecaria y las tareas domésticas.

María Moliner nació en Paniza (Zaragoza) el 30 de marzo de 1900. Era hija del médico rural Enrique Moliner y de Matilde Ruiz y tenía dos hermanos, Matilde y Enrique. Siendo ella pequeña, la familia se trasladó a Madrid, donde María estudió con sus hermanos en la Institución Libre de Enseñanza. Pero en 1914, su padre les abandonó y, poco después, Matilde Ruiz decidió volver a Aragón. Aunque lo empezó en Madrid, María acabó el bachillerato en Instituto General y Técnico de Zaragoza, en 1918, y tres años después se licenció en Filosofía y Letras, en la sección de Historia, la única existente entonces en la universidad zaragozana, con sobresaliente y Premio Extraordinario. Entretanto, se formó y trabajó como filóloga y lexicógrafa en el Estudio de Filología de Aragón. En 1922 ingresó por oposición en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. La destinaron al Archivo General de Simancas, pero poco después pasó al Archivo de la Delegación de Hacienda de Murcia, donde se casó con el físico Fernando Ramón Ferrando y nacieron sus dos primeros hijos, Enrique y Fernando, y, más tarde, al de la Delegación de Hacienda en Valencia, donde nacieron los otros dos, Carmen y Pedro. En 1946, se trasladó a Madrid y fue la directora de la Biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid, hasta que se jubiló en 1970.

Durante la II República, colaboró intensamente en las Misiones Pedagógicas, ocupándose de la organización de las bibliotecas rurales y participando en la política bibliotecaria nacional. Su Proyecto de Plan de Bibliotecas del Estado (1939) es, quizás, el mejor plan bibliotecario habido en España. Pero acabada la Guerra Civil, el matrimonio fue depurado. Él, tras perder la cátedra que ocupaba, fue trasladado a Murcia; ella, muy degradada en el escalafón del Cuerpo, se quedó en Valencia. En 1946, Fernando Ramón fue rehabilitado y ocupó la cátedra de Física de la Universidad salmantina, y María se trasladó con sus cuatro hijos a Madrid.

A comienzos de los años 50, inspirada por un diccionario de inglés corriente, se propuso confeccionar, en poco tiempo, un pequeño diccionario, que finalmente, tras más de quince años de trabajo, se convirtió en el Diccionario de uso del español. Los hijos de María solían decir que eran cinco hermanos: tres varones, una mujer… y el diccionario. El que este año cumple medio siglo.

En 1972, fue propuesta para ingresar en la Real Academia Española, pero la institución la rechazó. Pesó en su contra que no era filóloga de formación, ni de profesión, y, por supuesto, que era mujer, pues habría sido la primera en ingresar en la RAE. Además, el Diccionario de uso del español cuestionaba, a menudo, el diccionario de la Academia… Afortunadamente, recibió otros reconocimientos.

María Moliner se jubiló en 1970, tres años antes de que se le manifestaran los primeros síntomas de una arteriosclerosis cerebral. Se quedó viuda, ya enferma, en 1974 y murió el 22 de enero de 1981, perdida la lucidez e incapaz de reconocer las palabras y utilizarlas. Ella, que fue una verdadera filóloga, en el sentido etimológico del término, una apasionada amante de las palabras. Por esa innegable condición de filóloga, me gusta pensar en ella como “mi María”. Además, como yo, era aragonesa y bibliotecaria…

Hay en mi barrio, en Zaragoza, una calle dedicada a ella, en cuya acera izquierda, medio escondido, está el “Callejón del Diccionario”. No hace falta explicar más, porque todo el mundo sabe qué diccionario es: el María Moliner, el diccionario de María. Erudición y cultura al alcance de todos.

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[1] La primera edición de la obra fue publicada por la editorial Gredos en dos tomos, el primero en 1966 y en segundo en 1967, y conoció veinte reimpresiones.

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El diccionario de María by María José Ferrer Echávarri is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

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