Nadie te va a creer

El fracaso es imposible

(Susan B. Anthony)

 

Oí la noticia en la radio hace pocos días, mientras desayunaba. Más tarde, quise recuperarla en la web de la cadena, pero no supe. Tampoco me resultó fácil encontrar la versión escrita en Internet. Al final, di con un titular fechado a finales de abril: “La UE sospecha que España vulnera el interés superior del menor en la investigación de abusos sexuales”[1]. A lo mejor lo sabe todo el mundo, pero tengo la impresión de que no, entre otras cosas, porque pocos medios de comunicación se han hecho eco de la noticia, y los que lo han hecho, apenas han profundizado en el tema. Por lo visto, se considera mucho más interesante informar de que no hubo víctimas mortales en un aparatoso accidente de tráfico en una autopista de China o dedicar programas interminables a dar vueltas a una noticia, repitiendo una y otra vez las mismas imágenes y/o reflexiones.

El hecho es que, en noviembre de 2015, varias asociaciones y colectivos ciudadanos que trabajan contra los abusos sexuales a menores y contra la violencia machista interpusieron una queja ante la Unión Europea en la que denunciaban la supuesta vulneración de derechos en los procedimientos de abusos sexuales a menores en el ámbito familiar. La Comisión Europea, que en mayo de 2016 admitió la queja a trámite, ha respondido que es posible que la práctica judicial española, de forma sistemática, no garantice los derechos de dichas víctimas y, por tanto, los vulnere. ¿Cómo? De manera general, aplicando mal el “interés superior del niño como una consideración primordial”, y más concretamente, no prestando credibilidad a la declaración del menor, no atendiéndole psicológicamente si no prestan su consentimiento los dos progenitores y aplicando de forma generalizada el llamado Síndrome de Alienación Parental (SAP) cuando la madre denuncia –el menor no puede hacerlo– que el padre ha abusado de su hijo o de su hija. Todo ello supuestamente, claro, porque la presunción de inocencia también alcanza a los tribunales y a los equipos psicosociales de los juzgados…

Ahora bien, supuestamente o no, hay hechos que se repiten una y otra vez en muchos procesos judiciales relacionados con abusos sexuales a menores en el ámbito familiar y que son perniciosos para las víctimas. Uno de los más llamativos y dañinos es que los juzgados deciden las medidas paternofiliales basándose en los informes de los equipos psicosociales, cuyos miembros no suelen tener formación específica y, además, no dan valor al testimonio de los menores –tal testimonio es, a menudo, la única prueba del delito, ya que se comete en casa y sin testigos–, por lo que estos se ven obligados a cumplir amplios regímenes de visitas precisamente con quienes –supuestamente, claro– han abusado de ellos. Otro, muy perjudicial también, es que si el padre denunciado por abusos no da su consentimiento, la víctima no recibe atención psicológica, con lo que no solo se le niega la terapia, sino que se le cierra uno de los pocos espacios en que puede hablar abiertamente de la violencia sexual sufrida. Por otro lado, los juzgados rechazan, sin motivación, muchas pruebas presentadas por las denunciantes, es decir, por las madres de los menores, a las que, asimismo, apelando al SAP, se les culpa de manipular a sus hijos con el fin de que hagan denuncias falsas contra su padre[2]… El asunto es tan grave que la Comisión Europea va a investigar en profundidad, por si fuera necesario iniciar un procedimiento oficial de infracción.

Me parece muy bien, pero no puedo evitar preguntarme por qué los tribunales españoles vulneran los derechos de estos menores cuando tendrían que ser sus garantes… Y sospecho que la respuesta tiene que ver con que el sistema judicial, al igual que la sociedad a la que sirve, es patriarcal, profundamente patriarcal. Por eso, desconfía de las mujeres y, por tanto, de quienes están a su cargo o bajo su influencia, en este caso los hijos y las hijas menores. En el momento en que una mujer denuncia que su hijo o hija está sufriendo abusos sexuales por parte de su padre[3], la sospecha de que la acusación sea falsa pesa más que cualquier otra consideración, lo que produce indefensión y contribuye a perpetuar los abusos, entre otras cosas, porque confirma lo que los abusadores dicen a sus víctimas para enmudecerlas: “Si lo cuentas, nadie te va a creer”. Hay que convertir en mentira esas palabras. Quizá no sea fácil, pero no es imposible.

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[1] http://www.eldiario.es/sociedad/Europa-Espana-superior-investigacion-sexuales_0_636937324.html

[2] Y esto sucede, aunque las principales organizaciones científicas no reconocen la existencia del Síndrome de Alienación Parental, y el Consejo General del Poder Judicial lo califica de teoría pseudo-científica.

[3] Cada día se denuncian en España diez agresiones sexuales a menores, pero se producen muchas más.

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Nadie te va a creer por María José Ferrer Echávarri se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.

One Response to “Nadie te va a creer”

  1. Una verdad como la copa de un pino.
    Los juzgados de familia, sobrepasados por el exceso de trabajo se fían por completo y siguen a pies juntillas los dictámenes de los equipos psicosociales que como están desbordados también, tiran por la calle de en medio y siguen el camino más fácil y más corto.
    Otra cosa les llevaría a hacer un seguimiento en forma y no les apetece.
    Los menores no cuentan y más de una madre y no digo ya nada cuando son los abuelos porque la madre no puede siquiera plantearse nada, se sienten en la dolorosa impotencia de ver como sus pequeños no pueden salir de las garras del otro progenitor que abusa de ellos.
    Sería bueno que la cuestión saltara a la calle, pero al parecer sólo le importa a los que lo sufren en primera persona

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