9 de marzo

 

… puedo bajar a los pozos de la muerte y del gemido y puedo subir; entro en el laberinto y salgo. Y siempre de estos lugares de encierro saco a alguien que gime y me lo llevo conmigo. Y lo pongo arriba en medio de las gentes, a que cuente su historia en voz alta. Porque los que claman han de ser oídos.

María Zambrano

Es difícil encontrar un calificativo que haga justicia a lo que sucedió ayer en nuestro país. Los medios de comunicación, hoy, intentan dar testimonio de la inesperada y desbordante respuesta a la convocatoria del movimiento feminista –a través de numerosas asociaciones y plataformas– para el Día Internacional de las Mujeres. Digo inesperada, porque hace mucho que celebra este día en todo el mundo y nunca, hasta este año, las mujeres se habían movilizado de tal forma en España. Y digo desbordante, porque, sean cuales sean las verdaderas cifras de las personas que ayer salieron a la calle en las numerosas concentraciones y manifestaciones que se llevaron a cabo en todo el país, las imágenes que hoy difunden los medios de comunicación y la experiencia de quienes participamos en ellas revelan que lo de ayer fue… maravilloso.

Yo acudí a la concentración convocada en Oviedo a las doce del mediodía delante del Ayuntamiento. Casi un cuarto de hora antes, la plaza estaba ya llena de gente, la mayoría mujeres. Las calles aledañas se llenaron también enseguida. En principio, iba a ser una concentración de media hora, ya que la manifestación estaba programada por la tarde en Gijón. A las doce y media, empezamos a abandonar la plaza por las diferentes calles que nacen de ella, pero volvimos a confluir. La concentración se transformó en manifestación, en una manifestación inmensa –de las que no suelen verse en Oviedo– que paralizó el centro de la ciudad y que terminó frente a la Delegación del Gobierno, en la plaza de España. A las dos, me fui a casa, pero la plaza seguía llena de gente.

Por lo que vi en las noticias, todas las movilizaciones de ayer tuvieron características semejantes. Participaron en ellas muchas, muchísimas mujeres y muy diversas. Las había de todas las edades, de todas las profesiones y clases sociales, solteras, casadas, divorciadas, con distintas opciones sexuales, votantes de diferentes partidos, jubiladas, paradas y en activo, con trabajos estables y precarios, con distinta concienciación feminista, cultas y con poca formación, ateas, agnósticas y creyentes de distintas religiones… Todas teníamos motivos para movilizarnos de una u otra forma. Todas teníamos argumentos con los que justificar nuestra presencia en los actos convocados, o nuestra ausencia en nuestros lugares de trabajo, porque todas tenemos experiencias de marginación, de exclusión, de desigualdad, de explotación, de invisibilidad, de silenciamiento, de violencia… por ser mujeres. También había hombres con ganas de hacer las cosas bien, en las movilizaciones, en sus casas y en las empresas, hombres que han empezado a entender que las mujeres somos tan humanas como ellos.

Y ausencias. Hubo muchas ausencias, quizá tantas como presencias, porque un grandísimo número de mujeres, imposible de cuantificar, no pudo movilizarse de ningún modo, ni participar en ningún acto, aun deseándolo: mujeres que cubrían los servicios mínimos establecidos, mujeres mayores, con problemas de movilidad, presas, mujeres dependientes, enfermas, mujeres que no pueden arriesgarse a perder el trabajo o permitirse el descuento en el sueldo que supone una huelga, mujeres que no pueden dejar solas a las personas que cuidan, porque no hay nadie más que lo haga, mujeres maltratadas, mujeres con miedo, mujeres víctimas de tráfico sexual… Si todas las que querían hubieran podido movilizarse, la marea violeta habría sido mucho, mucho mayor.

El día de ayer reveló que en nuestro país había millones de mujeres que clamábamos por ser vistas y oídas, por ser tenidas en cuenta, y que el feminismo ha sido capaz de ponernos en medio de las gentes para que se nos vea y se nos oiga. Ayer las mujeres supimos que no estamos solas, que somos muchas y que tenemos mucha fuerza. Ayer hicimos algo muy grande. Se dice, y ojalá sea verdad, que habrá un antes y un después del 8 de marzo de este año. Hoy empieza el después.

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9 de marzo by María José Ferrer Echávarri is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

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