Sobre este blog

“Forcé mi pensamiento a ir más allá de mí misma, pero también me expuse yo a mí misma, en carne viva y en búsqueda” (Joan Chittister)

Encontré estas palabras en un libro de la benedictina norteamericana Joan Chittister, Ser mujer en la Iglesia. Memorias espirituales, Santander: Sal Terrae, 2006, y me impresionaron profundamente, entre otras cosas, porque expresaban con claridad que la búsqueda, cualquier búsqueda, sobre todo la espiritual, implica exposición no sólo ante los demás, si es una búsqueda compartida, sino también ante nosotros mismos, es decir, que involucra íntegramente a quien busca: “en carne viva”.

En la mayoría de las acepciones que María Moliner atribuye a la expresión “en carne viva”, en su Diccionario de uso del español, se hace referencia a lo despojado de piel, a la sensibilidad extrema y al sufrimiento reciente o no superado, es decir, a la herida abierta. Sin embargo, el mismo diccionario describe la “carne viva” como la carne sana con la que se va cerrando una herida. El sentido del título de este blog está más cerca de esta última definición que de las primeras.

Es más, lo que me gustaría de verdad es sugerir otra acepción y que “en carne viva” sirviera para expresar que la carne mortal es, en realidad, carne ya vivificada. Me gustaría contribuir con mis palabras a que carne y vida, carne y alma, carne y espíritu ni se vean ni se vivan como conceptos antitéticos y excluyentes. Me gustaría que la “carne” de este blog suene más a esperanza que a herida y, sobre todo, remita a una cotidianidad en la que sin duda se sufre y se muere, pero donde es posible percibir en la piel la caricia de la resurrección.

No aspiro más que a teclear en voz alta mis reflexiones sobre aquello que me llama la atención o despierta mi interés. Procuraré partir de textos breves de otras personas, por gratitud hacia quienes espabilan con sus palabras mi pensamiento y, por tanto, mis acciones. E intentaré, sobre todo, hundir los pies en la vida.