Peligrosos e indecentes. Las jaulas de Donald Trump

Pepe Laguna. Una valla sirve para separar dos espacios, una jaula añade el matiz de peligrosidad a esa separación. Cuando era niño me encantaba ir al circo con mi familia y disfrutar de los payasos y los magos que no dudaban en saltarse la separación entre la pista y el público buscando siempre una víctima cómplice para sus bromas y trucos. La cosa cambiaba cuando en la pista se montaba una enorme jaula y hacían su aparición los leones y los tigres, entonces mi corazón infantil comenzaba a latir con fuerza ante el temor de que aquellos feroces animales lograran escapar entre los barrotes y nos devoraran a todos.

Donald Trump sabe que la frontera que quiere construir entre Estados Unidos y México no es una valla sino una jaula. No pretende marcar el límite entre dos espacios sino proteger a los estadounidenses de la amenaza de inmigrantes “peligrosos”, por eso se dedica a alimentar el discurso del miedo y la inseguridad: los “leones” están al acecho y su naturaleza salvaje siempre busca presas a las que devorar.

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Morir en manos de Dios

Alícia Guidonet. La colección “Estudios” del Centre d’Estudis Cristianisme i Justícia (CJ) edita el libro Morir en manos de Dios. La muerte en las diferentes creencias y tradiciones religiosas. Este trabajo es el resultado de las ponencias que se llevaron a cabo en el seminario y posterior jornada que el curso pasado organizó la Fundación Migra Studium con CJ. En las sesiones participaron representantes de diversas creencias y tradiciones religiosas comprometidos en el ámbito del diálogo intercultural e interreligioso. Exponemos a continuación algunos de los puntos desarrollados en el trabajo que hemos realizado.

De la muerte al morir

Abordar el tema de la muerte en una sociedad que la evita, acaba siendo una propuesta, cuando menos, arriesgada. Y ello, por varios motivos. Interrogarnos sobre alguno de los temas que, como seres humanos, nos hacemos en algún momento de nuestra existencia, no genera, en principio, dificultad alguna. Abrir el interrogante y sostenerlo, esto es, detenernos en él y profundizarlo, empieza a ser tarea difícil. Vivimos en un contexto que favorece el paso por la superficie de las cosas, de tal modo que, si tuviésemos que ponerle algún signo de puntuación a nuestra forma de vivir, probablemente escogeríamos la exclamación. Admirados y -frugalmente- contentos, pasamos por las cosas, las relaciones, las situaciones… evitando todo aquello que nos pueda recordar nuestra manifiesta vulnerabilidad.

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La patología de la parálisis social

Fernando Vidal. ¿Somos una sociedad paralizada? La impotencia de mucha gente ante el cambio social parece dejarnos presos de la inacción, desconfiados de las alternativas, sin comunidad con la que comprometernos en construir otras opciones. Padres que no saben qué hacer con las pantallas de sus hijos, gente que no encuentra alternativa al consumismo, parejas que no se entregan uno al otro por si acaso aparece otro al que entregarse. Estamos paralizados ante falsos dilemas.

Los psicólogos Neal Miller y John Dollard realizaron antes de la II Guerra Mundial un experimento que se hizo célebre. En su laboratorio dieron a unas ratas la opción de acceder a una comida que suponía también una descarga eléctrica. La clave era que las ratas se encontraban que el premio de la comida y la carga de castigo estaban equilibrados y dudaban si compensaba. A veces era poca comida y poco castigo, mientras que otras veces era una comida muy buena y un castigo mayor. La conclusión era que la mayoría de las veces la contradicción llevaba a que las ratas se colapsaran y cayeran en la inacción, la impotencia de elegir.

Nuestra sociedad está llevándonos al Síndrome de las Ratas de Miller y Dollard.

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Jesús no fue fascista

Víctor Codina. Ya sabemos que es un anacronismo juzgar el pasado con criterios del presente. Históricamente el fascismo nace como un movimiento político-social italiano, después de la primera guerra mundial.

Etimológicamente el fascismo tiene relación con los fasces romanos, insignia del cónsul romano que se componía de un conjunto de 30 varas de madera fina, atadas con una cinta de cuero rojo que formaban como un cilindro que sujetaba una segur o hacha.

Sin duda, Jesús vivió en Palestina bajo el poder de los fasces del Imperio romano.

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Mi experiencia como voluntaria del SJM en el CIE de Valencia

Mª Dolores Simarro. Empecé a visitar el CIE casi sin darme cuenta: un amigo te da a conocer un proyecto y, como llevas los ojos abiertos y el corazón dispuesto, te vas involucrando poco a poco.

Doy gracias a este amigo que me contagió su entusiasmo. Ahora está en primera fila, en Marruecos, con las personas que esperan su oportunidad de entrar en España.

De los tres verbos imprescindibles para el voluntariado –mirar, escuchar, ayudar–, creo que el principal para nosotros es escuchar, tanto para acompañar a las personas internas como para transmitir su voz afuera.

El papel de denunciar vendrá después, si llega el caso.

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El Salvador: tierra de mártires, jardín de rosas

Alícia Guidonet. Gracias a una buena amiga salvadoreña, este verano he tenido la oportunidad de visitar El Salvador y de asistir al III Congreso Continental de Teología, “Los clamores de los pobres y de la tierra nos interpelan”. Me gustaría compartir algunas reflexiones y vivencias que he ido elaborando desde mi regreso.

El congreso pretendía hacer memoria de la Conferencia de Medellín, celebrar sus cincuenta años, y pensar conjuntamente el presente y futuro de la teología latinoamericana. Cuatro intensísimas jornadas abrieron la puerta a la reflexión teológica, sin dejar de lado los espacios para la oración, la canción, el teatro y la peregrinación a los lugares de los mártires. Casi una treintena de países participantes, la mayoría latinoamericanos, y más de 600 personas se reunieron en el Auditorio de la Universidad Centroamericana de El Salvador.

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Ni olvido… ¿ni perdón?

Xavier Casanovas. Estos días, en Cataluña, son de una tensión emocional muy fuerte. Hace un año de unos hechos, los del 1 de octubre, que han marcado un antes y un después para mucha gente. Más allá de las valoraciones políticas o jurídicas, de su legitimidad o conveniencia, de las consecuencias que ello ha tenido, hay una dimensión personal que tiene un peso muy grande y en la que vale la pena de profundizar.

Las heridas que generó aquella jornada son muchas: primero las heridas físicas, algunas de ellas irreversibles; después, las heridas emocionales. Y de aquellos hechos a esta parte, elementos como la prisión de líderes independentistas, el estancamiento político, la imposibilidad de un horizonte de soluciones claras, el aumento de la polarización, etc. hacen que el resentimiento crezca, las heridas no quieran cerrar y la frustración, el dolor o la impotencia se mezclen en un todo difícil de digerir. Quizás por esta razón la proclama que se oye entre manifestantes estos días es esta: “Ni olvido, ni perdón”.

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Pederastia: no es suficiente con pedir perdón

Jaume Flaquer. Sabiendo que muchos crímenes contra la humanidad, invasiones y genocidios en la historia no han producido ni un solo lamento en sus actores, es de entrada loable que la Iglesia sea capaz de pedir perdón por el gravísimo mal que ha causado a miles de niños a través de quien más debieran haberlos protegido.

Pero una petición de perdón solo es sincera si 1) el individuo o la institución se reconoce en tal fracaso y colapso que le hace afirmar: “soy culpable y no sé cómo remediarlo” (como un violador que dijese: “mejor que me encierren y no me dejen salir porque la ansiedad es más fuerte que yo”), o si 2) el individuo o la institución deciden poner todo su empeño en poner los medios para que no vuelva a ocurrir. No es suficiente con decir “cuando recibamos alguna denuncia actuaremos según los nuevos protocolos”.

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Los “estupendos”

Darío Mollá. Últimamente me voy encontrando en el caminar diario con muchos “estupendos”. Sí: aquellos que van de “estupendos” por la vida. Por la vía civil y por la vía eclesiástica. Seguramente no son mala gente, pero ir de “estupendos” les hace daño a ellos (más del que se piensan) y les hace insoportables para los demás.

Los “estupendos” van con la sonrisa en la boca y les encanta escuchar aquello de “¡qué majo eres!”… Para ello, dicen siempre lo que el auditorio quiere oír, y no hay que negar su olfato para captarlo. Incluso se permiten excesos en ello: alguna crítica, algún taco: concesiones de “majez”. Pero no conviene fiarse: puedes estar seguro, casi al cien por cien, de que aunque a ti te baile el agua, por detrás no moverá un dedo a tu favor.

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Salvini en el pretorio: ¿Barrabás o los emigrantes del Aquarius?

Pablo Font OportoUno de los pasajes del Evangelio más escalofriantes es aquel en que Poncio Pilatos, gobernador de Judea, intenta desesperadamente una jugada que compatibilice sus intereses y ambiciones personales con sus escrúpulos de conciencia: no encontrando modo de condenar en Derecho y justicia a Jesús, no pudiendo no condenarlo sin perjuicio para su carrera política, intenta externalizar la decisión: que sea el pueblo quien elija.

“El gobernador tomó la palabra:
—¿A quién de los dos queréis que os suelte?
Contestaron:
—A Barrabás.
Respondió Pilato:
—¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?

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