Ni olvido… ¿ni perdón?

Xavier Casanovas. Estos días, en Cataluña, son de una tensión emocional muy fuerte. Hace un año de unos hechos, los del 1 de octubre, que han marcado un antes y un después para mucha gente. Más allá de las valoraciones políticas o jurídicas, de su legitimidad o conveniencia, de las consecuencias que ello ha tenido, hay una dimensión personal que tiene un peso muy grande y en la que vale la pena de profundizar.

Las heridas que generó aquella jornada son muchas: primero las heridas físicas, algunas de ellas irreversibles; después, las heridas emocionales. Y de aquellos hechos a esta parte, elementos como la prisión de líderes independentistas, el estancamiento político, la imposibilidad de un horizonte de soluciones claras, el aumento de la polarización, etc. hacen que el resentimiento crezca, las heridas no quieran cerrar y la frustración, el dolor o la impotencia se mezclen en un todo difícil de digerir. Quizás por esta razón la proclama que se oye entre manifestantes estos días es esta: “Ni olvido, ni perdón”.

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Pederastia: no es suficiente con pedir perdón

Jaume Flaquer. Sabiendo que muchos crímenes contra la humanidad, invasiones y genocidios en la historia no han producido ni un solo lamento en sus actores, es de entrada loable que la Iglesia sea capaz de pedir perdón por el gravísimo mal que ha causado a miles de niños a través de quien más debieran haberlos protegido.

Pero una petición de perdón solo es sincera si 1) el individuo o la institución se reconoce en tal fracaso y colapso que le hace afirmar: “soy culpable y no sé cómo remediarlo” (como un violador que dijese: “mejor que me encierren y no me dejen salir porque la ansiedad es más fuerte que yo”), o si 2) el individuo o la institución deciden poner todo su empeño en poner los medios para que no vuelva a ocurrir. No es suficiente con decir “cuando recibamos alguna denuncia actuaremos según los nuevos protocolos”.

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Los “estupendos”

Darío Mollá. Últimamente me voy encontrando en el caminar diario con muchos “estupendos”. Sí: aquellos que van de “estupendos” por la vida. Por la vía civil y por la vía eclesiástica. Seguramente no son mala gente, pero ir de “estupendos” les hace daño a ellos (más del que se piensan) y les hace insoportables para los demás.

Los “estupendos” van con la sonrisa en la boca y les encanta escuchar aquello de “¡qué majo eres!”… Para ello, dicen siempre lo que el auditorio quiere oír, y no hay que negar su olfato para captarlo. Incluso se permiten excesos en ello: alguna crítica, algún taco: concesiones de “majez”. Pero no conviene fiarse: puedes estar seguro, casi al cien por cien, de que aunque a ti te baile el agua, por detrás no moverá un dedo a tu favor.

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Salvini en el pretorio: ¿Barrabás o los emigrantes del Aquarius?

Pablo Font OportoUno de los pasajes del Evangelio más escalofriantes es aquel en que Poncio Pilatos, gobernador de Judea, intenta desesperadamente una jugada que compatibilice sus intereses y ambiciones personales con sus escrúpulos de conciencia: no encontrando modo de condenar en Derecho y justicia a Jesús, no pudiendo no condenarlo sin perjuicio para su carrera política, intenta externalizar la decisión: que sea el pueblo quien elija.

“El gobernador tomó la palabra:
—¿A quién de los dos queréis que os suelte?
Contestaron:
—A Barrabás.
Respondió Pilato:
—¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?

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Es agresión sexual y no abuso: ¡nosotros sí te creemos!

Neus Forcano¿Qué decimos los creyentes, las iglesias, las comunidades de fe, de la polémica que ha estallado sobre la agresión sexual múltiple perpetrada por cinco chicos en las fiestas de Sanfermín-2016 y que la Audiencia de Navarra ha sentenciado ahora como “abuso sexual”?

Me viene otra vez a la mente la pregunta que me hacen a menudo desde medios de comunicación: ¿Es compatible el feminismo con la religión? Si se sostiene que las religiones son, por definición, sistemas de pensamiento jerárquicos y patriarcales que manifiestan una imagen de Dios Supremo, masculino y superior, y que los seres vivos, las personas, los animales, las plantas, le estamos subordinados, la respuesta rápida es: NO, el feminismo no es compatible con esta comprensión del mundo y de Dios.

Ahora bien, el cristianismo postula, precisamente, un Dios-Amor cercano, que considera al hombre y a la mujer iguales en dignidad y con la misma capacidad de amar y de actuar en libertad.

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Dios es Amor

Alícia GuidonetEl camino de la Cuaresma nos propone reducir todos aquellos aspectos superfluos, que están de más en nuestra vida. Se trata de aminorar ritmos, ocasiones, espacios, palabras…, para así incrementar la capacidad para vivir desde la profundidad. El objetivo es ir a lo esencial. La finalidad es alcanzar nuestra verdad más simple. Aquello que nos permite reconocernos en Dios. Eliminar esas capas que, al sumarse, acaban por llenarnos de cosas, relaciones, propósitos y actitudes que no nos dejan transparentar la gloria de Dios. Que no le dejan ser Señor de nuestras vidas.

Estamos convocados a convertirnos. Es decir, a advertir qué es aquello que, aquí y ahora, nos ocupa sin ser Dios, sin ser de Dios. La propuesta es disponernos a dejarlo, a no pactar más con ello. O, en último caso, a desear que esa maraña finalmente se deshaga.

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Mujer, creadora de sentido, identidad e historia en la cultura y la religión

Karen Castillo MayagoitiaLa mujer, en la historia de la humanidad, no sólo ha representado la mitad de la misma o “mitad de otro”, sino que ha sido una totalidad; totalidad expresada en la integralidad y perfección de su cuerpo, totalidad vivida que ha ayudado y ha sido parte importante de  la conformación tanto de la cultura como de la religión. En la cultura ha aportado desde su capacidad creativa, dando vida a una gran cantidad de expresiones con la habilidad de sus manos, a través de la expresión colorida de su conexión con la naturaleza, desde el movimiento rítmico del cuerpo hecho danza y expresión de alegría. En las religiones lo ha hecho desde su capacidad de comunicar y conectarse con lo sagrado, de hacer de su vida ritual y armonía, de ser altar y transmitir las más bellas oraciones, los cantos de alabanza y agradecimiento, una tradición que ha sido compartida y la sabiduría de la que también forma parte. Por ello, la mujer, desde su totalidad, ha sido creadora de sentido, de identidad y de historia.

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El hijo de Saúl: adquirir la vida salvando a un muerto

Jaume Flaquer¿Cómo lograr la redención después de cometer unas atrocidades para las que aparentemente no hay perdón posible ni sería justo recibirlo? Este es el tema de la película El Hijo de Saúl que László Nemes nos ofrece de manera brillante. Este director húngaro nació en 1977 pero creció y se formó en París. Su amplia formación y cualidades le llevaron por el camino de la novela; por ello ha participado también activamente en el guión de la película. Incluso la “música”, si puede llamársele así (veremos porqué), es obra suya también.

La película entronca con su propia biografía porque él mismo perdió a la familia de su madre en los campos de concentración nazis.

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Si yo fuera el poder

Kiko LorenzoSi yo fuera «el poder» y no tuviera escrúpulos -pero sí intereses bien definidos- desplegaría toda mi violencia contra los que cuestionan mi legitimidad o mi falta de ética. Incluso contra cualquiera capaz de evidenciar mis abusos o, simplemente, con quien actúa de forma distinta a como espero que se haga.

Primero, pondría en duda la validez de todos los argumentos que no fueran los míos. De forma sosegada en un principio, desacreditaría lo evidente y tildaría de demagógica cualquier apelación a los valores. Tacharía de ingenua toda expresión alternativa o incluso acusaría de vándalos a quienes se atrevieran a pensar distinto.

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Construir comunidades cristianas felices

Juan Pablo Espinosa ArceUno de los peligros que siento que se provocan dentro de las comunidades cristianas es la excesiva preocupación que tenemos con aquellos que vienen a nuestra comunidad. Pero pocas veces nos preocupamos de la sanidad mental, de la estabilidad emocional o de preguntarnos cuáles son nuestros grados de humanidad y felicidad de los que estamos animando los procesos pastorales cualquieras sean. A veces nos olvidamos de nosotros mismos y damos más importancia al otro, lo cual está muy bien y está dentro del núcleo evangélico. Pero es necesario recordar que el mismo mandamiento del amor, en el que se reúne toda la ley y los profetas (Cf. Mt 22,40) expresa que el amor a Dios va en la línea del amor hacia el otro y también del amor que sentimos a nosotros mismos. Hay, por tanto, una cuestión de autoestima y de felicidad propia. Entonces ¿qué relación existe entre Dios y nuestra felicidad?, ¿es posible pensar una teología y una eclesiología de la felicidad?, ¿cómo estamos en nuestros niveles de autoestima evangélicamente vivida?, ¿estamos construyendo comunidades cristianas felices?, ¿somos felices con lo que estamos haciendo en lo pastoral?, ¿unimos esa felicidad pastoral con la felicidad vital?

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