Sufrimiento real

Hemos descubierto un familiar incómodo, de esos que conviven contigo sin tú saberlo pero que te condicionan la vida cada día más. Esta prima tan inestable nos empobrece a todos porque nuestros dirigentes se han endeudado, como subterfugio de no subir los impuestos, para ofrecer unos servicios que recauden un puñado de votos y, además, nuestros bancos y cajas están más entrampados todavía con lo que la posibilidad de crédito para pequeñas y medianas empresas y autónomos, que crean el 80% del empleo en España, y para particulares está estrangulado o en condiciones inasumibles. Pero no somos los españoles los únicos que sufrimos la crisis de deuda soberana, es la llamada zona Euro, los 17 países con moneda común que no admitieron en su momento las advertencias de los expertos sobre la necesidad de una coordinación de las economías, una armonización fiscal y una entidad supranacional de control y gestión para sostener al Euro. Pero, primaron los intereses electorales y la dejación por una posible crisis como la que estamos sufriendo. Esa negligencia e incompetencia se multiplica por el egoísmo y la escasa categoría política de responsables de los grandes países que retrasan la toma de decisiones por su propio interés, mientras al resto nos cuesta mucho dinero, y, lo que es peor, muchas tragedias familiares de personas que incrementan las listas del paro y dilapidan sus esperanzas de futuro e ilusiones. La única opción que vislumbran es un cambio de gobierno con resultados inciertos para recuperar cierta confianza. En medio de esta situación que provoca pesimismo y recelo, la familia se ha convertido en el núcleo fundamental de supervivencia para millones de personas en paro, junto con la economía sumergida e instituciones como Cáritas, que completan los subsidios. Nuestro día a día es complejo y angustioso y no nos permite observar otros sufrimientos reales más lacerantes e indignos de la condición humana como la hambruna y los combates que se registran en zonas de Somalia con más de medio millón de seres humanos refugiados en Kenia, en el campo de Dadaab, donde, además, sufren brotes de cólera; como los miles de niños soldado obligados a empuñar las armas para cometer crímenes horrendos; como las niñas explotadas y violadas que engrosan las estadísticas que conocemos con motivo del Día Internacional de la Infancia, pero que el resto del año escondemos en un rincón de nuestra conciencia. La crisis lo envenena todo pero no debemos perder nuestra capacidad de discernir la realidad golbal.

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