Problemas de última hora con los lefrebvianos
Hace menos de un mes ha llegado a Roma, el preámbulo doctrinal en el que los lefrebvianos, como se conoce a la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, aceptan las claúsulas para reintegrarse a la comunidad católica. El texto venía firmado por Monseñor Bernard Fellay, superior de este grupo cismático que pide, entre otras cosas, un status especial y semejante al que tienen los miembros del OPUS. Ahora, está en las manos de la Congregación para la Doctrina de la Fe, analizar el texto y ver si se atiene a lo convenido porque, uno anterior, les fue devuelto al considerarlo insuficiente.
El estudio del escrito llevará unas semanas, pero ya se han levantado voces contra la unión, en ambos bandos. Tres de sus cuatro obispos, (el otro es Fellay) se muestran contrarios a lo que denominan “las plagas del Vaticano II” , ya que no aceptan el concilio ni los decretos que se crearon para su desarrollo, y aunque Fellay se muestre conforme, hay dudas de que le sigan, con lo que podría formarse de nuevo un cisma. De hecho, hace pocas semanas, Tissier de Mallerays, Gallareta (el obispo español) y Williamson (el obispo que negó el holocausto) escribieron a Fellay, quejándose de que pusiera a la asociación en manos de obispos conciliares en la Roma modernista, lo que les llevaría a una gran división interna. Éste les contestó, que no vieran dificultades por todas partes y se fiaran de la gracia del Espíritu Santo.
La rama francesa de la Asociación es la más numerosa, y cuenta con 100.000 fieles (entre cinco millones de católicos) y 215 sacerdotes, que suponen el 2% de los presbíteros franceses. El superior de este distrito, Fr. Régis de Cacqueray, ha escrito en Porte Latine, la web del grupo, que Benedicto XVI todavía no se ha dado cuenta “de las calamitosas consecuencias de la nueva religión que se ha desarrollado durante los últimos cincuenta años” pues “todavía cree y tiene ilusión en el Vaticano II”. Consciente, de que parte de los lefebvrianos comparten este pensamiento, Fellay ha dicho en una reciente entrevista que, de llegar a un acuerdo con Roma, se podría abrir un cisma entre sus adeptos.
En la curia también se palpa un malestar, contra un acuerdo que suponga la renuncia al Vaticano II. Un famoso historiador del Opus Dei, Johannes Grohe, en una conferencia pronunciada en la Universidad de la Santa Cruz, hace unos días insistió en la obligación, para toda persona que quiera integrarse en la Iglesia Católica, de aceptar la doctrina del concilio cuyo cincuentenario se está celebrando. La alusión era clara.
Ha ido más allá un juez de la Rota, el franciscano David María Jaeger, al criticar la tendencia a mirar con indulgencia a grupos marginales, que denuncian la doctrina del concilio. Su aceptación, dijo, será de boquilla pero mantendrán verbales y mentales reservas.
Estos desarrollos nos dejan con la duda, de cuantos lefebvrianos se pasarán a la Iglesia y cómo serán recibidos por los católicos. Pero digo, como Fellay a los suyos, dejemos que la gracia del Espíritu nos ilumine a todos. Muchas ideas de este artículo las he sacado de John L. Allen publicado en el National Catholic Reporter.
