Juan, el Bautista

El 24 de junio es obligado hablar de Juan Bautista, un personaje que no me resulta especialmente atractivo pero que sirvió de contrapunto a la persona de Jesucristo. El aspecto que más me gusta de su vida aparece en los cuadros de Murillo, dos niños que son primos, que aparecen llenos de rizos y que juegan juntos, un juego que Juan abandonó en su vida madura.

            Digo que no me atrae porque su mensaje no es de gozo sino de penitencia. Se va al desierto, abandona la civilización, se viste de saco y come langostas y miel silvestre. El mensaje de conversión que esta actitud conlleva, supone que gozar de todas las buenas cosas que el Creador ha puesto en el mundo y que los hombres han descubierto y cultivado, son un obstáculo en el camino hacia Dios.

            Jesús, que probablemente fuera su discípulo durante un tiempo, supo discernir y apartarse de esta ascesis sin sentido. Fue a bodas y disfrutó con la comida por lo que fue tachado de comilón y bebedor por aquellos que entendían la vida desde las mismas pautas que Juan. Jesús gozó de la vida y supo entregarla cuando, plegarse a las autoridades judías y romanas, le hubieran obligado a renunciar al mensaje que Dios había puesto en sus manos.

            Lo más curioso del caso es que los cristianos hemos seguido con más gusto el camino de Juan inventando sacrificios que, además de ponernos de mal humor, hacían crecer nuestro ego de manera que los otros, los que gozaban de la vida, eran considerados menos santos.

            En este día le dedico un recuerdo a Juan porque su vida me ha servido para comprender que el mensaje de Jesús es distinto, que el AT quemaba reses en holocausto y que el NT pide que los cristianos ardan personalmente pero en una entrega gozosa de la vida a los demás, dando tiempo, cultura, escucha, bienes… Sólo entiendo la ascesis desde esta perspectiva que es la de compartir lo que se tiene con los menos favorecidos por la vida. Pero me gustaría que alguien me iluminara y defendiera los motivos de estas prácticas que muchos cristianos siguen haciendo ¡Algo deben de aportar que a mí se me escapa!

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One Response to “Juan, el Bautista”

  1. Precioso tu artículo, cuyas ideas comparto.
    Y sin embargo, me gustaría añadir que Juan no llamó a nadie. Estaba en el desierto y la gente venía a él, y le consultaban sobre la vida y el estilo de vida agradable a Dios. Y venían distintos tipos de gente, muy dispar. “Era una lámpara encendida y resplandeciente”, afirma Jesús (Jn 5,35).
    Y tal como se nos dice, Herodes escuchaba con gusto su opinión y no le agradó transigir con aquella promesa que hizo llevado de su borrachera.
    Y parece, como tú afirmas, que Jesús estuvo con él. Siempre me llama la atención un pasaje de Juan que dice que Jesús bautizaba (3,22) como Juan Bta.
    Jesús no escatimó los elogios con él, y supongo que eso justifica que dispute a los apóstoles un puesto de preeeminencia en la inconografía cristiana.

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