La feminización del sacerdocio

Nos preguntamos todos por los motivos que han podido incidir para que no haya candidatos al sacerdocio en el Primer Mundo ya que el Espíritu sigue llamando a las personas para ese ministerio. Se han dado muchas respuestas que pasan por la materialización y secularización del mundo, la dificultad del celibato, la ausencia de referentes atractivos, la destrucción de la familia tradicional, la falta de clima religioso… una serie de contestaciones que tienen su parte de razón.

            Pero pocas veces he oído hablar de lo que yo llamo la feminización de determinadas profesiones, un hecho que se aprecia con facilidad en nuestro mundo. El acceso de la mujer a la vida pública se ha hecho en porcentajes muy altos de la población pero, no nos engañemos, ostentan los puestos peor remunerados (los que no quieren los varones) o los que exigen unas oposiciones que no permiten que se les impida el acceso, ya que los candidatos con mejores puntuaciones son los elegidos.

Así, la medicina socializada y mal pagada se está llenando de mujeres y lo mismo se puede decir de la enseñanza. En el caso de la Iglesia Católica pasaría lo mismo con el sacerdocio que es lo que está ocurriendo en los otros credos que permiten el acceso de las mujeres a sus pastores o rabinos. Antes, el sacerdote era la imagen de Cristo Rey con iglesias fastuosas, infinidad de fieles, demanda de servicios y prestigio ante la sociedad, algo que todavía pasa en Roma pero que ya es historia en otros lugares.

Hoy, la imagen del sacerdote es todo lo contrario pues encarna al siervo de Dios que arrodillado lava los pies de los necesitados, con templos pobres y una feligresía escasa y anciana. Saben que serán pocos los que demanden sus servicios y menos aún los que admiren su obrar ya que, más bien, se verán criticados.

            Siempre ha habido sacerdotes que han entendido su cometido desde la clave del servicio pero estaban acompañados por los segundones de las familias que, sin tierras ni estudios, no veían otra forma de medrar que el acceso al orden sacerdotal. Éstos son los que han desaparecido en los países ricos y pueden mantenerse en los del Tercer Mundo donde todavía se dan oportunidades para mejorar la calidad de vida, de aquí la necesidad de evaluar su vocación.

El servicio es más duro que la gloria y tradicionalmente se ha dejado en manos de las mujeres (por eso mi título de feminización del sacerdocio) en cuanto que no lo quería nadie. Pero Jesús lo asumió como suyo y recomendó que siguieran su ejemplo todos los cristianos, un camino por el que nos deben guiar nuestros pastores.

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2 Responses to “La feminización del sacerdocio”

  1. ¡Qué bonita la idea de vincular mujer y servicio!
    Siempre lo hemos visto así, sobre todo en los casos de las madres de familia, y nos ha parecido lo más natural.
    El “lavatorio de los pies” por parte de Jesús a sus discípulos se dice que fue un gesto de amor, en su cultura sólo hacían este servicio los esclavos más insignificantes y las madres en las familias, como un gesto materno.
    Una vez leí que “allí donde había dolor, había también siempre una mujer en la cabecera”. Me pareció hermoso.
    ¡Qué pena que en la Iglesia a las mujeres no se les deje pasar de telefonistas o secretarias (ya sabemos que hay un alto cargo vaticano y monja, pero solo uno)!
    ¡Cuánta riqueza han aportado en su reflexión las teólogas, desde su visión femenina, y las señoras teólogas casadas con su visión, por ejemplo, de la sexualidad totalmente positiva! ¡Una novedad para la Iglesia!
    ¡Cuántas cosas nos estamos perdiendo!

  2. He podido observar que cuando sale en conversaciones el tema del sacerdocio femenino, si hay algún sacerdote o religioso presente que no sea partidario ni remotamente de esa posibilidad, con una sonrisa de benevolencia paternal intenta encubrir un “inocente” pensamiento: “¡Estas mujeres… quieren estar en todo!”

    He llegado a la comprensión de que si la comprensión del sacerdocio se viviera en clave de servicio en vez de en clave de poder, no habría tanto problema en designar a quienes serían los servidores de esa sagrada tarea y la plantilla se ampliaría pues no sólo con el servicio sacerdotal de hombres célibes se debería atender la mies; también hombres casados, mujeres célibes y mujeres casadas podrían ser enviados como trabajadores a la mies.

    La vocación sacerdotal ha de ser discernida más allá del sexo o el estado civil, habría que ahondar en la fuente misma de donde mana el servicio, que no es otra que el Amor, no el poder.

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