Los juegos olímpicos
A la grandiosidad de la ceremonia inaugural, al fasto de la sincronización humana, a la policromía luminosa de los fuegos artificiales ha seguido la labor de los atletas que es lo que realmente cuenta en una olimpiada.
Ya los griegos eran capaces de suspender las guerras durante esos días para que las gestas deportivas no se vieran ensombrecidas por muertes y dolor en el campo de batalla. Creo que la imagen de la deportista rusa y la georgiana dice más que mil palabras. Los pueblos no quieren la guerra y menos las mujeres que ven morir a sus hijos y comprenden el dolor de las madres del campo contrario que también entierran a los que dieron a luz.
Nuestra primera medalla de oro nos ha dado a conocer el nombre propio de un ciclista Samuel Sanchez que no entraba en las quinielas de los favoritos. Un hombre que se ha entrenado duramente durante años en un deporte que no proporciona grandes fortunas ni atención mediática. Lo mismo se puede decir de la medalla de bronce en esgrima de José Luis Abajo, un deporte minoritario y desconocido del gran público.
Estos juegos pueden ser, como lo fueron otros, una gran lección para nuestra juventud. En ellos no se da el aprobado sin estudio, ni se obtiene la fama con facilidad sino que son las horas de entrenamiento monótono, repetitivo y diario las que les han llevado al podio. No todos alcanzan la gloria, de hecho la alcanzan muy pocos, pero todos los que entrenan con método y constancia aprenden una lección importante para sus vidas.

Discussion area - Deja un comentario