La meditación

            Siempre me ha sorprendido que una serie de amigos que se confiesan ateos o agnósticos dediquen su tiempo a meditar pues me preguntaba cuales serían los temas sobre los que versaría su meditación. Una mujer sueca me decía que estas prácticas la relajaban y un amigo español me comentaba que ante la música gregoriana sentía arrebatos que creía poder calificar de místicos. Siendo agnóstico se preguntaba a si mismo si Dios tendría algo que ver en todo esto o eran simples jugadas de su sistema anímico.

            Un interesante estudio de la Universidad de Oxford que publica el ABC me ha recordado estos temas cuando han demostrado que la meditación consigue un alivio importante al dolor físico. Las pruebas que han realizado consistieron en separar dos grupos de pacientes de 12 personas cada uno. El primero estaba formado por jóvenes que se declaraban católicos practicantes y el segundo por jóvenes ateos o agnósticos. Se les pidió que meditaran ante dos cuadros de mujeres jóvenes y bellas, uno de Leonardo da Vinci y otro de Sassoferrato. La única diferencia era que a los católicos se les informó que su imagen representaba a la Virgen María.

            Una vez que estuvieron un rato contemplando las imágenes se les aplicaron una serie de electrodos que permitían evaluar la intensidad del dolor dentro de una escala. El resultado final demostró un descenso del sufrimiento de un 12% en los católicos que no se dio entre los no creyentes. El investigador confesó que los católicos activaron un mecanismo del cerebro que actúa sobre el efecto placebo y la analgesia lo que ayuda a reinterpretar el dolor disminuyendo sus efectos. En este caso la mirada de María supuso que se sintieran comprendidos y rodeados del afecto de una figura femenina maternal.

            El doctor Marañón decía que había comprobado que en muchos casos la presencia y las manos de una mujer sobre el cuerpo de un enfermo podían hacer mucho más que las medicinas que recomendaban los médicos. Ni que decir tiene que si, además, esas manos y esa mirada, son sagradas el efecto se multiplica.

            Pero el ensayo termina diciendo que cualquier tipo de meditación puede tener efectos positivos para el que lo practica pues las personas no creyentes también se pueden beneficiar ya que “no hemos encontrado el punto de Dios en el cerebro”. Pero ésta es mi moraleja… el no haberlo encontrado no significa que no esté. Me gusta pensar que su presencia velada también ayuda a mis amigos no creyentes que se paran a meditar en su vida.

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