Vivir la interculturalidad

Tengo ante mí la carta de una misionera en África que comenta las dificultades que encuentra para vivir la interculturalidad. En su comunidad hay mayoría de jóvenes monjas africanas que comparten la vida con 3 europeas que componen el equipo formador y que se preguntan como transmitir lo esencial de la vida religiosa con formas de expresión propias del país en el que viven.

            La comunidad ha aceptado hablar la lengua oficial del país que es el francés, pero el primer problema que se plantea es que cada cultura no atribuye el mismo sentido a las palabras lo que da pie a numerosos malentendidos y sufrimientos. Tampoco en muchos  países africanos se habla con naturalidad teniendo que intuir por la mirada u otros gestos la mitad del mensaje. Si a esto añadimos, que las generaciones jóvenes no pueden tomar la palabra a no ser que se les invite expresamente a hacerlo, las complicaciones de entendimiento se hacen cada vez más complejas.

            Las familias de estas monjas indígenas no comen juntas a diario y cuando lo hacen es en silencio pues incluso si hay más comensales sólo se entablan conversaciones al final. La comida, que es un lugar privilegiado para compartir vivencias no se puede utilizar con este fin, si no es implantando modos de vivir que se consideran europeos.

            Otro problema que comenta esta religiosa española es que en esta zona africana donde está su comunidad los conventos son como los antiguos, casas grandes y bien construidas que reflejan un nivel de vida más alto que el del resto de la población ¿Qué hacer con el voto de pobreza? Son hospitalarias y todo el mundo sabe que en su casa serán bien recibidos pero esto no quita para que la gente las perciba como personas que tienen dinero y bienes a compartir.

            Las dificultades de esta monja me recuerdan las que tienen las parejas de matrimonios jóvenes que, aunque hayan vivido en la misma población toda la vida, aportan a la convivencia modos distintos de vivir. Las discusiones más tontas surgen enseguida: en mi casa el cocido se servía con salsa de tomate pues en la mía no; hay que veranear en el sur que tiene el sol asegurado, ni hablar que hace un calor insoportable; siempre hemos ido a misa de Gallo pues nosotros a la de Navidad… Si aquí podemos tener problemas de ajuste desde unas coordenadas de vida semejantes ¡qué difícil debe ser para los que se van lejos y no quieren imponer sus modos de vida!

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