Una ceremonia preñada de Dios

            Escuché ayer el discurso de toma de posesión de Barack Obama pero el hombre estaba nervioso, lo que me parece más que normal, y lo pronunció tan deprisa, sobre todo el principio, que me resultaba difícil seguirle. Los primeros comentaristas norteamericanos se quejaban de que la forma había sido mala con un recurso frecuente a los tópicos aunque valoraban el fondo. A falta de realizar un análisis más profundo, que esta mañana todavía no he hecho, saqué la conclusión de que sus palabras quisieron ser integradoras de todo el espectro del país involucrándolos en una labor colectiva para recuperar las antiguas glorias y valores. La defensa de la democracia y de la libertad a pesar de sus fallos, el coraje y el esfuerzo de todos conducirían a los Estados Unidos por el buen camino.

            La sombra de Dios planeaba sobre el Capitolio. Primero en las palabras de los dos pastores que se dirigieron a la asamblea y luego en la Biblia de Lincoln sobre la que realizó el juramento el nuevo presidente que también le invocó para que bendijera a su país. Era el Dios de los musulmanes, de los budistas, de los hinduistas, de los cristianos, de los judíos ese Dios que está por encima de las confesiones religiosas pues es el Dios de todos. Incluso se mencionó con respeto a los ateos que forman parte del país como los demás.

            Me pareció que la gente, que escuchaba con silencio y respeto, también rezaba y pedía para que esta nueva singladura en la que se embarcaba el país llegara a buen puerto. Había lágrimas e ilusión en los ojos de muchos cuando miraban al cielo.

            Cuando terminó la ceremonia sentí un impulso para unirme a las plegarias. Yo también le pedí a Dios para que el nuevo presidente americano estuviera bajo su manto y para que le inspirara los caminos adecuados para la prosperidad de los suyos y del mundo entero.

            Al cerrar esta página siento cierta pena al ver como un país que ha hecho sufrir a sus minorías étnicas de una manera implacable, cuando uno de los suyos alcanza el poder no tiene espíritu revanchista y pide la inclusión de todos en el esfuerzo común. La pena es porque me gustaría que pasara lo mismo en la tierra en la que vivo donde los exclusivismos están a la orden del día y donde se intenta echar a Dios  de la vida cívica.

2 Responses to “Una ceremonia preñada de Dios”

  1. A Dios no se le echa de la vida cívica ni tan siquiera descolgando un crucifijo.
    A Dios lo estaremos echando cuando sigamos callados sobre la venta, legal o ilegal, de armas. No sirven sino para matar, no hay otro interés en conflicto en defensa de la vida, como podría ser en el caso de la investigación científica o en el derecho a la asistencia sanitaria de la mujer en un aborto. No, aquí no hay más conflicto que pensar que la defensa de personas y objetivos puede hacerse utilizando la violencia, sea ésta: terrorismo o defensa de intereses legítimos.
    ¿Para cuándo un partido que no participe más en la compra-venta de armas?
    ¿Qué Ayuda Oficial al Desarrollo será la necesaria para que desaparezca la desnutrición y las enfermedades evitables?
    ¿Porqué todas las Iglesias, empezando por la nuestra, no alientan propuestas similares para que votemos partidos que las defiendan y las incluyan en sus programas y así no sacar a Dios de nuestra vida cívica?

  2. Estoy totalmente de acuerdo contigo, Susana. Yo soy creyente practicante, pero no necesito ver a un dirigente, sea Obama o uno español, invocando a Dios en un estrado, sino a políticos que pongan en práctica los valores cristianos, los valores humanos al fin y al cabo, que son patrimonio de todos los hombres y mujeres de bien. Se nos llena la boca de Dios y se nos olvida cuando nos echamos la mano al bolsillo, por ejemplo. Creo que los creyentes deberíamos asumir que mucha gente de bien no tiene ninguna necesidad de Dios, y no por eso son discapacitados, ni incívicos, ni perseguidores de cristianos. A mí me la fe me alimenta, pero sentirla como un don personal no debe implicar hacer de menos a quienes no lo sienten así. No sentirse insultados poruqe quienes, creo yo que respetuosamente, no nombran a un Dios en quien no creen.

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