Louise Akers: ¿Silenciada o más escuchada?

Traduzco este artículo de Joan Chittister que me parece de una gran actualidad. Sorprende que cada día más personas en la Iglesia, como el Cardenal Martini y 40 sacerdotes de Gerona, pidan un cambio y que sólo sea sobre las monjas donde caiga la ira de la Iglesia

“La historia nos juega una mala pasada. Alguien debía revisarla cuidadosamente en la Iglesia por su propio bien, encontraría una buena lección que aprender.

En la película de Richard Attenborough, Ghandi, una escena muestra la revuelta de los nacionalistas indios contra el control británico. Ante el intento de poner un nuevo impuesto sobre la sal Ghandi, desafiando a las autoridades, lideró una marcha hacia el mar para que los indios pobres pudieran producir la suya. Es una escena tremenda.

La larga y silenciosa marcha se encuentra con cientos de policías, muchos de ellos indios, con porras y mosquetes en las manos que aporrean sistemáticamente a los manifestantes desarmados, tirándolos al suelo. Pero los efectivos de la marcha no disminuyen, persona tras persona, fila tras fila en perfecta formación avanzan hacia los rifles, seguros de su causa y de sus derechos.

Este boicot que comenzó con palizas a los indefensos campesinos que se jugaban la muerte condujo a la declaración de independencia india. Ghandi sabía lo que era la resistencia no violenta: expone la injusticia del opresor y alerta la conciencia del mundo. La lección es soberbia, la supresión no acaba con la revolución sino que la alienta

Este tipo de resistencia de los sin voz es en la mayor parte del mundo agua pasada. Pero a la vez, las mujeres y todos los que las reconocen como sujetos plenos de derechos, están empezando a gustar una oposición semejante, igualmente implacable, poderosa y universal. Los fundamentalistas de todos los colores y sus interpretaciones de las religiones defienden, de una u otra manera, que Dios es sexista. Con la ortodoxia como excusa y Dios como argumento, a las mujeres se les niega el estudio de la Torah y el acceso al rabinato en algunas ramas del judaísmo. Se les niega acceso al mundo público y deben permanecer cautivas en sus casas en el nombre del Corán. Se las condena a ser ciudadanas de segunda categoría en los Vedas hindúes. Se les prohíbe la ordenación con lo que supone de karma y soporte financiero en el budismo y se las convierte en clientes de la fe y no ministros de la misma en muchas ramas del cristianismo. Pero sobre todo, se callan sus voces para que la comunidad no pueda escuchar sus quejas y preocupaciones no vaya a ser que examine sus planteamientos.

Pero en lugar de generar desesperanza, para los varones y mujeres que luchan por los derechos y la presencia de las mujeres, esa supresión llama la atención de las personas pues no hay justificación posible para suprimir su participación en el servicio público o en los templos sagrados.

Y aquí entra mi preocupación por la religiosa de la caridad de Cincinnati, Louise Akers, una preocupación que debería compartir la Iglesia. Esta hermana ha sido depuesta por el obispo Daniel Pilarczyk de todos los puestos o conferencias en suelo católico de su diócesis porque ha defendido la ordenación de las mujeres.

Ella estaba dispuesta a dejar el consejo de la Conferencia sobre la Ordenación de la Mujer e incluso que despareciera su foto de la red pero no a retractarse de su apoyo a los estudios que se realizan contra la exclusión de las mujeres para el ministerio ordenado. Una postura honesta.

La conclusión es que a la hermana Louise, recientemente reconocida por la ciudad de Cincinnati como uno de sus mejores líderes y coordinadora de la Intercomunidad Justicia y Paz se la negará acceso al desarrollo de la comunidad católica donde obviamente es más necesitada.

Los comentarios que se realizan ante la noticia lamentan la pérdida de una voz como la suya. Pero se equivocan. A la Iglesia se le presenta un problema aunque pueda no reconocerlo. Voces como ésta, voces que claman por la justicia, voces que apuntan a lagunas en el pensamiento teológico de la comunidad y son castigadas, no se pierden. Al contrario, esas voces se escuchan alto y claro en todo el mundo, una vez tras otra. Y poco a poco, una voz silenciada se une a otra, luego 10, 100, 1000 una sociedad fuerte formada por los “otros”, por los que hablan, por los que rehúsan ser silenciados.

Si no creeis pensad en Martin Luther King, Zwingli, Calvino, Mary Ward, Mary MacKillop, el Cardenal Henry Newman o Teilhard de Chardin. Pensad en todos los que hicieron posible que no estuviéramos hoy vendiendo reliquias, prohibiendo que las religiosas hicieran su labor en la calle, negando el sensus fidelium, obligándonos a no asistir a las bodas de nuestros hijos en la iglesias protestantes, desdeñando a la ciencia y a los científicos, el movimiento del sol y la evolución.

La constante supresión de pensadores que abren la discusión sobre la ordenación de las mujeres no es supresión ninguna. De hecho, cada día hay más varones y mujeres que hablan del tema y aquí es donde entran, la hermana Louise y el arzobispo Pilarczyk. Como los ingleses, él tiene el poder del pasado de su lado; como Ghandi, ella el poder del presente y la promesa del futuro.

Cercenar el pensamiento es más peligroso para la Iglesia y su peor pecado con ello, no sólo ha expulsado a gente de sus filas, sino que ha cortado su propio desarrollo y disminuido su credibilidad.

Desde mi postura creo que es hora de olvidar el poder y la teología, el magisterio y la inquisición por un tiempo. A lo mejor deberíamos todos de sentarnos y si la historia no es suficiente leer el Nuevo Testamento. Leer las parábolas en las que Jesús habla de la distinción entre buenos y malos, rectos y falsos. Mt 13,30 nos da la clave: “Dejad que el trigo y la cizaña crezcan juntos hasta la hora de la cosecha. Entonces les diré a los cosechadores: Primero recolectad las malas hierbas, atadlas juntas y quemadlas. Después, recoger el trigo y traedlo a mi granero”.

Buen punto: dejad que todos hablen hasta que la Iglesia bajo el impulso del Espíritu sepa de verdad donde ésta reside. No es una mala idea para tiempos como el actual.

 

6 Responses to “Louise Akers: ¿Silenciada o más escuchada?”

  1. Las voces proféticas cuestionan a la Institución, para que crezca y avance. Y algunas mujeres como la Hna Louise son voces prófeticas.

    Este post coincide en el tiempo con la controversia que se lleva en diversos foros por el reportaje Mujeres de Dios,-rtve- en el que aparece entre otras M. José Arana. quien tanto ha hecho por la dignidad eclesial de las mujeres. La misoginia y el tono de los comentarios en blogs como el de Virtudes Parra en RD, ha hecho que tenga que cerrar los comentarios en correspondiente post. Lucía Caram OP aparece tambien en el reportaje. Su blog de RD está invadido de trolls fundamentalistas.

    Es evidente que hay todo un movimiento contra la vida religiosa femenina que optó por asumir el Vat II y llevarlo a la práctica . Blogs alojados en portales de catolicismo neoconservador, sobrepasan los más mínimos niveles de respeto y cortesia, refiriendose a la edad y el “look” de estas mujeres de Dios.

    Se quiere primar un modelo de monja pre-Vat II, sumisas, de ” rosario y olla”, sin dar importancia a la formación teológica, tan necesaria para una vida comtemplativa profunda. Lo importante vuelve a ser el grosor de la clausura, el oscurantismo tras las rejas.

    Determinados monasterios están llenándose de vocaciones provenientes de movimientos neoconservadores. Son estos los que reciben el beneplácito las altas instancias. Es el modelo de Iglesia de poder- de mujeres calladas y sumisas- frente a la Iglesia de servicio.

    Tiempo de que las mujeres alcen su voz clara y fuerte en las distintas confesiones religiosas. La mitad de la humanidad no puede ser silenciada.
    Hablarán las piedras.
    Gracias Isabel por tu aportación a la dignidad de la mujer en la Iglesia.
    Un cordial saludo

  2. Sí, gracias Isabel. Y tantas otras mujeres valientes en la Iglesia española hoy, como Arana, Mercedes Navarro, Lucía Ramón, Dolores Aleixandre… Todas ellas son una inspiración. Y no deberían encontrarse solas en esta lucha, que es cuestión de justicia. ¿Dónde en están este tema los teólogos progresistas? Pareciera que los derechos de las mujeres son sólo cosa de mujeres, pero no es cierto. Su exclusión clama al cielo.
    Enhorabuena por el blog y por la labor.

  3. Agradezco este artículo, Isabel, y agradezco a TVE un repor como el de Mujeres de Dios, que muestran cada vez más voces libres manifestando su disconformidad con el machismo de cierta jerarquía. Algunas ya sabemos que son muchísimas las mujeres disconformes, pero no todo el mundo lo sabe. El problema es que si son siempre las mismas las que hablan y se manifiestan, permitiremos que desacarguen sobre ellas los problemas y que sean castigadas. Si somos más y más las que nos manifestamos, esa jerarquía acabará dándose cuenta de que no tiene nada que hacer frente a las mujeres conscientes. Con nuestras voces diremos algo que parece obvio pero no lo es: que nosotras, las muchísimas, también somos iglesia, y que esta iglesia siempre ha sido plural y crítica pese a toda la historia de control sobre las voces pensadoras y disidentes, sobre todo contra las mujeres. Es imposible detenernos, pero es conveniente que lo digamos a muchas voces.

  4. El artículo de Joan Chittister traducido por Isabel G. A., realmente, no tiene desperdicio, ni por lo que dice, ni por el modo en que lo hace. Gracias, Isabel, por poner a nuestra disposición este texto. Pero quiero fijarme en una de las muchas frases que merecerían una reflexión y un diálogo más profundos:
    “Cercenar el pensamiento es más peligroso para la Iglesia y su peor pecado con ello, no sólo ha expulsado a gente de sus filas, sino que ha cortado su propio desarrollo y disminuido su credibilidad”.
    Cercenar el pensamiento es peligroso para la Iglesia, en efecto, y también para cualquier institución o entidad que se sirva de tal estrategia para controlar y someter a sus miembros. Y lo es porque, tal como afirma Joan Chittister, expulsa a la gente, paraliza en propio desarrollo y disminuye la propia credibilidad. Pero no hay que olvidar que cercenar el pensamiento es peligroso, sobre todo, para aquellas personas cuyo pensamiento es cercenado, pues, en el “mejor” de los casos, primero se les silencia y luego se les olvida, y en el peor se les expulsa o se les condena al ostracismo, eso sí, de muy diversas formas, y algunas muy sutiles. Entre tanto, se les echa a las fieras de la maledicencia, de la crítica destructiva, del descrédito y, casi siempre, del insulto.
    El “problema” para los cercenadores es que las mujeres somos creadoras de pensamiento. Siempre lo hemos sido, aunque se nos ha silenciado o invisibilizado. Pero tal estrategia sólo tiene efectos temporales, porque “no se puede esconder la luz debajo de un celemín”. Los estudios de teología feminista están destruyendo los celemines y están haciendo visible la luz aportada por las mujeres de todos los tiempos. Las mujeres silenciadas en el pasado están recuperando la voz, y las mujeres del presente estamos pronunciando nuestras propias palabras con libertad y con responsabilidad.
    El reportaje emitido por TVE-1, “Mujeres de Dios”, es tan sólo un botón de muestra de lo que piensan muchas mujeres creyentes. Las protagonistas de ese reportaje tienen nombre y rostro, y por eso son más vulnerables a la acción de los cercenadores, pero somos muchas más, muchísimas, las que pensamos igual que ellas, o parecido, y no queremos dejarlas solas. Ellas saben que no lo están, pero es necesario que todo el mundo lo sepa. Y quienes las desprecian, las insultan y las destierran, están insultando, despreciando y desterrando a muchas más.
    Pero a nosotras, que carecemos “poder” institucional, nadie nos puede impedir recorrer el camino hacia el mar del Evangelio y recoger de sus orillas nuestra propia sal. Ojalá no sean mucha más mujeres las que, por ocupar las primeras filas, tengan que caer bajo las porras de los guardianes del orden eclesial establecido. A ellas debemos la posibilidad de seguir nuestra marcha hacia el mar. Y estamos dispuestas a ocupar los puestos vacíos que dejan en sus filas.

  5. Poduce gran dolor ver que una vez más el poder no ha esperado a que Dios distinga entre el trigo y la cizaña y le ha arrebatado su fuego. Las llamas han caído sobre una mujer cuyo “pecado” ha consistido en ejercer la obligación de todo cristiano, y de toda persona de bien, de hablar y actuar de acuerdo con su conciencia. Una obligación especialmente sospechosa cuando procede de una mujer. Somos muchos/as en la Iglesia los que en conciencia sabemos que Louise tiene razón, muchos incluso de los que detentan el poder. Pero también sabemos que quien levanta la voz contra la doctrina oficial paga un precio muy alto. Con demasiada frecuencia olvidamos que nuestro Maestro siempre lo hizo y que siempre fue consciente del precio que pagaría por ello.

  6. Apoyo totalmente tu postura , Isabel. Creo que debiéramos unirnos de alguna manera y hacernos oir. No perdamos la esperanza de que algún día, no muy lejano, esta situación de la mujer tan discriminatoria pueda cambiar

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