Apoyo espiritual para mujeres estresadas

Anuncié en mi última entrada en el blog que el Shrivers Report tenía un capítulo dedicado a la fe que es lo que voy a comentar hoy. Empieza con 3 frases:
1 – Me gustaría que las jerarquías religiosas pasaran un día con una madre trabajadora, sin pareja o cuidadora de los miembros necesitados de su familia para que vieran lo estresadas que pueden estar.
2 – Me gustaría cambiar la percepción de que la madre trabajadora es menos madre y que su familia sufre porque ella trabaja
3 – Me gustaría cambiar la idea de que las mujeres podemos hacerlo todo
Son frases que expresan el dilema de millones de mujeres que quieren encontrar la forma de equilibrar trabajo, familia y fe. La religión es importante para muchas pues encuentran en ella apoyo, comunidad, inspiración y guía a la vez que quieren contribuir a la mejora del mundo por lo que muchas instituciones intentan dar respuesta a estas demandas con el inconveniente que sus rentas y voluntariado han disminuido.
Que la asistencia de las mujeres a los oficios religiosos haya descendido parece desmentir su interés pero con frecuencia son incompatibles con sus trabajos. Una realidad desconocida para nosotros es que más de la mitad de las mujeres norteamericanas cambia de religión en su vida: por matrimonio, por mudanza de domicilio o por encontrar una religión más afín a sus creencias. Un gran porcentaje de mujeres católicas de origen hispano se ha convertido al protestantismo, lo que para el sociólogo de la religión Andrew Greely ha supuesto el mayor abandono en la historia de la Iglesia Católica en USA.
Las nuevas comunidades religiosas tratan de organizar liturgias menos pesadas y más emocionales lo que parece explicar que los EEUU tengan unos porcentajes de práctica religiosa mayor que en otros países industrializados
Uno de los mayores problemas para la asistencia a actos religiosos es la falta de tiempo en mujeres con familia de clase económica pobre aunque el estudio ha descubierto que, para mujeres de color o latinas, la religión supone un soporte fundamental en sus vidas, amenazadas por la discriminación y los bajos salarios.
Entre las que participan regularmente en las liturgias muchas no quieren verse involucradas en la vida de la comunidad. Otros como los homosexuales y bisexuales no se sienten acogidos sino marcados como pecadores. Las mujeres piden que las instituciones ayuden a las madres solas y que influencien para que las leyes cambien en su beneficio y se quejan de que las distintas iglesias ven con mejores ojos a las mujeres que se quedan en casa al cuidado de la familia.
A partir de los años 60 del siglo XX los cambios se aceleraron. Las mujeres criticaron las estructuras dominadas por varones y lucharon por conseguir el orden. Cuestionaron la teología patriarcal y las imágenes descriptivas de la divinidad. Algunas abandonaron sus credos y de paso la labor voluntaria que en ellos hacían.
Se hizo necesaria una adaptación a estos cambios pero los siglos de creencias no son fáciles de sustituir con lo que la mayoría de los credos mantienen unas visiones anticuadas que llevan marchamo de verdad. En un mercado como los Estados Unidos hay competencia de religiones con lo que para mantenerse las instituciones deben intentar retener a sus fieles (En España nos puede pasar lo mismo pronto).
Las denominaciones protestantes más numerosas han aceptado el cambio de vida femenino, la variedad de modelos de familia y algunas la ordenación de las mujeres. Muchas sinagogas han abolido las separaciones entre mujeres y varones y las mujeres participan en liturgias que antes eran exclusivas para el género masculino. Dos ramas del judaísmo han permitido que las mujeres accedan al rabinato.
Las iglesias católicas siempre estuvieron cercanas a la mujer trabajadora, ya que muchas servían a la población emigrante, y a los más necesitados y aunque las mujeres no pueden acceder al orden han sido las cabezas, sobre todo las monjas, de muchos movimientos en la lucha contra la injusticia.
Las iglesias evangélicas han sido las menos receptoras al cambio. Una convención en 1988 declaró que “la esposa debe someterse de buen grado a servir el liderazgo de su marido como la Iglesia lo hace con Cristo”. Con todo, algo se mueven ante la realidad con lo que han pasado de condenar el divorcio al silencio y de aceptar que los esposos tomen, entre los dos, las decisiones de la familia.
Junto a las ideas, las religiones han cambiado sus prácticas especialmente el horario de sus liturgias para hacerlos compatibles. Todas han montado guarderías, colegios o actividades lúdicas para facilitar el cuidado de los niños. Se han montado oficinas para facilitar empleo, comida o ropa a los necesitados. Lo malo es que los fieles se han reducido y las necesidades aumentado (el coche se ha roto, la renta está impagada…) ¿Cómo ayudar?
Otras actividades muy generalizadas, tanto por cristianos como islámicos, son el acompañamiento a matrimonios y familias con problemas, programas para los jubilados y adolescentes, catequesis y ofertas para después del colegio. En las congregaciones que atienden a la población emigrante los programas se multiplican.
Las mega- iglesias funcionan como si fueran empresas ya que tienen unas rentas económicas que les permiten tener canchas de baloncesto, gimnasios, cafeterías… Según un artículo del New York Times del 2002 “estas iglesias estaban haciendo una labor cívica semejante a la de las catedrales del medioevo. Ya no son meros lugares de oración sino que incluyen ocio, comercio, familia extendida y plaza pública”.
La espiritualidad está creciendo sobre todo en las mujeres. Libros, retiros, talleres, rituales y meditaciones, suman seguidores incluso entre personas no religiosas. Estas prácticas se pueden dividir en 3 grupos: una espiritualidad distinta y separada de las iglesias, una espiritualidad en conflicto con las iglesias y una espiritualidad que complementa a las iglesias.
Las mujeres jóvenes están más interesadas por la espiritualidad que las mayores, escogen caminos personales frente a las doctrinas tradicionales y buscan crear sus sistemas de creencias desde diversas fuentes: amigos, páginas de internet, artículos, libros… Pocas están involucradas en religiones organizadas y prefieren esta espiritualidad compatible con sus horarios que, además, no las obliga a la creencia en determinadas doctrinas. La comunidad que antes las mujeres encontraban en las iglesias ahora la tienen en el trabajo o el gimnasio.
Algunas voces se han levantado contra este “tipo de espiritualidad” que puede instalar a la persona en el yo y perder de vista al Misterio. Para otros es un buen camino de introducción para una auténtica espiritualidad ya que provee compañeros que ayudan en el sufrimiento. Con todo, no participar en una institución hace que las mujeres no cuenten con la fuerza de los números para influenciar en la sociedad y no caigan en la tentación de fabricarse una espiritualidad con la vista puesta en el ombligo.
¿Cuál es el futuro? El estudio considera que las mujeres, cada día con más obligaciones, abandonarán las instituciones religiosas si éstas no responden a sus demandas. Las iglesias deben componer un cuadro de valores en el que aparezca el verdadero valor de las mujeres y las familias para ello tendrán que participar en mentalizar a los poderes públicos y a las empresas para tomar medidas que faciliten que hombres y mujeres puedan ser buenos padres y trabajadores. Deberán valorar los talentos y capacidades de las mujeres y abandonar las costumbres que colocaban a los varones por encima. Por último deberán retomar las sagradas palabras sobre la compasión, dignidad, justicia e igualdad para defender a las mujeres y a sus familias.

One Response to “Apoyo espiritual para mujeres estresadas”

  1. El futuro se presenta abierto, muy abierto, a las respuestas que la nueva generación trae consigo. Porque sus preguntas, son las suyas, no las de la generación anterior. Lo que ocurre en las diversas religiones e iglesias son el reflejo del cambio de paradigma en el que la humanidad, se encuentra. Y las jóvenes generaciones de mujeres no están dispuestas a insertarse en espacios en los que se las ningunee. Ninguno. Han perdido el miedo a buscar nuevos espacios y formas ( los odres nuevos del Evangelio). Incluso presupuestos feministas de antaño, van quedando obsoletos, porque la solución es conjunta de mujeres y hombres. Los y las jóvenes lo tienen muy claro. Y el resto…a aprender, y apoyar en lo que se pueda y dejen. Saludos cordiales

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