Malasia, quema iglesias y templos
Los problemas han tenido su origen en la sentencia del tribunal superior de justicia de Malasia que autorizaba el nombre de Alá a ser utilizado por los cristianos. Nada que objetar, ya que el vocablo designa la palabra Dios en su lengua lo que la vecina Indonesia admite, pero no lo ha visto así una parte minoritaria de la población.
El alto tribunal ha tenido que dar marcha atrás tras la quema de una decena de iglesias, un convento y un templo Sikh en Kuala Lumpur. El primer ministro Najib Razak ha condenado los ataques y ha ofrecido compensación económica a la vez que ha aumentado la protección de los templos.
Dado que muchos grupos musulmanes, algo muy positivo, han publicado que no había nada que objetar al uso de Alá para hablar de Dios en las religiones abrahámicas, los comentaristas buscan razones políticas. Parece que el gobierno del actual presidente se ha debilitado mucho en los últimos meses y la oposición le acusa de debilidad frente a un partido ultraderechista en el gobierno que pretende defender la identidad musulmana malaya. De hecho, intentó no condenar a un grupo musulmán que ofendió los hindúes cortando la cabeza de una vaca y se le acusa de negligencia por no haber parado la quema de los templos en esta última oleada de violencia.
Sus detractores consideran que esta política permisiva puede incrementar este tipo de actos tan perniciosos en todas partes que ahuyentan el capital extranjero y al turismo. Hoy, Malasia aparece ante el mundo como un país tolerante que prospera económicamente y la mayoría de sus habitantes quiere que así continúe pero cuando los intereses del poder andan en juego… todo vale.

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