La princesa rubia

Todas mis nietas pequeñas, cuando hay ocasión de un regalo, piden cosas de princesas y que sean de color de rosa, algo que por lo visto se ha extendido como la pólvora. He relacionado este hecho con un concierto que la Asociación Hispano- Británica ha organizado hoy en memoria de la Reina Victoria Eugenia ya que se había celebrado reciéntemente el 40 aniversario de su muerte.
Esta princesa de cuento, rubia y bellísima, era una nieta muy querida de la reina Victoria de Inglaterra. Muerta su abuela la convidaron cuando tenía 18 años en 1905 a una cena en palacio en honor del joven rey de España, Alfonso XIII que buscaba princesa casadera para contraer matrimonio. La pareja se entendió y se casaron en 1906 ante la oposición de la madre del rey que no veía con buenos ojos a una protestante que podía transmitir la hemofilia a los herederos.
Hasta aquí el cuento de hadas es perfecto, un cuento del que despertó la princesa, ya reina, el día de su boda. Un anarquista, rico y culto, Mateo Morral decidió acabar con la vida de la joven pareja a los que arrojó una bomba, desde un balcón, dentro de un ramo de flores. El destino quiso que el bulto tropezara con los cables del teléfono desviando su trayectoria y cayendo sobre la multitud causando 30 muertos. El traje blanco de la novia quedó manchado de la sangre y su alma tintada por el horror del espectáculo.
No debió serle fácil adaptarse a un país tan distinto del suyo y bastante más atrasado. Tuvo que aprender el idioma y convertirse al catolicismo. Pero lo peor fue que dos de sus hijos, uno el príncipe heredero, nacieron con hemofilia y murieron jóvenes mientras que otro, quedó sordo por una enfermedad. Proclamada la república la pareja real, con problemas hacía tiempo, se separó yendo la reina a vivir de nuevo a Inglaterra. Pero el destino quería que fuera una emigrante eterna ya que cuando se declaró la II Guerra Mundial la invitaron a exilarse escogiendo como residencia, Lausanne en Suiza.
Mis nietas no entenderán que las princesas no vengan siempre envueltas en color de rosa y que los príncipes puedan un día abandonarlas pero ya tendrán tiempo de aprenderlo ¡De momento que sigan soñando!

One Response to “La princesa rubia”

  1. Yo pienso que meten a las princesas en el mismo saco de lo irreal, donde pueden estar con los unicornios o con Papá Noël.

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