¿Dónde estamos las mujeres en la Iglesia?

Reproduzco un artículo aparecido en Vida Nueva que creo puede ser del interés de nuestros lectores. La autora es Mª Dolores Díaz de Miranda, una monja benedictina y médica
Cuando a finales de octubre de 1958 se reunieron en cónclave los cardenales y se encendió la fumata blanca saliendo al balcón de san Pietro el que se convertía en el papa Juan XXIII, muchos analistas y cristianos no acertaban a saber si aquello era una broma o un despiste del Espíritu Santo –la Ruah divina–. Sintieron alivio al considerarlo un papa de transición. El papa “accidental”, en trece meses, hizo virar la nave de Pedro 360º, convocando un concilio. No cabe duda de que esa elección fue una broma del Espíritu Santo.
Hace unos días siete mujeres, siete religiosas limpiando el altar de la Sagrada Familia, se han convertido en una imagen impactante ante 400 millones de televidentes. Intuyo que se debe de tratar de otra broma del Espíritu Santo. Porque esas imágenes parecen haber logrado más que veinte siglos de lucha para que la Iglesia nos dé a las mujeres el lugar que nos corresponde.
En este hecho providencial o azaroso, unido al error de la TV3 y otros medios, que identificaron a estas religiosas con nosotras, monjas de Sant Pere de les Puel•les, resultó ser una nueva broma del Espíritu Santo. Gertrudis Nin, abadesa del monasterio, deshizo el error públicamente, aclaró que no somos monjas enclaustradas y lanzó la pregunta de cuál es el papel de la mujer en la Iglesia. Rápidamente pregunta e imágenes fueron difundidas.
Que nuestra abadesa se manifestará es lógico, pues si hay algo que caracteriza a la comunidad Sant Pere, desde hace más de 1.200 años en la ciudad de Barcelona, es luchar, a lo largo de su historia, por mantener la autonomía y libertad, frente a cualquier poder y su apertura en el entorno cultural en que vive, apertura que es reflejo del propio talante de la iglesia y de la sociedad catalana.
Quiero dar las gracias a esas siete religiosas –Auxiliares Parroquiales de Cristo Sacerdote– que con sencillez y sin ningún tipo de vergüenza por su trabajo en la Iglesia, acaban de encender un fuego de esperanza. Ellas nos han mostrado la fuerza de las bienaventuranzas, la fuerza de los limpios y sencillos de corazón espoleando nuestra conciencia, porque nos cuestionan qué vamos a hacer para que la iglesia cambie. ¿Cuántos hombres estarán dispuestos a compartir las tareas de limpiar el altar, planchar los purificadores, renovar las flores…? ¿Cuántos sacerdotes serán capaces de hacer en sus iglesias lo mismo que muchos hombres en sus casas? ¿Cuántos diáconos permanentes se darán cuenta de que están promoviendo la marginación de las mujeres al hacer unos servicios que hasta ahora hacíamos nosotras? ¿Cuántas mujeres seremos capaces de compartir nuestras tareas típicamente femeninas con los varones de nuestra iglesia sin sentir que perdemos nuestros “dominios”?
Desde niña he soñado con una sociedad y una iglesia en la que hombres y mujeres fuéramos iguales. A los siete años, se me metió en la cabeza ser monja. Como tal, he sufrido en mi propia carne los viejos estereotipos que pesan sobre nuestra condición femenina. En la comunidad de Sant Pere he encontrado algo presente en pocas comunidades monásticas femeninas: la posibilidad de desarrollar la capacidad intelectual. Hoy estoy realizando los estudios de doctorado, participo en congresos, colaboro en proyectos de investigación, publico estudios… y formo parte del equipo de la Escuela Feminista de Teología de Andalucía, EFETA.
Ni mi compromiso, ni mis sueños, ni mi sufrimiento, ni mi lucha han logrado lo que la imagen de las siete religiosas limpiando el altar de la Sagrada Familia. Esas imágenes me hacen reflexionar sobre las distintas formas del lenguaje. Y me hacen manifestar mi gratitud a cada una de ellas, al igual que a mi abadesa. Unas y otra han expresado con naturalidad y sencillez lo que viven, unas y otra recogen en sus gestos y en sus palabras la diversidad de nuestra Iglesia plural, unas y otra nos recuerdan que somos necesarias todas. Ellas, dignificando el trabajo que hacen y hacemos millones de mujeres, y nuestra abadesa, expresando con valentía deseos latentes y justos que albergamos en nuestro corazón también millones de mujeres. Esta es la pluralidad de la Iglesia de la que formo parte, la Iglesia que amo, en la que me he comprometido dar mi vida y ante la que se abre la pregunta: ¿Dónde estamos las mujeres en la Iglesia?

4 Responses to “¿Dónde estamos las mujeres en la Iglesia?”

  1. Pues a mí me sigue pareciendo vergonzoso ver a las religiosas limpiando el altar, dejemos de disfrazar las cosas y llamemoslo por su nombre porque no hemos visto a religiosas alzando su voz ni reivindicando nada ante el Papa, ni expresando su punto de vista ni con un papel activo: solo limpiando. ¿O es que las mujeres no hemos conquistado otro lugar en la sociedad? Me sigue pareciendo bochornoso que se justifiquen este tipo de cosas con falsas creencias. Qué poca capacidad autocritica. Así no creo que avancemos nunca.

  2. Tienes razón pero yo creo que la tesis de Mª Dolores es que el espectáculo fue tan bochornoso que hablaba por si solo

  3. Victoria, la cuestión es que en la Iglesia hay religiosas que están contentas con hacer lo que hacen, igual que en la sociedad civil hay mujeres que no necesitan que las cosas cambien. Nos hemos de respetar la unas a las otras. Yo no puedo alzar mi voz en nombre de todas las religiosas ni de todas las mujeres, pues mi voz refleja mi punto de vista, que comparto con muchas de vosotras pero que no es el único.
    Creo que hemos de respetarnos las unas a las otras, y pedir que las que deseamos que la mujer ocupe otros lugares seamos escuchadas.
    En Cataluña ha habido un buen revuelo y nuestra comunidad ha expresado en los medios de comunicación lo que tú y yo pensamos, pero lo ha hecho con delicadeza intentando no herir a las religiosas que hacen funciones muy secundarias, por no decir otra cosa.
    Ha habido críticas hacia nuestra comunidad desde sectores muy tradicionalistas, a nosotras nos interesa evitar el enfrentamiento y abrir espacio a la reflexión.
    Limpiar el óleo sagrado del altar según el ritual es cosa de los ministros, en sí no era nada denigrante, pero visualmente el poder simbólico fue tremendo
    He escrito otro artículo, que será publicado dentro de una semana en Catalunya Cristiana, ya verá cómo te lo hago llegar.
    Victoria, gracias

  4. Hola, me acabo de dar cuenta que el artículo que se publicará en Catalunya Cristiana es el que está colgado en el blog. Isabel me pidió el de Vida Nueva (publicado el día 27 de octubre) en documento Word para poderlo colgar en este blog y yo le envié, por error, el que aún está sin publicar.
    Lo siento.
    Victoria el artículo colgado expresa bastante bien lo delicado del tema dentro de la vida religiosa, por ser un colectivo en el que hay muchas disparidad de poniones entre las mujeres.

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