Acción o contemplación

Dentro de las diversas categorías de los seres humanos los hay más propensos a la actividad mientras que otros se inclinan por la vida más tranquila. También influyen las condiciones físicas o el estado de ánimo a la hora de escoger los parámetros en los que queremos que discurra la vida.

Dicho esto, tengo que reconocer que siempre me ha cuestionado el énfasis que ha puesto el cristianismo sobre el estado de contemplación pues el resto de las opciones de vida palidecían ante su excelencia. Puedo estar totalmente equivocada pero me parece que es una actitud que se genera desde una filosofía que despreciaba la materia, como cárcel del espíritu, y postulaba el estado ideal como una huida del mundo para, sin apoyos terrenos, poder concentrar la atención en Dios. Los eremitas del desierto fueron los mejores ejemplos en los primeros tiempos y hay toda una teología, que nace desde esta visión que me parece errónea. Doy un par de ejemplos: el abandono de los afectos humanos como contrarios al amor divino y el silencio, como virtud primordial, cuando la palabra es un talento único en el ser humano.

Miro el Antiguo Testamento y no veo nada de esto. Cuando Dios crea el mundo goza al ver que era bueno y en el Nuevo tampoco aparecen esas negatividades posteriores. El cristianismo es una de las religiones más carnales del universo. Nuestro Dios, no se encarnó mediante un disfraz, sino que tomó la carne humana con todas sus consecuencias y para colmo, la resurrección fue en cuerpo y alma lo que escandalizaba a muchos filósofos de comienzos de la era cristiana, que sentían desprecio por la materia. ¿No hubiera sido mejor que subiera el alma sin contaminaciones terrenas a los espacios divinos?

En la vida de Jesucristo tampoco encuentro nada que prime la contemplación. Se apartó del Bautista que sería una figura más próxima a este estado de vida y aunque es cierto que buscaba espacios de tiempo para relacionarse con el Padre el mayor peso de su actuación fue entre los hombres. A juzgar por el gran número de
episodios de comidas que relatan los evangelios, Jesús aprovechó este tiempo
precioso para hablar, escuchar, consolar y alentar a los comensales que se
sentaban a su lado. ¡Y nosotros declaramos ayunos! El resto ya lo conocemos, anunciaba la llegada de un reino de Dios que traía bienestar para los hombres y del que puso las primeras piedras. Una labor que no podía hacer solo y que precisaba la colaboración de sus seguidores para conseguirlo. Así lo entendieron sus primeros adeptos y así lo entiendo yo, pero debo estar en un error porque pocos participan de esta idea.

 

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