El cardenal Schönborn acude a Roma

Hace unos meses un grupo de católicos austriacos firmaron un manifiesto en el que se abogaba por la ordenación de las mujeres y de las personas casadas, por permitir que hombres y mujeres laicos preparados, solteros o casados, puedan oficiar misa y dirigir iglesias carentes de párroco, por aceptar que los divorciados puedan volver a contraer un segundo matrimonio religioso y que los protestantes puedan recibir la comunión. Una serie de medidas que chocan frontalmente con la doctrina oficial.

La iniciativa corrió a cargo de un sacerdote, Helmut Schuller, que había estado al frente de la Caritas austriaca durante muchos años. En una entrevista concedida a un diario confesó que había recibido el apoyo de multitud de grupos católicos de todo el mundo pero lo que más estupor produjo, es la afirmación de que entre los firmantes se encontraban 400 sacerdotes de su país, un número nada despreciable de heterodoxos.

El cardenal expresó su sorpresa por la iniciativa y recordó a los sacerdotes rebeldes que han hecho libremente voto de obediencia a su obispo cuando fueron ordenados, “por lo que quien rompa este principio disuelve la unidad”. También les advirtió que las cosas no podían continuar de esta manera y que las personas que decidieran caminar por la senda de la disidencia tendrían que afrontar las consecuencias.

Una advertencia, que me recordaba la carta que un colectivo amplio de sacerdotes de Gerona, Joan Alsina, publicó en los medios y en la que reivindicaban las mismas cosas que sus compañeros austriacos. No recuerdo que les haya pasado nada.

El «Salzburger Nachrichten» informa de que a instancias del cardenal y Arzobispo de Viena, Christoph Schönborn se ha celebrado recientemente una reunión en Roma con el papa y otros dos prelados de Austria, para tratar los caminos a seguir por la situación creada por este numeroso grupo de sacerdotes austriacos «heterodoxos».

No será fácil la decisión que adopte, ya que la Iglesia, en este momento de penuria vocacional, no puede renunciar a 400 presbíteros, un porcentaje muy alto de los sacerdotes con los que cuenta en Austria. En cambio, cuando una monja se atreve a decir que es partidaria de la ordenación femenina, toda la ira de Roma cae sobre su cabeza, lo que me parece injusto. Hay que escoger entre la guillotina o el café, pero como decía Adolfo Suarez “para todos” igual y no se está haciendo.

 

 

 

 

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