Mujeres en la Iglesia: diálogo

El pasado 28 de Abril, se llevó a cabo en la Pontificia Universidad Antoniana de Roma, el Congreso: “Mujeres en la Iglesia: perspectivas en diálogo” (“Donne nella Chiesa: Prospettive in dialogo”). Dicho encuentro se realizó gracias a la iniciativa de dos mujeres la Hermana Mary Melone (primera mujer rectora de dicha Universidad) y la embajadora de Chile ante la Santa Sede, la Sra. Mónica Jiménez de la Jara. La Hermana Melone, fue quien dio la bienvenida y pronunció las palabras inaugurales del Congreso, en donde afirmó que el programa de dicho evento, es resultado de la llamada constante e insistente del Papa Francisco, a la participación activa de las mujeres en la Iglesia que suscita varios interrogantes: ¿Cómo ampliar los espacios para las mujeres dentro de la Iglesia?¿Cómo contribuir para que ocupen roles en la toma de decisiones?¿Cómo hacer para que la riqueza de su pensamiento sea reconocida y valorada? ¿Qué podemos hacer para que la teología elaborada por ellas desde hace décadas, esté presente en los círculos oficiales del mundo teológico?

Dicha participación de las mujeres  en la Iglesia, abre una multiplicidad de temas  complejos como: la manera de entender la relación hombre-mujer, la forma de pensar lo masculino y lo femenino a la luz del acto creador, la dinámica de concebir la visión de comuniónkoinonia” de la Iglesia, y su postura al interior de los ministerios de poder “potestas” y de servicio “diakonia”.

Enfatizó las dificultades que las mujeres han encontrado y encuentran al participar en la vida eclesial y de la falta de reconocimiento, visibilización y valorización del trabajo pastoral confiado a las mujeres, el cual, no les concede ninguna autoridad, ya que se inserta en lo sencillo y lo cotidiano. Destacó necesario abrir la posibilidad de repensar el rol de las mujeres en la Iglesia y replantear el de los hombres, para trazar nuevas responsabilidades paritarias, de acuerdo a las directrices indicadas  por el Papa Francisco, que invitan al combate de los prejuicios, reivindicaciones y sospechas en aras de la disponibilidad de construir juntos y juntas. La Hermana Melone finalizó su saludo con una frase contundente y llena de certeza: “Nosotras, mujeres de la Iglesia, no somos huéspedes, sino somos Iglesia y queremos serlo siempre más intensamente”.

El Cardenal Gianfranco Ravasi, Presidente del Consejo Pontificio de la Cultura  sus palabras reconociendo que la presencia de la mujer a lo largo de la historia ha sido invisibilizada y que hay que superar el pasado que  el tribunal de la historia juzgará. Invitó a la audiencia a ir más allá, a una mirada que apunte hacia el futuro “Hay que archivar ciertas cuestiones, para superarlas.”

La doctora Cettina Militello desarrolló la conferencia magistral: “Modelos pasados: desafíos actuales” y en sus palabras fue prudente y a la vez sumamente valiente al decir las cosas por su nombre. Inició reconociendo que la afirmación del Cardenal en cuanto a superar el pasado, ponía en “crisis” el título de su conferencia, ya que ella quería empezar precisamente por asumir y reconocer el pasado pues para comprender la situación actual de las mujeres, y su proyección futura, son necesarias: reconducir los modelos del pasado y abrirse a un diálogo intercultural. Sostuvo, que es indudable que la misoginia bíblica es un discurso inculturado, ya que aunque sabemos bien que el amor humano es un reflejo del pacto que Dios mantiene con su pueblo; el paradigma del amor de pareja que se proclama, recalca en la relación nupcial la potencialidad divina del hombre y el límite de la mujer como creatura. Así que la misma categoría esponsal establece una relación dispar entre el hombre y la mujer a nivel social, religioso y moral.

Hizo referencia a la diversidad de escritos del NT en los que gracias a estudios elaborados (muchos de ellos, actualmente en investigación), se vislumbra un discipulado de iguales en la comunidad jesuánica pero una parte del discipulado original, viene mediado por los hagiógrafos que inevitablemente transmiten al pueblo su visión antropo-religiosa patriarcal.

Cettina subrayó que el cristianismo aporta la novedad de que formar parte de esta comunidad no conlleva ninguna discriminación. La iniciación cristiana es idéntica tanto para los hombres como para las mujeres. Sin embargo, la equivalencia en el orden de la gracia, no supone una analogía en el plano social ni jurídico, la mujer se mantiene subordinada a lo largo de la historia y por ello excluida de una subjetividad de tipo religiosa, política y moral. Las mujeres enfrentadas ante situaciones adversas, han buscado reconstrucciones alternativas ya que siempre han estado y han ejercitado su sacerdocio, su realeza y su profetismo.

El que las mujeres empezaran a trabajar saliendo del ámbito privado para ocupar puestos en el ámbito público, y el que obtuvieran el derecho al voto, se consideró como una amenaza, la cual provocó que los modelos transitaran de la desigualdad a la paridad desigual, sin poder evitar que la mujer siguiera estando subordinada a la autoridad del padre, del marido, del varón, tanto en la esfera social como en la eclesial.

El periodo posconciliar significó un gran avance para las mujeres, sobre todo en el acceso que tuvieron al estudio de la teología que aportaba herramientas con las que fueron capaces de cuestionarse sobre su rol y presencia en la Iglesia. El punto de mayor tensión destacó Militello, ha sido la discriminación de las mujeres del Ministerio del Orden tanto que en 1994, el acceso de las mujeres anglicanas  al Ministerio del Orden, provocó que  la Iglesia Católica diera por concluidas las cuestiones debatidas y el tema quedara cerrado.

Dicho lo anterior, Milittello prosiguió su ponencia abordando el problema al cual el Cardenal Ravasi se refirió como uno de los más dramáticos ante el horizonte presente: la cuestión de género. El género como objeto clasificatorio, ofrece la ventaja de desenmascarar el hecho de que los roles que desempeñan hombres y mujeres han sido asumidos de manera natural. A su vez agregó que contra la negación del valor original de la sexuación la Congregación de la Doctrina de la Fe, ha estigmatizado la categoría de género, reconociendo la antropología de los sexos sobre constructos de modelos tradicionales. Afirmó, que las preocupaciones legítimas de los enfrentamientos de las teorías radicales de género, llevaron tanto al Papa Benedicto XVI, como al Papa Francisco a satanizar la categoría de género.

En tiempos posconciliares hay gran diversidad de modelos, como el de una igualdad indiferenciada, el de la complementariedad y el de la reciprocidad, con el que ella se siente más cómoda ya que: “permite tanto a hombres como a mujeres, reconocerse en su diferencia como seres plenos y en autónomos”.

La Iglesia tiene el desafío de adquirir una postura ideológica más abierta, para ser consciente de los cuestionamientos que la interpelan, y no cerrarse en una apologética que desgraciadamente se ha vuelto siempre improductiva y estéril. Es indispensable para el futuro hacer una lectura equilibrada, no mitológica de la relación entre los sexos, una frase que ilustró destacando el don de profecía, que implica discernimiento, capacidad crítica y lectura de los acontecimientos presentes para orientarlos hacia el futuro. Son cosas que las mujeres pueden y deben hacer para potenciar el crecimiento de la comunidad cristiana pues si partimos de, que las mujeres somos Iglesia, debemos gozar de total participación y derechos que los sacramentos de iniciación nos conceden.

Una Iglesia Católica, apuntó, con mayor presencia femenina en los puestos de liderazgo y con capacidad de decisión, contribuiría definitivamente a mejorar no sólo a la Iglesia, sino a la humanidad, siempre y cuando no se recalcase el acento solamente en la reivindicación de los puestos de poder. Las mujeres, están contribuyendo de manera directa a la reforma de  la Iglesia, intentando superar los modelos obsoletos de poder, aprendiendo y proponiendo vivir en un modelo de verdadera comunión

Antes de concluir su discurso, la doctora Cettina, definió el modelo de la Iglesia Católica, como modelo eurocéntrico. Empleó la metáfora de la diversidad de lenguas escuchadas en Pentecostés, para preguntarse, ¿cuál es la lengua que debe vehicular la voz de las mujeres de los otros continentes? ¿Cuál es el ejercicio de corresponsabilidad que se les presenta en el horizonte de sus iglesias? ¿Cómo incluir sus voces y reconocer la gran diversidad cultural en el quehacer teológico? Es urgente superar los modelos culturales occidentales, promoviendo un diálogo intercultural y liberando del colonialismo a otras culturas.

Europa ya no es el corazón del mundo, el centro se ha desplazado. Necesitamos escuchar las voces de las mujeres de todo el orbe, que revisen su pasado para que lean críticamente los acontecimientos presentes y que se abran a la profecía de un futuro diverso del cual han sido herederas. Para finalizar, apuntó que ya no podemos mantenernos indiferentes ante las injusticias actuales, el hambre, la pobreza, las persecuciones religiosas, la imposición de una ideología religiosa sobre otra. Tenemos que aceptar la energía nueva que aportan a la Iglesia todas las culturas.

El acto concluyó con un panel sobre la situación de las mujeres y la Iglesia Católica en el mundo. Es importante reseñar el mensaje de la teóloga chilena, Carolina del Río, que se fundó en que “existen dos fenómenos que ocupan un papel preponderante en la configuración de  identidades en el Continente Latinoamericano, el machismo  y el “marianismo”. El primero dijo, se basa en la idea de superioridad del hombre sobre la mujer. Y el segundo, la ambigüedad de la imagen de la Virgen, que se ha utilizado para manipular y marginar a la mujer latinoamericana.

La Hermana Mary Melone concluyó la jornada afirmando que:ya es hora que la Iglesia deje de hablar de la mujer y se disponga a hablar con las mujeres”.

He sacado el texto de Marisa Noriega (permitiéndome acortarlo) por lo que ofrezco el original https://eclesalia.wordpress.com/2015/06/03/mujeres-en-la-iglesia-perspectivas-en-dialogo/

 

 

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