EL HOMBRE Y LA MUJER, EL LOBO, Y LA TIERRA

EL HOMBRE Y LA MUJER , EL LOBO, Y LA TIERRA
Jerónimo Aguado Martínez
Pensé que el enfrentamiento entre ecologistas y ganaderos sobre la problemática que sufren éstos ante los ataques del lobo y otras especies de la fauna silvestre había pasado a la historia. Pero no, parece ser que no, el conflicto está servido.
Jugar a demostrar quien es más ecologista, si los agricultores o los grupos medioambientalistas que lideran la defensa del canino, es perder energías y no abordar el problema como es debido.
Un servidor no habla por hablar sobre el tema que nos ocupa en el presente artículo, me encuentro entre los que ha sufrido las consecuencias de los ataques del lobo. Mi rebaño de ovejas ha sido presa del CANIS LUPUS SIGNATUS y por ello no he recibido ninguna compensación económica al encontrarme fuera de la zona delimitada por las autoridades competentes. También sufro todos los días como avicultor ecológico los ataques de diversas especies de la fauna silvestre, entre las que cabe destacar los zorros, visones, comadrejas, milanos reales, aguiluchos cenizos, y hasta los buitres hambrientos a más no poder que se encargaron de comer las ovejas atacadas por el lobo antes de que viniera el servicio de recogida de animales muertos. Toda una aportación al mantenimiento del ecosistema sin ninguna compensación económica que amorticen las pérdidas reales.
Pero, cuál es la causa que genera el incremento de tanto ataque que ha llegado hasta las puertas de los animales domésticos? . Sin lugar a dudas, no es otra que el desequilibrio medioambiental, la cadena de la vida del mundo animal se ha roto por mil sitios, una ruptura provocada por el modelo de desarrollo económico y productivo que hemos construido y afianzado en los dos últimos siglos, donde todo vale con tal de prevalecer los antojos de una de las especies de dicha cadena que se considera superior (homo sapiens) ; y, entre los miembros de dicha especie, una minoría de personas que no cesan de forzar la máquina del productivismo y el consumo sin límites, para enriquecerse ilimitadamente, y a costa también de sus propios semejantes; o sea, los seres humanos desplazados de la mesa de los manjares, los mil millones de personas que ni siquiera pueden atacar en los corrales domésticos para saciar el hambre, como hace le lobo.
Pero en este paquete de problemas nadie puede irse de rositas y traspasar la responsabilidad a los otros, sean ganaderos que se enfrentan al canino predador que destruye sus rebaños, o los ecologistas que pelean por que el censo del lobo aumente.
Está claro, los ganaderos no podemos ser los únicos paganos de un problema que es de la sociedad, pero tampoco podemos encubrir nuestra parte de responsabilidad. El modelo de agricultura practicado en los últimos 50 años tiene poco de ecológico (en contra de lo que afirman algunos dirigentes de la derecha agraria que por el mero hecho de ser titulares de una explotación agrícola se autoproclaman en los mejores cuidadores del medio ambiente) y ha sido una catástrofe en términos sociales y medioambientales. La agricultura moderna e industrializada impuesta por los conglomerados agro industriales, y abrazada por la mayoría de los agricultores, en vez de cumplir el objetivo regulador de los ecosistemas ( como lo hacía la agricultura tradicional) a la vez que se producían alimentos, ha cumplido justo el papel contrario, generar desequilibrios medioambientales, romper en mil pedazos las fuentes de la vida al forzar los sistemas productivos, agotar la vida microbiana de los suelos, hacer desaparecer gran parte de la biodiversidad agrícola y de la fauna y la flora silvestre, todo ello sin olvidar la desaparición sistemática de los propios agricultores, convirtiéndose así en las primeras victimas de un modelo agrícola y ganadero fundamentado en tirar piedras a su propio tejado.
En la otra orilla nos encontramos los consumidores y consumidoras, todas las personas que sin querer abrazamos el modelo de desarrollo vigente, nos beneficiamos directa o indirectamente de él, e incluso nos pone muy nerviosos pensar que nuestros niveles de consumo tendrían que disminuir drásticamente para que toda la población mundial pueda disponer de lo imprescindible para poder vivir. Es decir, si existe un modelo de agricultura súper intensivo e industrializado y agresivo para con el medio natural, es porque existe una población que desea tener a su alcance todos los alimentos del mundo en las estanterías de un centro comercial cerca de nuestras casas.
Dónde está pues la solución?. Pues sin lugar a dudas, no está en los enfrentamientos entre agricultores, ganaderos y medioambientalistas; sino, en la capacidad que tengamos de diálogo para caminar juntos en la defensa de unos ecosistemas con vida para poder desarrollar una agricultura duradera y no dependiente de corporaciones transnacionales, que son las que verdaderamente se benefician de la locura del productivismo agrario.
Necesitamos abandonar los debates sectoriales y parciales para abordar juntos el problema del lobo desde una perspectiva de defensa medioambiental más global…. Y ello pasa, no solo por liderar discursos técnico ideológicos; sino, por replantear nuestros modos de vida, hoy muy lejos de la idea de un desarrollo a escala humana, y que no es posible hacerlo si no entendemos que nuestra especie sólo sobrevivirá si sobrevive el conjunto de especies y de seres vivos que conforman la diversidad de ecosistemas, y entre ellas el lobo.
Para ello se necesita iniciar procesos de recuperación del valor de la vida, de restaurar los ecosistemas deteriorados como fruto de la imposición del modelo de desarrollo capitalista, donde siempre ha primado el lucro y el beneficio de sus resultados para una minoría privilegiada, y donde se ha puesto al borde del abismo la sostenibilidad del planeta tierra.
Y mientras estos procesos toman forma y nos ofrecen los resultados deseados, las instituciones públicas tienen que dar respuestas. Los ganaderos y ganaderas no pueden ser los únicos paganos del mantenimiento de la fauna silvestre. Ellos y ellas, que en estos momentos sufren una situación económica caótica ante el hundimiento de los precios de sus productos, y que son a su vez las personas que más aportan al mantenimiento de un mundo rural vivo, viviendo en los pueblos, manteniendo una de las pocas actividades que generan empleo en los mismos, y produciendo alimentos de calidad, no pueden soportar más cargas económicas a sus espaldas.
Hemos de unirnos todos, colectivos ecologistas, organizaciones que verdaderamente defienden a los que trabajan y viven en y del campo, y todas las persona sensibles a la apremiante tarea que tiene el ser humano de vislumbrar un mundo donde quepamos todos los seres vivientes, exigiendo a las Instituciones Públicas que no escurran el bulto, que dejen de tomarnos el pelo, de enfrentarnos a las partes que tendríamos que caminar juntos y desviando la responsabilidad que les corresponde: asumir todos los costes ( morales y económicos, animales muertos y heridos, la pérdida de renta que supone recuperar la cabaña,.. ) con celeridad para que los ganaderos y ganaderas puedan sobrevivir, antes de que tengamos que declararles especie a punto de extinguir.

FEBRERO 2012

One Response to “EL HOMBRE Y LA MUJER, EL LOBO, Y LA TIERRA”

  1. simplemente brillante la forma de explicarnoslo, cada problema es mucho mas complejo de lo que parece y no conviene simplificar: no solo es malo el lobo

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