CAMBIO DE RUMBO: DESAPRENDER LA CULTURA DEL AMO
Jerónimo Aguado Martínez
Se que resulta difícil resituarnos, volver al lugar que nos corresponde como seres con capacidad para gestionar nuestra vida y nuestra pequeña parcela de la historia humana. La crisis económica provocada por tanta codicia acumulada de unas minorías, nos ha pillado con el paso cambiado.
Años de bonanza material, sin reflexión alguna del por qué de tanta abundancia a nuestro alrededor, más para unos que para otros, han trastocado nuestra razón de ser como personas. Hemos confundido derechos humanos y universales con Estados del bienestar infinito, a costa del malestar de las dos terceras partes de la humanidad.
Un cebo envenenado: consumo y crecimiento sin límites, pilares fundamentales para que el modelo de desarrollo vigente, fundamentado en la codicia y en la explotación de la naturaleza y del propio ser humano, siga funcionando.
Pero a pesar de que dicho sistema no funciona, no acabamos de enterrarlo, porque intuyo que hemos asumido la cultura del amo, ese valor omnipresente que se ha inoculado en nuestros genes a través de nuestras formas de vida. También la hemos incorporado en nuestra estructura emocional y mental; tanto es así, que sin ellos (EL PODER DEL DINERO) nos quedamos huérfanos, hasta el punto de rogarles que sigan con sus tropelías para que nuestros puestos de trabajo se mantengan a cambio de una parte ínfima de la riqueza producida colectivamente.
Pensadores como Carlos Marx, Eric Fromm o Paulo Freire ya lo anunciaron, el mayor éxito del sistema es la construcción de un tipo de persona alienada, que llega a disfrutar siendo víctima de su propio verdugo.
Algunos de nuestros comportamientos cotidianos muestran como sin a penas darnos cuenta estamos tirando piedras a nuestro propio tejado:
En el campo, la supervivencia de los agricultores más emprendedores se ha hecho a costa de hacer desaparecer a miles de compañeros y compañeras campesinas con menos espíritu para ser competitivos. Ésta misma lógica hoy aniquila a miles de ganaderos que hace unos años modernizaron sus ganaderías a costa de cerrar todas las pequeñas granjas al no considerarse rentables.
La cesta de la compra la adquirimos en las grandes superficies que controlan los mercados de alimentos a nivel planetario y arruinan a los campesinos y campesinas del norte y del sur.
La mayoría de la población de los Países prósperos (si es que ahora lo seguimos siendo…) consumimos insaciablemente por encima de nuestras necesidades vitales para que la máquina del productivismo no se nos pare. Es más, a la crisis sólo la vemos una salida: reactivar el consumo, para reactivar la producción, para la creación de nuevos empleos.
Nuestro dinero se lo entregamos a los banqueros para que especulen con ello, los mismos que ahora dicen estar en banca rota, saliendo una vez más airosos y con desparpajo de sus descalabros financieros mediante la inyección multimillonaria de fondos públicos.
Los padres llevamos a nuestros hijos a las universidades que les formarán como buenos especialistas para dar respuestas técnicas a las necesidades del sistema.
Los soñadores de un mundo mejor nos enganchamos a internet como la mejor herramienta para hacer la revolución, olvidándosenos que dicha tecnología no está en manos del pueblo.
El dolor del hermano hambriento, desahuciado, marginado, no lo comprendemos hasta que no lo sufrimos en nuestras propias carnes.
Y para colmo, pedimos clemencia a nuestro amo explotador por los pecados cometidos, rindiéndonos a sus pies para que no cierren sus empresas, no destruyan más puestos de trabajo, se produzca lo que se produzca en dicha en empresa.. Que más da!!
Es más, soñamos con el restablecimiento de la economía a gran escala, el consumo sin límites y el estado del bienestar como modelo redistributivo de las migajas del festín de los poderosos de este mundo.
E insistimos en la bondad de un sistema democrático, como el menos malo, con alto grado de deslegitimación de sus instituciones al no dar respuesta a las necesidades básicas de la gente, instituciones plagadas de políticos y responsables públicos corruptos.
Tanta sumisión e interiorización de la cultura del amo, nos impide ver el bosque de posibilidades que tenemos en nuestras manos, cuando desaprendamos los valores que nunca tuvimos que aprender.
Hoy tendríamos que felicitarnos al comprobar en carnes propias que el modelo de desarrollo capitalista no funciona; o, mejor dicho, sólo funciona, cuando al ser humano, se le convierte en un esclavo; a la naturaleza, en un lugar de donde extraer todo cuanto se pueda, sin reponer nada a cambio; y, a las instituciones públicas, contemplarlas como meros casinos donde se juega con el dinero del pueblo.
Desaprender la cultura del amo es una de las lecciones pendientes para abordar el futuro de la humanidad, una sociedad nueva, sin amos ni esclavos, más bien personas que recuperan el poder de tomar las riendas de su propia vida.
Las cientos de movilizaciones ciudadanas diarias que en el Estado Español, en Europa, y en el resto del mundo, se están llevando a cabo para denunciar tanta injusticia y tantas tropelías del sistema capitalista contra los pueblos del mundo, serán mucho más fructíferas si somos capaces de plantear un cambio de rumbo.
¡Nunca el futuro lo podremos construir aplicando los mismos fundamentos y los mismos valores que lo destruyeron!
ENERO 2013

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