¡Nos roban la tierra y nos expulsan de nuestros pueblos!

¡NOS ROBAN LA TIERRA Y NOS EXPULSAN DE NUESTROS PUEBLOS!
Custodiar la tierra para una agricultura social
Jerónimo Aguado Martínez
Cargill, multinacional norteamericana y la mayor comercializadora del mundo de materias primas agrícolas, compró hace unos meses 90.000 hectáreas en Colombia. El Gobierno de Etiopía, también muy recientemente, obliga a 70.000 indígenas de la región de Gambella a dejar sus tierras para dedicarlas a cultivos energéticos, en un País donde el hambre y la desnutrición claman al cielo. En los últimos años más de 80 millones de hectáreas han sido compradas o alquiladas por inversionistas que ven en la tierra el próximo negocio de futuro.

El derecho a la tierra para trabajarla y poder vivir de ella y con ella, es socavado y perseguido cuando éste se reclama. El acceso a la tierra para poder alimentarse sigue siendo el anhelo de millones de campesinos y campesinas en muchas partes del mundo. Pero, la tierra cada vez se aleja más de las manos de las que la trabajan o de las que la necesitan como principal medio de supervivencia. También se aleja de su función social y está cada día más al alcance de especuladores, amasadores de fortunas ilícitas; y especialmente, de la industria agroalimentaria, que ve en su privatización la mejor forma de asegurar sus negocios y conseguir el control absoluto de los alimentos.

Los procesos de reforma agraria se paralizan en la mayoría de los países del mundo, y las nuevas políticas agrícolas globales se orientan hacía la mercantilización de la actividad agrícola, donde la privatización de la tierra juega un papel fundamental, en una estrategia de dominio absoluto del gran capital sobre los derechos de los pueblos.

En nuestro País no somos ajenos a esta realidad. Bajo sistemas más sibilinos poco a poco la tierra es acaparada por unos pocos, sociedades anónimas que encabezan la lista de los mayores perceptores de ayudas de la PAC. El reparto injusto que históricamente hemos vivido (no podemos olvidar la configuración histórica de la estructura agraria con gran presencia del latifundio) y la intensificación agrícola ha permitido la creación de unidades productivas cada vez más grandes, a costa de la desaparición de un tejido productivo que estaba en manos de pequeños y medianos agricultores.

A todo este fenómeno podríamos añadirle la brillante idea de hacer desaparecer las pedanías, Juntas Vecinales y pequeños Ayuntamientos, operación que tiene como telón de fondo la privatización de los bienes comunes, entre los que se encuentran las tierras de los pueblos, públicas y comunales.

El despoblamiento del medio rural tiene mucho que ver con este fenómeno. El modelo agrícola que se impone en todo el mundo, basado en el productivismo sin límites, muy dependiente de la industria agroalimentaria y apoyado por las políticas públicas, especialmente la PAC, se ha especializado en la expulsión permanente de los agricultores y agricultoras de sus territorios, para facilitar la entrada de conglomerados financieros que ven en el sector primario un negocio de futuro sin precedentes.

Todo este proceso está impidiendo que se mantenga la agricultura local y campesina, basada en pequeñas producciones de calidad, destruyendo las redes locales de distribución que aseguraban alimentar a la gente.

El acaparamiento de tierras se hace imparable, los pequeños propietarios se rinden y su tierra, la que les permitió vivir (no ganar dinero) en los pueblos durante siglos, es usurpada por los grandes propietarios o por sociedades de las que nadie conoce su procedencia, anulando con ello todas las posibilidades de acceso a la tierra a nuevas agricultoras y agricultores, todo un movimiento esperanzador de gente que quiere regresar al campo. Pero sin tierra es difícil vivir en los pueblos!

Frente a esta problemática aparecen nuevos desafíos para la sociedad civil. En diferentes comarcas del Estado Español pequeños grupos rurales se organizan para defender su tierra, creando sistemas que permitan frenar el acaparamiento por entidades que no tienen vínculo alguno con los territorios, a la vez que van permitiendo, bajo diferentes fórmulas, el acceso a la a la misma a personas que quieren ser agricultores y agricultoras y vivir en el medio rural.

La tierra, junto al agua y las semillas han de ser patrimonio colectivo, custodiado por los campesinos y las campesinas que practican un agricultura viva, productora de cultivos que alimenten al mundo , a la vez que mantienen vivos nuestros paisajes y ecosistemas, nuestras culturas y nuestros pueblos.

El desafío no es otro que impedir que las tierras de nuestros Padres y Abuelos vayan a parar a especuladores sin escrúpulos, a los que nada les importa que los pueblos se cierren y que nuestros campos se conviertan en desiertos.

Hace unos meses que en Palencia surge una de estas iniciativas, un grupo de personas ha decidido crear la RED CUSTODIAR LA TIERRA.

Los promotores y promotoras de dicha iniciativa pretenden poner en comunicación a propietarios (que por diferentes circunstancias ya no trabajan el campo) y comunidades locales, junto a futuros nuevos agricultores y agricultoras, dos actores clave que con diferentes modalidades de acuerdo entre las partes, darán un uso ético y social a nuestros campos, frenando el acaparamiento y la especulación, y ayudando a poner en práctica una agricultura local, campesina, y en alianza con los consumidores y consumidoras.

El reto no es otro que custodiar nuestras tierras para que puedan seguir alimentando a la gente, generando trabajo, vida y esperanza en un mundo rural vivo.

PARA MÁS INFORMACIÓN SOBRE EL FONDO DE RESERVA DIRIGIRSE:
custodiarlatierra@gmail.com

MAYO DE 2013

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