Hambre y sed de sentido

“Lo trascendente tiene que ver
con la experiencia del asombro,
de la admiración, de la gratuidad”Acompañar-Digital_14

Estamos viviendo un cambio acelerado en el contexto de una globalización económica liderada por el neoliberalismo y la primacía del capital. Entre otras características, las generaciones más jóvenes viven instaladas en el “presentismo” “inmanentista” y “autosuficiente”. Querámoslo o no, asistimos a un cambio de época, con sus riesgos y sus oportunidades.
Dios ha dejado de ser una hipótesis razonable en las sociedades mal llamadas “desarrolladas”. Sin embargo, desde la JOC entendemos que este tiempo que nos toca vivir es una oportunidad, un “Kairós” que nos regala el Padre/Madre Dios para que lo encontremos a Él y lo experimentemos donde Él quiere ser hallado y disfrutado.
La Iglesia, si quiere ser fiel al Evangelio, no puede situarse frente al mundo, sino compañera de camino, cómplice de sus anhelos y aliada de sus búsquedas. Sin miedos y sin prejuicios los cristianos nos sentimos convocados a interpretar los nuevos signos de vida que se dan hoy en el mundo, así como a identificar las aberraciones que atentan contra la dignidad de las personas y la vida del planeta; dispuestos a dar una respuesta desde el Evangelio.
Ante la realidad, no cabe la huida, el rechazo, la lamentación continua; desde la fe entendemos que la vida en su complejidad nos ofrece mil lecciones y oportunidades. Todo tiempo es momento de gracia y momento propicio para experimentar el amor incondicional del Padre/Madre Dios. Ahora bien, el momento presente exige una Iglesia con buenos reflejos para mantener lo esencial que da sentido a la vida de las personas y al mismo tiempo que sea capaz de generar formas nuevas y flexibles de presencia y de pastoral que den respuesta a los nuevos interrogantes.
Una vez más, en la preparación del Consejo, en el bullir de la vida de la JOC, hemos acogido los múltiples signos de esperanza que manifiesta la riqueza que encierra la vida de los jóvenes y hemos agradecido también los signos de esa “presencia divina” que los trabaja desde dentro. Ser testigos de ello nos impulsa a todos en la JOC a ser capaces de cultivar y de poner nombre a la realidad trascendente presente en sus vidas, que configura el quehacer del movimiento, embellece el rostro de la Iglesia y da color a un mundo que a veces se muestra hermético, pesimista y gris.
Estamos convencidos de que hay dinamismos en la sociedad y en la Iglesia que pueden hacer fracasar los peores pronósticos y dar a luz algo radicalmente nuevo y humanizador. La fe en Jesucristo es uno de esos dinamismos: es capaz de romper toda una cadena de descalabros y generar una novedad más humana. Porque el verdadero progreso es “el tránsito de condiciones menos humanas a más humanas”. Lo trascendente tiene que ver con la experiencia del asombro, de la admiración, de la gratuidad. Estamos convencidos que el cultivo de estas experiencias en la vida cotidiana constituye una antesala de la experiencia de Dios en la vida de los jóvenes. Tarea que para nosotros constituye un reto permanente. Somos testigos de que los jóvenes de hoy también tienen “hambre/sed de sentido”. Hambre y sed que suelen expresar, si estamos atentos, ante la vulnerabilidad, en la fragilidad, los fracasos, la enfermedad o en las experiencias de muerte de algún ser querido; acontecimientos ante los cuales
todos experimentamos conmoción y desconcierto.

Secretariado General de la JOC
Comunicado de la Consiliaria
en el 48 Consejo General

Publicado en el Boletín Acompañar elaborado por consiliarios y acompañantes de la JOC

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