Santamente Rebeldes

Lo que estamos viviendo y padeciendo en la barriada de la Paz es denigrante. Tres días prácticamente sin luz en pleno mes de enero. Toda actividad humana casi paralizada, niños/as que no se levantan a tiempo para ir al colegio, padres desesperados por no saber cómo combatir el frio, discusiones en las esquinas, en los bares.
Se suceden los días con apagones cada vez más frecuentes y prolongados. La vida en estas circunstancias no se puede desarrollar con normalidad y cada día que pasa la situación va a peor; soy testigo de que en los cuatro últimos años la situación se va deteriorando paulatinamente.
Las familias que dependen de la electricidad para cocinar no pueden hacerlo. Un frío que por mucha manta que te pongas no te permite entrar en calor. Niñas/os, adolescentes y jóvenes que han vuelto del colegio y se han encontrado que el problema de la luz sigue sin resolver. Las tiendas del barrio, así como los/as educadoras/ es de la zona, los/as trabajadoras/ es públicos (servicios sociales) no pueden realizar su labor. Las/os jóvenes que están haciendo bachillerato o módulos no pueden estudiar ni en sus casas ni en los locales que algunas instituciones como la parroquia tenemos destinados a ese fin.
Las/os enfermas/os que necesitan condiciones favorables para recuperarse no las encuentran. Por la noche es de pánico transitar por las calles a oscuras; el calor solo lo encuentras si puedes hacer una candela en la puerta de la casa. Ritmos de vida que se rompen, tensiones a flor de piel, “todos contra todos”.
Luego, los medios de comunicación ‐ que sirven a los que les pagan‐ hablarán de las inversiones que Endesa hace, nuestros políticos expondrán a bombo y platillo medidas (insuficientes, parciales) que no llegarán a ejecutarse. De cualquier manera, unos y otros, para no asumir la responsabilidad que les corresponde, nos culpabilizaran y, como viene ocurriendo, una vez más la opinión pública acabará criminalizándonos. Sin embargo, no hablarán del tendido eléctrico que está obsoleto, ni de las personas que pagan los recibos y no tienen el servicio, o de aquellas que quieren regularizarlo y se encuentran con dificultades económicas y con protocolos interminables, tampoco se dirá nada de los electrodomésticos que se han averiado, ni de los alimentos que hemos tenido que tirar a la basura. Nadie hablará de las consecuencias tan perjudiciales que la falta de fluido eléctrico tiene para la salud pública, sobre todo para los más vulnerables: niños/as y ancianos/as. Desgraciadamente nadie hará referencia a que todo esto está incidiendo en una población que acumula carencias y que esta situación no hace sino agravar los conflictos y truncar el desarrollo de todos los planes educativos que se están llevando a cabo en el distrito.
Tampoco nadie denunciará las «desmedidas» actuaciones «públicoprivadas» (empleados de Endesa acompañados por la policía nacional cortando el suministro eléctrico indiscriminadamente a calles enteras) actuaciones que se hacen con frecuencia sin la presencia de un/a trabajador/a social, que evalúe y acompañe las dramáticas situaciones que viven muchas de estas familias.
El lunes, jornada que transcurrió toda ella sin luz, para tener la reunión del arciprestazgo tuvimos que desplazarnos a los locales de la “fundación Lestonnac”(La escuelita) que la Compañía de María nos cedió. Por la tarde, mientras llegaba la hora de celebrar la Eucaristía y continuar con el consejo de pastoral, que por cierto, tuvimos que celebrar literalmente a dos velas, en mi habitación, con una manta cubriendo mi cuerpo, sentí la impotencia de los que se ven sometidos a situaciones inhumanas, sentí la rabia de aquellos que no tienen forma de hacer oír su voz, ni reclamar sus derechos.
Sentí el “escalofrió del frio”, pero sobre todo me dio miedo el “escalofrío de la indiferencia”. Es terrible percibir en la propia carne que el mal de la indiferencia nos está autodestruyendo. Ahora comprendo que haya gente que pierda los modales, las formas y hasta los principios básicos de la convivencia; y me da miedo constatar que yo mismo me veo empujado a dejarme llevar por la rabia y la indignación, respondiendo y situándome ante la sociedad de la misma manera que ella lo hace con nosotros: demonizándola, agrediéndola.
Me preguntaba: en una sociedad “formalmente democrática”, “ególatra” y “narcisista” ¿solo cabe el pataleo y la resignación? ¿No existe más ley que la de la selva? Fueron muchos los textos de la Escritura que se me vinieron a la cabeza:“¿Qué has hecho de tu hermano?”(Gen.4, 10) “He escuchado el grito de mi pueblo” (Ex.3, 7) “Yahvé Dios es el defensor del pobre, del huérfano y
de la viuda” (Deut.10, 18) “Dichosos los que trabajan por la justicia” (Mt.5, 6) “Ante cualquier necesidad ‐ pobre, enfermo, inmigrante‐ te solidarizaste conmigo” (Mt.25, 35).
Hay algo que siempre he predicado, porque es nuclear en la fe cristiana, pero que no acabo de comprender su alcance y, sin embargo, ahora tímidamente se me empieza a desvelar: Cristo ha abierto un camino de esperanza para todos/as desde su identificación con los últimos, “se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza”; todo un escándalo y una provocación, ¿cómo
desde los últimos, desde lo que no cuenta, es posible revertir la historia y abrir caminos de futuro?
No encuentro más respuesta que la vida entregada y solidaria de Jesús caminando desde los últimos y realizando acciones que humanizan, acciones que liberan. En esa opción por los últimos, considerados sujetos de transformación, en esa tarea de crear fraternidad desde los excluidos como protagonistas, Dios se manifestó entonces como aliado del ser humano, amigo de los pobres, salvador de todos/as, y se sigue manifestando hoy en todos/as aquellos/as que son sus “discípulos misioneros” (militantes decimos en la JOC).
¿Todo lo que podíamos esperar de una sociedad avanzada y civilizada se resume en las migajas de consumo y de bienestar
material? Al leer el Evangelio desde este rincón me doy cuenta de que Jesucristo es “antisistema” y que quien lo sigue tiene que caminar a contracorriente, se convierte en “bandera discutida y piedra de tropiezo”, porque no es posible encontrar vida por
caminos de muerte y destrucción, no es posible pretender salvar el pellejo de unos pocos mientras la mayoría malviven, no es posible llegar a encontrarse con Dios al margen de nuestra condición humana y de la tarea de humanizar.
Por eso, militante cristiano es aquel que diariamente está dispuesto a dejarse interpelar por el Evangelio y por la realidad y desde ese encuentro desenmascarar la mentira del sistema y nuestra complicidad con él, es aquel que es capaz de mantener la tensión entre el proyecto universal del Reino y la acción local y concreta, el cambio personal y el cambio de estructuras y, por supuesto, es aquel que tiene clara que la opción por los últimos no es opcional sino la clave desde la que actúa el Dios de Jesús –la ternura y la compasión‐ y sin la cual es imposible el seguimiento.
“Echad las redes…” es la propuesta que nos hace Jesucristo a la JOC en este rincón de Granada donde nos sentimos llamados a estar “como fermento en la masa”, compartiendo, valorando, acompañando a un grupo de jóvenes que quieren vivir con dignidad.
Echar las redes es aprender de la debilidad y la precariedad vital en la que se mueven estos jóvenes, descubrir la vida que esconde la exclusión, la fuerza de los pequeños signos, es descubrir la capacidad de cambio que tienen los gestos de ternura y de cariño, la fuerza de la gratuidad, es respetar los procesos, es tejer relaciones humanas por las que el Padre‐Madre Dios sale a nuestro encuentro y nos diviniza, en definitiva se trata de “Ser santamente rebeldes” como nos propone Cardijn, el fundador de la JOC.

Mario Picazo (Consiliario de JOC. Párroco de la Paz y la S. Familia. Granada 15 de Enero.2019)

Publicado en Acompañar – Boletin de Consiliarios JOC  Edición Digital -Núm. 17 – Marzo 2019

http://www.joc.es/web2/index.php/publicaciones/acompanar/item/107-acompanar-digital-17