El chocolate del loro

Reconozco que esta semana he pronunciado con más asiduidad de lo habitual el dicho popular El chocolate del loro, casi se ha convertido en mi muletilla estrella. Pero, ¿quién no lo ha usado alguna vez para referirse al ahorro insignificante? Este abuso de la expresión me ha llevado a elegir al pequeño ahorro como protagonista de este post.

Antes de entrar a abordar el significado del ahorro y sus implicaciones vayamos a conocer el porqué una ave y un derivado del cacao nos indica que ese tijeretazo a nuestro presupuesto es baladí.

Tanto el cacao como el loro vinieron de América, lo que nos da una pista sobre el origen de la expresión. En el siglo XVII, la forma más extendida de obsequiar a los invitados era ofrecerles una taza de chocolate con rebanadas de pan. A pesar de su elevado coste, durante el siglo XVIII se convirtió en la bebida nacional, pero sólo podían consumirlo los que “habían hecho las Américas”. Estos indianos solían tener un loro en casa como recuerdo de su antigua vida americana, y le ponían en la jaula algo de chocolate para que lo picoteara. Según un viejo chascarrillo una dama de la alta sociedad que estaba al borde de la ruina para recortar sus gastos decidió privar a su loro de la porción de chocolate que le daba a diario. Como es obvio no se libró de la bancarrota. Ahora bien, ese gesto implicaba el fin de la opulencia. Tampoco sabemos que hubiese pasado si hubiera decidido bajarle el sueldo a la cocinera, al jardinero, al mayordomo etc. y/o despedir a parte del servicio doméstico para poder hacer frente a su delicada situación económica, en vez de suprimir la onza de chocolate del loro.

Siempre he pensado que más que un ahorro insignificante es un ahorro insuficiente pero nunca irrelevante e irrisorio. A veces, los gestos son importantes, además al igual que aquel anuncio de café de los años ochenta: “tacita a tacita”… Esto me lleva a recordaros  la importancia de un presupuesto familiar detallado para conocer mejor nuestros gastos, para saber por dónde se nos va el dinero. Estoy a favor de estos pequeños ahorros si implica una actitud de consumo responsable (la pregunta que debemos formularnos ¿lo necesito?)  pero nunca si revelan rasgos de tacañería, avaricia, mezquindad…

Ilustración, del libro "Billetes de ida y vuelta", por Mol Ruiz-Marín

Ilustración, del libro "Billetes de ida y vuelta", por Mol Ruiz-Marín

Por otro lado, al tomar las decisiones sólo teniendo en cuenta una variable creemos que ahorramos pero no siempre es así. Os pondré un par de ejemplos:

  1. Conseguimos un billete de avión a un precio irrisorio. Ahora bien, la compañía aérea opera en un aeropuerto alejado de nuestro lugar de residencia y el horario del vuelo me impide poder usar el transporte público que me acerca al aeropuerto por lo que acabo tomando un taxi. El precio de la carrera de éste más el del avión resulta ser superior a un billete de otro vuelo.
  2. Una oferta habitual del supermercado es el 3×2, pague dos y llévese tres. En la mayoría de las ocasiones sólo necesitamos una o ninguna. Al final se acaba caducando el producto en nuestra despensa o nevera. Si a esto añadimos que hemos utilizado el coche para realizar la compra ¿dónde está el ahorro?

Y es que asociamos ahorro sólo con dinero. El ahorro se mide desde una única dimensión, la monetaria, y nos olvidamos de otras variables como el tiempo, los recursos, la energía: la nuestra y la derivada del petróleo.

La Real Academia Española define ahorrar como reservar parte del gasto ordinario. Por lo que el ahorro es la acción de guardar un bien en previsión de lo que pudiera suceder en un futuro. Pero no sólo hay el matiz de previsión sino el de no derrochar.

El ahorro se practica desde la antigüedad, civilizaciones como la egipcia, la china, la inca, etc. guardaban el fruto de sus cosechas. Ya nos lo relata la Biblia en el pasaje de los sueños interpretados por José: Él vaticina al faraón un periodo de siete años de abundancia y otros siete de sequía y hambruna para Egipto. Por esta razón el faraón decreta guardar el producto de las cosechas para afrontar los malos tiempos.

Otro hito en la historia del ahorro es en octubre del año 1924 cuando se celebró en Milán, el Congreso Internacional del Ahorro. Delegados de casi todos los países trataron temas sobre la organización y legislación de las cajas de ahorro. Se reflexionó sobre la importancia del AHORRO para el mundo entero y su relevancia para la economía y para los individuos. Al término de las sesiones se dejó instituida el 31 de octubre como Día Mundial del ahorro.

2 Responses to “El chocolate del loro”

  1. ni idea de la frase del chocolate del loro la verdad es que no la habia oido nunca pero me ha resultado muy curioso.

    y es verdad lo del 3X2 yo siempre lo pienso nos obligan a comprar lo que no necesitamos realmente
    :)

  2. Me han entrado unas ganas locas de comer chocolate…
    La felicito por el blog.
    Saludos

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