Tulipanes ¿primera burbuja especulativa?

Siempre he tenido una relación muy estrecha con esta flor, no solo porque esté casada con un holandés, ya de pequeña dibujaba tulipanes. Recuerdo un comentario que me hizo mi hermana hace un par de años cuando encontró en casa de mis padres mis dibujos de 6º EGB, uno de ellos era un jarrón repleto de tulipanes. ¿Por qué no dibujabas margaritas como todas las niñas? La razón no tenía nada que ver con que intuyese una futura relación afectiva con Holanda. Mi espíritu práctico guía siempre mi estética. Pensaba y pienso que dicha flor es mucho más sencilla de dibujar. También a los holandeses se les puede definir como prácticos aunque la historia que voy a contaros va más allá de ese pragmatismo y se acerca más a otro de sus rasgos: el financiero. A riesgo de caer en los estereotipos, deciros que los holandeses son buenos comerciantes y si su origen es calvinista vs católico el dinero les gusta…prefiero guardarme el adverbio.

Y volvamos a los tulipanes. El tulipán es una flor de origen turco. Su nombre es la versión latinizada de la palabra turca “tulipam”, que deriva del término otomano “tülbent”, que significa turbante. El interés por el cultivo arraigó con especial fuerza en Holanda, sobre todo a principios del siglo XVII cuando se convirtió en una especie de locura llamada Tulipomanía, una especulación con los bulbos de tulipán que llevó a estos a alcanzar niveles de precios desorbitados.

Tulipán Bob Esponja

Tulipán Bob Esponja

El tulipán llegó a Europa a mediados del siglo XVI. En 1554, durante el reinado de Solimán el Magnífico, el embajador del Imperio Austriaco ante la corte otomana envió bulbos de tulipanes a la corte de Viena. Un botánico de origen francés, Charles de L’ Écluse (más conocido como Clusius), se interesó por la morfología del tulipán y descubrió su fabulosa capacidad de hibridación. En 1593, el brillante botánico dejó su trabajo en los Jardines Imperiales y aceptó un cargo de profesor de botánica en Leiden (Holanda) a donde llevó una colección de bulbos. En 1594 Clusius divulgó sus investigaciones, entonces no podía imaginar lo que iba a desatar, una verdadera locura por los tulipanes. Una noche alguien entró en el jardín y robó sus bulbos. El suelo arcilloso holandés, ganado al mar, resultó ser el idóneo para el cultivo de la planta, y el tulipán se extendió por todo el territorio. Pronto los tulipanes monocromos se convertían en multicolores, los horticultores holandeses no eran capaces de controlar estos cambios. Así pues de manera casi aleatoria el tulipán se convirtió en una flor exótica. Todos buscaban la flor más extraña. Hoy se sabe que la causa de ese fenómeno era un parásito de la flor, un pulgón que transmitía un virus a la planta. Estos bulbos se convirtieron en un artículo de lujo, incluso de colección, y desataron una posición desaforada por esta nueva especie entre las clases más pudientes de la Europa Barroca. Su exotismo contribuyó a elevar progresivamente el precio de cada bulbo. A partir de la década de los años veinte del siglo XVII el precio del tulipán comenzó a crecer a gran velocidad. Según algunos registros hubo ventas absurdas como por ejemplo cambiar una lujosa mansión por un sólo bulbo, o flores vendidas a cambio del salario de quince años de un artesano bien pagado. Durante la década de los treinta el precio de los bulbos crecía ilimitadamente y todo el país invirtió cuanto tenía en el comercio especulativo de tulipanes. Los beneficios llegaron hasta el 500%. ¿Os suena familiar la historia?

La fuerte demanda comenzó a desorbitar los precios del tulipán. La fiebre se extendió fuera de la frontera holandesa, multiplicándose las inversiones extranjeras en tulipanes y por supuesto su precio. Se creó una especie de mercado de futuros, a partir de bulbos aún no recolectados. Ese fenómeno fue conocido como windhandel, “negocio de aire”, y se popularizó sobre todo en las tabernas de las pequeñas ciudades, a pesar de una prohibición de 1610, los negocios de este tipo continuaron entre particulares. Los compradores se endeudaban y se hipotecaban para adquirir las flores, y llegó un momento en que ya no se intercambiaban bulbos sino que se efectuaba una auténtica especulación financiera mediante notas de crédito. Incluso llegaron a cotizar en Bolsa, se establecieron mercados para su venta en la Bolsa de Ámsterdam, en Rotterdam, Haarlem, Alkmaar etc. En 1635, un bulbo de la variedad Semper augusta, la más preciada, era vendido a un precio de 5.500 florines (un buey para el arado costaba 120 florines). Parecía que un viejo dicho de los especuladores: “el valor de algo es lo que el comprador está dispuesto a pagar por él” era cierto. Incluso a[lgunos timadores aseguraron poseer el tulipán negro por el que llegaron a cobrar grandes sumas de dinero. Se cuenta un chascarrillo en relación al  tulipán Semper Augusta ( el que costó más de 3000 florines). Parece ser que desapareció del depósito donde estaba guardado. Mientras su dueño lo buscaba vio a un marinero (que había confundido el bulbo con una cebolla) comiéndose el tulipán y fue enviado a prisión.

Un 5 de febrero, exactamente de 1637 un lote de 99 tulipanes de gran rareza se vendió por 90.000 florines: fue la última gran venta de tulipanes. Al día siguiente se puso a la venta un lote de medio kilo por 1.250 florines sin encontrarse comprador. Se dice que una de las razones es que se había demostrado la imposibilidad de conseguir un tulipán negro. Entonces la burbuja estalló. Los precios comenzaron a caer en picado puesto que todo el mundo vendía y nadie compraba. Se habían comprometido enormes deudas para comprar flores que ya no valían nada. Las bancarrotas afectaron a todas las clases sociales. La falta de garantías de ese “colorido” mercado financiero, la imposibilidad de afrontar los contratos y el miedo, mejor dicho pánico llevaron a la economía holandesa a la quiebra.

Es curioso como una flor que para muchos es inútil porque no tiene poderes medicinales, ni culinarios, ni siquiera tiene olor y que florece solo una o dos semanas al año desatara esa fiebre. Ya sé que su valor radicó en su colorido, pero justamente la búsqueda estéril del tulipán negro (negación del color) fue lo que pinchó esta burbuja. La tulipomanía es la primera burbuja especulativa de la histórica económica o al menos es el primer fenómeno especulativo de masas del que se tiene noticia. Pero como el ser humano no aprende de las enseñanzas de tiempos pasados suele tropezar con la misma piedra. Y este siglo XXI el tulipán ha sido sustituido por el ladrillo. El comprador lo pagó muy caro, pero creyó que lo vendería a un precio muy superior a otro individuo que haría el mismo cálculo. Y así la historia ha vuelto a repetirse. ¡Pero es que la codicia humana no tiene límites!

5 Responses to “Tulipanes ¿primera burbuja especulativa?”

  1. Albert Einstein decía que hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estaba seguro.

  2. Solo el hombre tropieza dos veces con la misma piedra.

  3. Una historia muy bonita ilustrada con tulipanes y mostrándonos que “la historia” siempre se repite!

  4. La codicia debemos controlarla y la imaginación ponerla en marcha.
    El no ser codicioso es ser rico, y el no tener la manía de comprar es una renta. (Cicerón)

  5. Este ejemplo de codicia humana tan original como el propio tulipán, lo deberías contar en el programa de tus amigos de la radio Pepa Fernández, y Paco Alvárez..
    Creo que a él le gustan mucho estos temas, si lee tu blog seguro que te vuelve a invitar para que des un poquito más de luz al origen de la crisis.

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