El hábito que José Arregui no puede colgar
Otro que no puede más. Siete meses después de que José Ignacio Munilla tomara posesión de su cargo como obispo de Donostia, el teólogo Joxe Arregi cuelga los hábitos tras cincuenta años de sacerdocio. Se va y se queda. Como le sucedió a Díez-Alegría. Como hizo a su modo Raimon Panikaar. Como está planteándose hace años Juan Masiá. “No he necesitado de grandes discernimientos: o acataba o me iba”. Son palabras del propio Arregi hechas públicas ayer en su -Franciscano sin hábito- en el que da cuenta de los motivos que han provocado su abandono. (más…)

Se nos ha ido Raimon Panikkar de esta dimensión. Su luz no se ha apagado, ha cambiado de manifestación. Ha sido un hombre puente. Dejó el Opus. Luego vivió por libre, enlazó culturas, despertó por dentro. Nunca renunció a su raíz cristiana ni a su sacerdocio, aunque a su manera. Es de agradecer que el obispo de Vic haya oficiado su funeral. Indica una visión amplia y profunda. Muchos
La historia de los 33 mineros sepultados en Chile contiene una curiosa mezcla de angustia y esperanza. La esperanza se abrió cuando, gracias a los medios tecnológicos, se pudo establecer una conexión con esos trabajadores sepultados. Ya incluso nos han llegado imágenes de ellos, emotivos mensajes a sus familiares, datos del calor húmedo en que se debaten y de la depresión de algunos.

Todo vibra en el todo. No estamos separados. Si río, el universo ríe. Si lloro, el universo llora. “Cuando nace una flor, es primavera en el universo”.
Si somos capaces de reconocer que la ceremonia diaria de lavarnos los dientes, ponernos las zapatillas, hacernos el café son actos profundamente religiosos, entonces habremos comprendido de una vez qué es religión. Nuestro problema en parte es que hemos identificado religión con templo, Iglesia con iglesia, liturgia con rito, y marcado un abismo entre la vida y la sacralidad.
Cuando se habla genéricamente sobre la gente joven es frecuente caer en el tópico y la falsa generalización. “¡Hay que ver cómo están los jóvenes!” Recientemente tratábamos aquí del fenómeno de la “generación ni ni”, que ni estudia ni trabaja. Pero con frecuencia se olvida otro fenómeno que también caracteriza a la juventud de hoy día y que podemos calificar de nuevo y admirable: el voluntariado.
La apriencia me oculta la realidad. Y sin embargo, si vuelvo a mirarla, respira “un no sé qué que queda balbuciendo”. Me miro al espejo y me veo más viejo. Sin embargo soy mucho más joven que hace unos años, pues la pared que separa de la luz es más fina, más traslúcida. Soy más presente.