De la mano

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“Cuando me cojas de tu mano me sentiré seguro”, seguimos diciendo como cuando éramos niños, cuando papá o mamá me llevaba de paseo al parque. El día que te perdiste, desconsolado, no cesabas de llorar, mientras los altavoces de la feria repetían tu nombre una y otra vez.Ya eres mayor y sigues buscando la mano. Te sigues sintiendo en el mostrador de objetos perdidos.Pero la mano del amor aquel no acaba de dar plena seguridad a tu pequeña mano.El error de nuestro yo-personaje es la creencia de que de la mano de algo temporal y concreto se obtiene la paz total. Puede atisbarse a veces, en algún periodo de la vida, es verdad. Puede ser un agujero para el deslumbramiento. Pero siempre buscas otra mano.La paz viene cuando uno, aunque quieras a mucha gente, se suelta y se pierde de verdad.

El yo pequeño se duerme entonces feliz apoyado en el hombro del universo.

Quedéme y olvidéme;

el rostro recliné sobre el amado;

cesó todo, y dejéme

dejando mi cuidado

entre las azucenas olvidado. (San Juan de la Cruz)

¿Crees? Lo llamas Dios. ¿No crees? Es igual, prueba a ver qué pasa. 

One Response to “De la mano”

  1. Soltamos la mano que te puede soltar.
    Buscando, encontrando, perdiendo, se nos pasa la vida; pero, algunos días, son más luminosos porque tenemos conciencia de que somos transportados con entusiasmo, de que hay planes para nosotros, que cada día desde temprano está Dios preguntando ¿hoy quieres hacer el trayecto despierto o dormido?, porque lo harás de todas formas.
    Es la mano que no puede soltar.

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