Una masacre histórica en dibujos animados

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La matanza  de Sabra y Chatila quedará uno de esos terribles  episodios que no deben borrarse de la memoria histórica del siglo XX. Calificada de genocidio por una resolución de Naciones Unidas, fue una masacre de palestinos que tuvo lugar en los campos de refugiados del mismo  nombre, situados al oeste de Beirut, durante la Guerra del Líbano de 1982, a manos de la falange libanesa, aunque  según la Comisión Kahan, las Fuerzas de Defensa de Israel fueron indirectamente responsables de los hechos. Entre 800 y 3.500 palestinos, según diversas fuentes, fueron asesinados en 48 horas. Según algunos testimonios, durante la noche los soldados israelíes iluminaban el cielo con bengalas para facilitar la matanza de los derechistas libaneses. El hecho es que nada fue igual para el Líbano, para Israel y el mundo después de aquella espantosa noche.Lo más sorprendente es que tan dramático hecho sea objeto ahora de una película de dibujos para adultos, que es al mismo tiempo documental animado sobre una estructura guionizada como ficción. Ari (Ari Folman, que en cierto modo transmite en este film su propia experiencia autobiográfica), maduro director de cine, cumplía el servicio militar en el ejército israelí aquellos días. Veinte años después, con la memoria bloqueada para el terrible recuerdo, inicia un viaje iniciático, una especie de regresión psicológica de autodescubrimiento que le lleva recopilar los testimonios de compañeros -entre ellos, Ori Sivan, uno de los creadores de Be tipul-, periodistas y testigos del desastre,  y a recuperar una experiencia en primera persona que pone al descubierto el papel de las fuerzas armadas hebreas como responsables indirectas de lo que sucedió, pero que al mismo tiempo deja claro que los ejecutores directos fueron los cristianos libaneses.

La película  se convierte  así, además de documental animado,  en una especie de trip psicodélico sobre la guerra y sus devastadores efectos, un Apocalpisis now  dibujado. ¿Por qué no utilizó imágenes reales?, sería la pregunta más obvia.  “Con imagen real, no habría podido filmar las alucinaciones, el inconsciente, ni recrear mi paisaje mental de la guerra. La guerra es irreal y la memoria, muy traidora”, responde Forman, que sin embargo se siente obligado a introducir al final imágenes reales para presentar en sus auténticas dimensiones el rostro del horror. Y posiblemente porque en la actual situación  de su país la selección de testimonios hubiera sido mucho más descarnada y comprometida.

Autodidacta en el cine de animación, Forman rodó primero en video las entrevistas en un estudio. A partir de esas imágenes reales, el director artístico David Polonsky desarrolló un storyboard de 2.300 dibujos que finalmente se convirtió en animación por un equipo dirigido por Yoni Goodman.   Casi cuatro años de trabajo semiartesanal.

El realizador israelí  se sirve de diversas técnicas como el flash (aplicación informática  muy usada en internet), animación tradicional en dos dimensiones,  y algo de 3D. Sin llegar a  usar  el rotoscopio, en el que se pinta sobre la imagen del vídeo, por considerarlo un procedimiento frío, prefirió crear cada imagen desde cero. El resultado es una imitación sincopada del cine real, con sugerentes movimientos de cámara, utilización del color y recreación de escenas cargadas de lirismo, como la llegada de los soldados desnudos en la playa o la alucinación  erótica desde el barco.

La película viene acompañada por el éxito. Camino de obtener un óscar, ya tiene en su haber la mejor dirección artística y premio del jurado joven de festival de Gijón 2008; el de LAFCA 2008 (Asociación de críticos de Los Angeles) a mejor película de animación; el de la BAFTA 2008 a la mejor película extranjera; el EFA 2008 (Academia de cine europea por su banda sonora) y el globo de oro a la mejor película de habla no inglesa.

Sin quitarle méritos técnicos y artísticos en su género, en mi opinión Ari  Folman no evita el gran escollo que pretendía superar: la frialdad y distanciamiento de ese dibujo de cómic, a veces estático, que pese a escenas dramáticas y evocaciones líricas, no deja de sonar a boceto ajeno a la vida. Sin duda el film ha sido una terapia para él mismo y no dejará de ser una descarga de culpa colectiva en cierto modo para la nación israelí, que respaldó aquella vileza, por mucho que la película quiera dejar claro lo contario. Sin embargo su vigor estético y el trauma que refleja la convierten a fin de cuentas en un nuevo alegato válido contra un absurdo tan actual como guerra, que en este caso sigue presente, por desgracia, en los últimos bombardeos en la zona de Gaza.  Ilegal en el Líbano, donde está prohibido importar cualquier producto israelí,  el film circula pirateado y es objeto de creciente  polémica.

Se ha dicho que se trata  del primer documental de animación de la historia del cine. Nada más falso. Ya Walt Disney enseñaba matemáticas, geografía y otras disciplinas con sus simpáticas películas de dibujos. Lo que no impide que Vals en Bashir pueda ser un hito en esta disciplina del Séptimo Arte, por la hábil y lograda conjunción de técnicas y géneros cinematográficos. Un hito técnico que no llega al alma.

T.O.: Waltz  with Bashir.-P: Ari Folman, Yael Nahlieli, Serge Lalou, Gerhard Meixner y Roman Paul. (Israel, Alemania, Francia, 2008).-D y G: Ari  Folam.- M:   Max Richter.- Mon:   Nili Feller. -D A: : David Polonsky. -Dur:  90 min–Dis: Golem.-Estreno  en España: 20-II-2009.   

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