Milagros en YouTube

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Lo último sobre milagros está en YouTube. Vírgenes que lloran, curaciones portentosas, cánceres curados en vivo. Hoy  vivimos sumergidos en un clima milagrero y maravillosista que, más allá las religiones,  invade la vida diaria. Quiromantes, videntes, torotisas, chamanes, brujos y taumaturgos de diversa procedencia y pelaje  inundan el mercado esotérico y ofrecen prodigios  a bajo precio. Atravesamos pues un momento de extendida credibilidad popular en lo extraordinario, que convive con un crítico escepticismo en los sectores más secularizados e intelectuales. Resulta curioso que gente que no cree en nada se crea, por ejemplo. casi todo lo que comenta el programa Tercer Milenio de la cadena Ser.

Milagros, o la creencia en los mismos, siempre hubo y en todas las religiones. Desde las más primitivas y animistas hasta las más conocidas y actuales sin excluir el budismo, islamismo, judaísmo y cristianismo. Pero ¿se puede creer en el siglo XXI en milagros?

Del término latino mirari (admirarse), la definición más común de milagro es un hecho portentoso que rompe las leyes de la naturaleza y que suele atribuirse a una divinidad. En realidad los esquemas milagrosos se han repetido con frecuencia en diversas religiones: concepción virginal, visitas de ultratumba, caminar sobre las aguas, curaciones, teletransportaciones. Aun hoy día, como todo el mundo sabe, la Iglesia católica sigue exigiendo un milagro, además del examen de sus virtudes heroicas, para beatificar y canonizar a un candidato a santo.

Sin embargo los teólogos más críticos, desde el biblista León-Dufour, vienen, a partir de los años sesenta, restando fuerza al hecho portentoso para dárselo al “signo”. Lo importante no sería tanto que Jesús rompiera con  las leyes naturales como que pretendiera dar una señal, por ejemplo del amor del Padre o de la abundancia del reino. Con esta lectura los endemoniados podrían ser meros enfermos de epilepsia y  su frase frecuente,  “tu fe te ha salvado”, la capacidad de la mente para autocurarse. O simplemente la fuerza de la fe para mover montañas.

No obstante  contra esta tendencia Juan Pablo II mostró, como todo el mundo recuerda,  un renovado interés por estos fenómenos al atribuirse la intervención de la Virgen de Fátima  en el desviar la bala en su atentado o canonizar a un personaje tan discutido y bizarro como el padre Pío, que aparte de personales pulsos con el demonio, habría vaticinado a Wojtyla, en sus tiempos de estudiante que llegaría a ser Papa y que  su blanca sotana quedaría empapada de sangre, además de curarle a una amiga enferma de cáncer, una filósofa  muy fascinada con el cardenal Karol Wojtyla y que por cierto acaba de publicar un polémico volumen con su correspondencia personal.

Mi opinión personal la resumiría en una vieja viñeta del humorista Cortés. Pintaba a María tendiendo al sol, después de haberla lavado, la famosa Sábana Santa.”¿Cómo te has cargado una prueba tan importante?”, le preguntaba el discípulo Juan. María  sonríe: “ Si no creen contemplando las flores y los pajarillos del campo, ¿van creer por este pedazo de tela? O en otras palabras: Los mejores milagros no lo parecen y ocurren todos los días.

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