Junto a la tumba de Marilyn

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Hollywood la colocó en el altar de la belleza y  el culto al mito sexual. Al quitarse la vida aún joven y bella, Marilyn Monroe se ha quedado en el imaginario de nuestra cultura cinematográfica y del sex symbol . Todos en nuestra adolescencia soñábamos despiertos con ella. Pero que, después de muerta, haya quien esté dispuesto a pagar sumas astronómicas por ser sepultado justo en el sepulcro de arriba, que ha quedado vacío del cadáver de di Maggio,  revela una miopía muy frecuente en nuestra sociedad: el materialismo   incluso después la muerte.

Superstición y fanatismo laicos que tienen sus antecedentes en la carnicería que se hacía con los santos en siglo XVI. Cuando se expuso en Goa el cadáver de San Francisco Javier, a pesar de la estrecha vigilancia a que fue sometido el cuerpo, una señora se acercó a los restos del santo y le mordió un dedo para quedarse con una reliquia. En mi último libro sobre San Juan de la Cruz, El místico doy cuenta del despiece despiadado de su cuerpo, que se encuentra, aparte de en Segovia, desperdigado por varias ciudades.

Una de sus devotas y benefactoras, doña Ana de Peñalosa, debió aprender muy poco sobre su espiritualidad de la nada, porque aparte de construirse una casa al lado del convento en vida, puso como condición para pagar las obras de éste, ser enterrada a su lado.

¿Soñaría doña Ana que en el momento de la resurrección de los muertos se encontraría antes con él, al estar más cerca ya cadáver de su amado maestro? Poco aprendió de la unión mística esta señora. Le pasaba, salvando los abismos, algo parecido a los admiradores que se disputan un sitio junto a Marilyn después de muertos.

Pequeño amor este que no ensancha la conciencia y libera.

Idealización de los vivos hasta engañarse incluso después de muertos. Como con Mikel Jackson. En mi post con motivo de su muerte adelanté lo que ahora las noticias corroboran. Murió de sobredosis. Y es que, como Marilyn no podía dormir. Ambos, para la gente, habían alcanzado la gloria en vida. Cuántas mujeres envidiaronn su belleza y sus éxitos. Cuántos siguen adorando al  Rey del Pop, tan desgraciado como para atiborrarse de peligrosos somníferos.

Yo creo que la muerte no acaba con nosotros, nos transforma, como dice el prefacio de la Misa de Difuntos. Pero esa transformación ha de ser un cambio radical, un encuentro y pérdida al mismo tiempo en la luz, que rompe con los códigos del espacio y el tiempo.

Si me gusta visitar los cementerios, no es por culto a los huesos o al polvo al que vuelve el polvo, sino porque me resitúan en la vida que amo, una Vida con mayúscula, que podemos intuir y hasta sentir en ese algo que abrazamos en silencio. Ese abrazo sin brazos, ese beso sin labios son los que deseo para Marylin y Mike. Y los estúpidos millonarios que buscan glamour hasta en las tumbas, que, por favor se lo gasten en los vivos que se mueren de hambre.

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