Mi última entrevista con Ruiz-Giménez
Quizás fui un ingenuo, quizás no pensé en el voto útil, pero yo voté a Ruiz-Giménez en las primeras elecciones democráticas. Es más, algunos compañeros se reían porque la mayoría de los jesuitas que vivíamos entonces en la Casa de Escritores le votamos. “¡Menudos intelectuales!”, comentaban. Pero es que don Joaquín reunía en sí esas características propias de la utopía: cristiano, abierto y progresista, del Vaticano II, buen jurista, luchador por los derechos humanos y comprometido socialmente.
Es cierto que fue ministro con Franco, pero también había sido encarcelado e intentado abrir desde el poder algún resquicio a las libertades. Luego fue el primer Defensor del Pueblo de la Democracia. Le entrevisté para Rs21 (entonces se llamaba “Reinado Social”) en una sección que titulaba “Entrevistas al aire libre”. Creo que aquella conversación, cuando cumplió 85 años, cobra a la hora de su muerte especial valor. Don Joaquín debe gozar del cielo limpio de los hombres honestos que han servido lealmente a los demás.
JOAQUÍN RUIZ-GIMÉNEZ,
UN HOMBRE PARA LA ETERNIDAD
“EN LA ESPAÑA DE HOY SE HA DETERIORADO EL ESPÍRITU DE DIÁLOGO”
* “No me fusilaron en Paracuellos por un gesto de generosidad del entonces ministro de Gobernación”
* “Franco me dijo:’Mire, ministro, me parece que a usted le pierde el espíritu liberal de su padre”.
* “El cardenal Montini, futuro Pablo VI, me dijo que la Santa Sede no quería que España cayera en el totalitarismo”
* “Cuando fui abogado de Marcelino Camacho nunca intenté convertirle. Pero él me daba auténticas sabatinas marxistas”.
* “Mi informe sobre las cárceles como Defensor del Pueblo no cayó nada bien a los socialistas”
* “La fe me ha salvado de ser un ‘señorito bien’, de ser un burgués a pesar de pertenecer a una familia burguesa”.
* “Cuando murió mi nieta predilecta, mi fe fue salvada por la esperanza y el amor”
*España ” no va bien”… en la cuestión social”
* “Si se me apareciera Juan XXIII, le diría: “Santidad ¿no deberíamos celebrar el Concilio Vaticano III?”
“Cuando habla, Joaquín Ruiz-Giménez, sonríe. Cuando sonríe, Joaquín Ruiz Giménez habla”. Comparto esta definición de Lorenzo Gomis para este cristiano contemporáneo que sintetiza en su persona mucho de la historia de España del siglo XX. Embajador en la Santa Sede, ministro de Franco, adalid de la democracia, político liberal de izquierdas, Defensor del Pueblo, abogado de comunistas, presidente de Pax Romana y actualmente de UNICEF, ha vivido de todo. Trató a los papas de este siglo, contribuyó decisivamente al advenimiento de la democracia, fundó Cuadernos para el Diálogo y se apuntó con todas sus fuerzas al espíritu del Vaticano II. Algunos le llamaron con humor “Sor Intrépida”, como un filme de la época. Pero sobre todo es uno de esos escasos políticos españoles que no han claudicado nunca de su fe, una fe adulta que ha alimentado siempre con su eucaristía y que le han llevado a sintetizar en su figura al mismo tiempo precisión jurídica, nobleza moral y amor al prójimo.
Reconocido tanto por la derecha como por los partidos de izquierda, tiene algo de raza superior, de político nato y hombre de diálogo. Pero a sus 85 años recién cumplidos, da la impresión de que sobreabunda su sencillez, que le permite hacer confesiones íntimas en esta entrevista, como la crisis interior que le produjo la muerte en accidente de su nieta predilecta. “Reinado Social” se une al múltiple homenaje que diversas instancias han ofrecido, que bien merecería el título de aquel film de Zinneman dedicado a Tomás Moro: Ruíz-Giménez, “Un hombre para la eternidad”.
-Desde esta atalaya de sus 85 años, ¿qué hitos o momentos considera más importantes en su vida?
-Veo más los aspectos positivos y felices que los otros. Pero ha habido de todo, como es lógico. Nazco en 1913 en una familia muy política por mi padre. Él había sido tres veces alcalde Madrid y ministro con Alfonso XIII. Y en ese ambiente yo he vivido la dictadura de Primo de Rivera. Mi padre muere en 1934. Luego vivo la República y la Guerra Civil. Estuve en la mal llamada cárcel Modelo de Madrid con mis dos hermanos hasta 1936. No nos fusilaron en Paracuellos por un gesto de generosidad del entonces ministro de la Gobernación, Ángel Galarza, cuyo padre había sido amigo de mi padre. Nos refugiamos luego en una embajada, la de Panamá, desde la que pudimos trasladarnos posteriormente a Marsella. Momentos amargos y difíciles.
- ¿Estuvo en la cárcel por el hecho de ser católico?
- Era, como mis hermanos, un joven de Acción Católica.
- Al terminar la guerra comienza una carrera de cargos ascendente.
-Me nombran director de Cultura Hispánica. El recorrido por Iberoamérica para mí fue apasionante. Luego me nombran embajador ante la Santa Sede, lo que me permite conocer de cerca a Su Santidad Pío XII en momentos luminosos del Años Santo de 1950. Vuelvo a España como ministro de Educación del gobierno de Franco.
-Momentos ¿ya no tan luminosos?
-Efectivamente. Yo me fui dando cuenta de que el descontento en España era muy grande. Que las nuevas generaciones no acababan de entender por qué habíamos hecho la guerra civil. Entonces si reconozco que hubo momentos de desalientos y desconcierto.
-Un hombre como usted, de talante abierto, ministro de Franco. Es algo que algunos no acaban de comprender.
-Un día el propio Franco me dijo: “Mire usted, ministro. Yo creo que a usted le pierde el espíritu liberal de su padre”. Yo por dentro pensé: “Eso es precisamente lo que me va a salvar”. Ya estando de embajador en Roma me di cuenta de que, pese a la carta colectiva sobre la Cruzada, la apertura de la Iglesia era mayor que la del régimen. Tuve conversaciones con monseñor Montini, el futuro Pablo VI, que me dijo claramente que la Santa Sede no quería que España cayera en un totalitarismo fascista.
- En su cargo de ministro de Educación, ¿intentó una política de cierta apertura?
- Así es. Nombré como rector a Pedro Laín Entralgo, y a Antonio Tovar, Pérez Villanueva, etcétera. Yo creo que se produjo la conjunción del espíritu liberal de mi padre con una experiencia muy dura del tiempo que estuve en la cárcel, que me aportaba realismo de la situación. De modo que en febrero de 1956 le dije claramente al Jefe del Estado que debía producirse un cambio para que no se repitiera una guerra civil entre los vencedores y vencidos. Por eso volví a la Universidad de Salamanca. Allí en contacto por un lado con los dominicos de San Esteban y personas como Tierno Galván me hizo pensar que no era utópico buscar la reconciliación.
-¿Se inicia así la etapa de “Cuadernos para el diálogo”?
-Antes iniciamos en Salamanca una revista oral en San Esteban. Estudiábamos, a la luz de nuestra fe cristiana, sobre todo problemas de justicia social, que en España había que afrontar en serio. En Madrid me pongo en contacto con una juventud todavía más politizada.
-¿Y todo eso como le sienta a Franco?
-Creo desde luego que le dolió mi posición. Pero también sé que en los Consejos de Ministros, una o dos veces que algún ministro protestó por Cuadernos para el diálogo, el general Franco cortó esa conversación. Porque él en el fondo me apreciaba, como yo he respetado su memoria y asumo toda mi responsabilidad de aquel periodo. Como reconoce el primo del general Franco en sus memorias, algunos como Dionisio Ridruejo y yo mismo nos despegamos del régimen. En mi caso para evitar más violencia. Por eso he dicho que esa época fue mi camino de Damasco, porque recuperé el espíritu liberal de mi padre y la fe de mi madre, una mujer piadosísima. Todo ello me fue conduciendo a la actitud de un cristiano que aspiraba a alcanzar la democracia.
-¿Una democracia cristiana?
-No fui al principio un demócrata cristiano a la italiana o la alemana. No pensaba en un partido concreto. Era un cristiano que deseaban la llegada de la democracia para España.
- En su ulterior matrimonio político con Gil Robles, no parece que sus opciones confluyeran.
-No, porque la DC de Gil Robles y Quiñones, el padre, era heredera de la CEDA que era un partido de derecha democrática frente a la derecha de los carlistas o franquistas. La DC había tenido contactos con el famoso “Contubernio de Munich”. Por mi parte seguí la línea de don Manuel Jiménez Fernández, que representaba una Izquierda Democrática Cristiana. Sus herederos me pidieron que asumiera el liderazgo de ese partido. Por ahí entré yo con la oposición de mis alumnos socialistas, como Peces Barba, Fernando Ledesma, Spottorno y otros. Tuve una proximidad con ese socialismo joven que tenía también una procedencia cristiana.
-¿Cuales fueron sus aportaciones políticas?
-Yo a la Izquierda Democrática de Jiménez Fernández le puse tres condiciones. 1. Que no tuviera apellido cristiano. 2. Que respetara las diversas culturas españolas y la idea del Estado Federal. Y 3. Que luchara por la justicia social.
-¿ Ycómo una idea tan bonita fracasó tanto?
-Porque tuvimos errores. Había pasado el momento en España para la DC. En Italia triunfa después de la Segunda Guerra Mundial, como una alternativa al fascismo y al comunismo, con De Gásperi; y en Alemania con Adenauer. Pero eso ocurrió en los años 46 o 47. Aquí estábamos ya en 1976 y conjuntamos cinco grupos políticos un tanto dispares de las DC autonómicas y pocos medios económicos.
-Los actuales democristianos del PP, ¿tienen algo de aquello?
-Ni siquiera les gusta que se les llame así. Pese a que los hay, como Íñigo Cavero, Javier Rupérez, Álvarez de Miranda… Los que vinieron después, como Fraga, no aceptan tal nombre. Y el mismo Aznar se considera demócrata y cristiano, pero no democristiano. Sin embargo el PP internacional, diga lo que se diga, es heredero de la DC. Quizás eso explique que la Conferencia Episcopal no esté contenta de que el partido que gobierna no haya rectificado cosas en materia de educación, aborto o economía.
-Entonces vienen los socialistas y usted también es bien mirado por ellos.
-Tan bien mirado que antes de las elecciones de 1982 un día viene a este despacho don Felipe González, que me había conocido en la famosa Platajunta, y me ofrece entrar en la Plataforma Democrática. Allí Gil Robles y yo disentimos, porque él no quería saber nada donde estuvieran los comunistas. En cambio yo había defendido como abogado en la última etapa franquista a Marcelino Camacho, Santiago Carrillo, Julíán Ariza y otros hombres de izquierda. Yo había visto que eran hombre honestos e idealistas y me sentía ecuménico tanto con los protestantes como con los comunistas.
-¿ Y cómo ha conseguido usted caer bien a todos?
-De Franco está claro por qué me despegué. A la izquierda, porque me había batido a defenderlos, había ido a las cárceles a estar con ellos. Por cierto que, mientras yo nunca intenté convertirlos al cristianismo, Marcelino Camacho me daba unas sabatinas tremendas de las excelencias del marxismo para catequizarme. Nos tomamos mutua simpatía.
-Vienen los socialistas y Felipe González le nombra Defensor del Pueblo.
-Si, a él personalmente se lo debo, puesto que presentó mi candidatura. Luego a lo largo de tres años no me callé la boca. Ante leyes que no me parecían justas recurrí al Tribunal Constitucional. En una palabra que fui independiente, por lo que al terminar mis cinco años de mandato no me reeligieron.
-Sin embargo él siguió apreciándole personalmente.
Si, pero mi tremendo informe sobre la situación de las cárceles, que filtró la prensa, Diario 16, no les gustó nada.
-En resumen usted ¿está satisfecho de su trayectoria?
-Yo estoy muy insatisfecho de mí mismo. Pero contento de haber ido cambiando y de haber sido abierto, de haber ofrecido el diálogo a diestra y siniestra. Sobre todo por temperamento. Estoy más inclinado a ver la parte de verdad que tiene el otro que a ser monolítico.
-¿Cómo ve ahora la situación del país?
-Lo miro con buenos ojos. Hay cuestiones que van bien, como la económica; y otras que no van igualmente bien como la cuestión social. Un país, donde hay pensiones asistenciales de treinta o cuarenta mil pesetas y ocho millones de pobres, según los informes de Cáritas, no se puede decir que va bien. En el orden internacional hemos dado un gran salto. Pero esto viene ya desde la época de Suárez. Lo que no se puede decir es que “todo va bien” y “porque lo hemos hecho nosotros”. Lo peor es que se ha deteriorado el espíritu de diálogo, que fue la gran conquista de la democracia.
-¿Que papel ha tenido la fe cristiana en su vida?
-La fe para mi ha sido fundamental. Una fe heredada que se ha ido clarificando a lo largo de mi vida, sin dejar de ser a veces agónica. También he tenido momentos de vacilación y duda. Pero el Señor me ha ayudado a superarlos. Siempre he pensado que yo hubiera sido “un señorito bien”, un buen burgués dedicado a todos los placeres de la carne y del espíritu. Y la fe me salvó de eso. Me casé en el año 40. Hemos tenido once hijos. Tenemos treinta y un nietos y acabo de tener un biznieto. He vivido una familia burguesa, pero no he tenido el espíritu burgués.
-Al ver las lacras sociales desde su puesto de presidente de UNICEF, ¿qué piensa?
-Me pregunto por el problema del mal. Y me respondo que Dios dio al hombre libertad. El mundo no va bien. Pero no le echemos la culpa a Dios. La culpa es que, cristianos o no, no sabemos construir un mundo más justo. El nos mira y creo que se compadece de nosotros. En mi fe me ayudo mucho mi madre, don Ángel Herrera y don Maximino Romero de Lema entre otros.. También he aprendido de los agnósticos, como de mi abuelo un hombre respetuoso, honesto, intachable, que se había sublevado contra Isabel II en La Gloriosa de Cádiz. En su lecho de muerte un hermano Camilo que lo cuidaba le decía a mi madre: “Quédese tranquila que está en paz con Dios”. Me enseñó valores éticos desde su rectitud.
-¿Y la institución que respalda esa fe, la Iglesia?
-Yo presencié cuando Pablo VI en pleno Vaticano II se quitó la tiara y la dejó en el suelo. .Luego dejó la silla gestatoria y la guardia noble Aquel proceso de simplificación, que no fue suficiente, pero significaba algo. El paso fundamental viene de Juan XXIII y Pablo VI con sus grandes encíclicas. La Populorum progressio fue el gran salto a unirnos con los pueblos pobres y la Ecclesiam suam la gran encíclica del diálogo. Cuadernos para el diálogo nace unos días después de que yo estoy con Juan XIII un mes antes que este gran papa muriera, cuando yo era presidente de Pax Romana y perito del Concilio. Le dije que muchos españoles soñábamos con una España del diálogo. El me sonrió. Y a la vuelta fundé Cuadernos.
-¿Cual ha sido la mayor prueba de fe de toda su vida?
-Hace dos años se mató en un accidente de automóvil una nieta mía de once años que yo adoraba. De seis que iban en coche que conducía mi yerno sólo murió la niña. Acababa de recibir su primera comunión y nos queríamos muchísimo. Tuve una crisis tremenda. Se me vino abajo todo. Entonces mi fe fue salvada por la esperanza y el amor.
- ¿No le ha defraudo nunca la Iglesia?
-La Iglesia somos todos. ¿Por qué la voy a echar la culpa a la Iglesia? Claro que en algunas cosas yo hubiera preferido que se hubiese avanzado. La revista El Ciervo me preguntó qué persona me había impresionado más en mi vida. Respondí: “Juan XXIII”. Insistieron: “Y si usted se encontrara con él ahora que le pediría”. Contesté: “ Yo le diría: Santidad: ¿ No cree usted que deberíamos celebrar ahora un Concilio Vaticano III?”Hay muchas cosas pendientes, como, por ejemplo, el movimiento ecuménico.
-Y, por último, ¿cómo ve su cometido como presidente de UNICEF?
-Chesterton decía que el lema de la Revolución Francesa eran tres grandes ideas cristianas que se había vuelto locas: libertad, igualdad y fraternidad. Yo por la libertad y la igualdad sigo luchando. Pero mi última asignatura de la vida es la solidaridad. Ahora estoy luchando por las niñas y niños, junto a sus madres y las mujeres en general, que sufren en las grandes minorías excluidas y marginadas del mundo. Las ONG no son sino un parche a la injusticia. Pero creo mucho en la solidaridad y tengo esperanza en el nuevo Tribunal Penal Internacional, para que se acabe con la grave impunidad que afecta al mundo en este terreno.
NOTAS AL MARGEN
CRISTIANOS EN LA POLÍTICA
España ha sido un caso aparte en la historia europea de este siglo. Cuando los cristianos se organizaron para ofrecer una alternativa política en países como Italia y Alemania, nosotros vivíamos las consecuencias de nuestra dramática guerra civil. No tuvimos pues ocasión de que nacieran en nuestro país figuras como De Gásperi o Adenauer, que ofrecieron una alternativa a los extremos del comunismo y el fascismo.
Por eso, aquí no fraguaron los partidos con apellido cristiano. A cambio teníamos un nacional-catolicismo que pretendió imponer a Dios por el ordeno y mando. No era de extrañar que con el llamado “desenganche” de la Iglesia y la transición política, el cardenal Tarancón se negara a que los partidos fueran bautizados y que la Iglesia española se alineara con ninguna opción política concreta, para propiciar la deseada reconciliación.
Quizás eso le hizo perder a un hombre de la talla de Joaquín Ruiz Giménez la oportunidad de cuajar una alternativa política de cuño cristiano. Pero yo creo que al final ha sido para bien de él y de todos. Primero, porque ninguna opción política de izquierdas o de derechas se adecua del todo con los principios del Evangelio. Segundo, porque en la trinchera de un Gobierno y un Parlamento, don Joaquín se hubiera quemado como tantos otros. Así pudo convertirse en lo que es, una opción ética, jurídica y política respetada por todos, por encima de siglas y partidismos.
Eso no quita que los cristianos puedan y deban intervenir en política. Pero desde una forma plural y desde diversas opciones. Hoy corremos el riesgo de que la intervención política de los católicos se identifique exclusivamente con la derecha, como si esta fuera la única intérprete de los ideales humanos y sociales del cristianismo, y eso no es bueno ni para la Iglesia ni para los propios políticos. Porque nadie tiene la exclusiva de Jesús de Nazaret, ni partido alguno representa u agota su mensaje y doctrina.


La frase del articulo: “Es cierto que fue ministro con Franco, pero también había sido encarcelado e intentado abrir desde el poder algún resquicio a las libertades. ” es más bien confusa, ya que siendo correcta podría llevar a pensar que fue encarcelado por Franco y eso no es cierto.
Fue encarcelado en la Guerra Civil por las checas republicanas, gracias a su madre que contacta con el ministro de la Gobernación obtiene un salvocinducto para huir a Marsella e inmediatamente se une al ejercito de Franco en la Guerra Civil.
Gracias por la puntualización. Se trata sólo de una entradilla, y no hay confusión posible porque el propio Ruiz-Giménez aclara pocas líneas más abajo dónde, cuando y por quien fue encarcelado.
Todos los cargos que tiene son de carácter ideológico
- Presidente de la organización internacional “Pax Romana” (1939-46)
- Director del Instituto de Cultura Hispánica (1946-1948)
- Embajador ante la Santa Sede (1948-1951)
- Ministro de Educación Nacional (1951-1956)
- Consejero nacional del Movimiento por nombramiento directo de Franco (1961)
Todos ellos cargos de confianza “ideológica” del Régimen
El último especialmente
Cuando dice que constituye una “apertura” nombrar rectores a Pedro Laín Entralgo, y a Antonio Tovar es como de guasa.
Si quiere le envío las posiciones filonazis de ambos (eso si mientras la guerra le fue bien a Alemania)
Ruiz-Giménez, que a nivel personal era encantador (yo tuve algún encuentro breve con él), a nivel ideológico iba con el viento-