Las crisis que no se curan con dinero

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Creo que era Balzac quien decía que “en las grandes crisis, el corazón se rompe o se curte”. También en las crisis económicas, que ponen todo manga por hombro y a veces hay que saber reordenar la vida e incluso la propia escala de valores. Me contaba el otro día un amigo que, por encima de haber perdido su 4 X 4 y el chalet en la Sierra, ahora valora poder almorzar con sus hijos y tomarse una caña con los amigos. Antes, sus abultadas finanzas casi no le dejaban tiempo para vivir.

Hay otras crisis  que no se superan sólo con dinero. Siempre  se habló de la crisis de la adolescencia, la del demonio meridiano  o los cuarenta años, la crisis de la jubilación, del nido vacío, de la soltería, la menopausia, el paro, etc. 

Toda crisis es un riesgo y una oportunidad. Cuando ha pasado y la miramos desde la óptica nueva que da el paso del tiempo, casi parece un chiste, una anécdota. ¿Y por qué lloré tanto con aquel cate, aquel abandono amoroso, aquella pérdida de trabajo? Hoy posiblemente la veo  ya como un escalón, un ascenso y maduración en la vida. Pero entonces parecía que se me iba a hundir el mundo.

En realidad esto de vivir es como sentarse en un pupitre e ir aprendiendo lecciones. Frente al materialismo reinante, que lo que humaniza al hombre y le hace saltar por encima de los esquemas espaciotemporales, en una palabra, lo que nos hace seres humanos a diferencia de las bestias, es el espíritu en sus diversas vivencias y manifestaciones: desde el amor a la cultura; desde el disfrute estético de la belleza y  las formas más variadas del pensamiento a la creación y la convivencia.

Pero ¿qué ocurre cuando todo se derrumba y dejamos de encontrar referentes, modelos que seguir, objetivos verdaderamente apetecibles que buscar?  Nuestro mundo anda como perdido y apresurado, corriendo hacia una meta que ignora. Lo primero que debemos hacer es detenernos, mirar a nuestro derredor y, sobre todo, salirnos de este torrente que nos arrastra. El mero hecho de estar atentos, de mirar la autopista desde el arcén, de vernos desde fuera ya es un paso esencial para superar el momento y avanzar de forma positiva.

 Las crisis que sufrieron nuestros abuelos tienen pocos puntos comunes con las nuestras, las del ciudadano global, embarcado en otra galaxia de comunicación, consumismo, deseos y apetencias. De aquí que sea necesario reflexionar sobre qué hacemos y adónde vamos, qué puede desviarnos del camino y a qué agarrarnos cuando el suelo se mueve bajo nuestros pies.

Copio aquí unos versos de Víctor Corcoba Herrero por si pueden ayudar:

Ante tanta crisis de autenticidad,
registremos la poesía como signo
de identidad y señal de amor.

La más nívea formación,
consiste en  transformar
el bien cultural, en bien educativo.
Y lo educativo en un acto de amor.
Y el amor en un acto de poesía.
Y la poesía en un acto de esperanza.

Las edades de la vida,
son como escaleras del verso,
cuántas más subes,
más gozosa es la bajada.

Lo que vive y lo que vale,
son los latidos del alma,
la ética de la estética,
la acción de los maestros,
que cultivan lo que predican,
por herencia de la coherencia.

La poesía es un acto de fe en lo gratuito y por lo tanto un modo distinto de ver el mundo, que puede ayudarnos a mirar más allá de la confusión inmediata hacia “lo que vive y lo que vale”.

               

2 Responses to “Las crisis que no se curan con dinero”

  1. Sería estupendo que entraran en crisis todos los deseos que, a conseguir o no, nos hacen infelices.
    Que lo obvio, se esconde detrás de la dictadura de lo deseable y nos zarandean los pequeños reclamos que agotan nuestras fuerzas y nuestra paz.
    Parece que los “golpes de la vida” aciertan a despertarnos del marasmo pero, sin la voluntad de volver sobre lo dolorosamente aprendido, se ve adueñada la alegría de nuevo por las miserias (y tantas veces como lo permitamos).

  2. Tengo muchos pensamientos, que no son poemas:

    ¿En las crisis, clamor sin respuesta?
    un espacio y un tiempo, en el mundo
    dramatismo existencial y un …silencio
    Espíritu Esencial, ¿donde te has ido?
    dijo mi padre, un atardecer lluvioso
    “Que derramado en el corazón de “nosotros”
    mientras caminamos, Tú estás, conmigo
    cercano, dulce, cariñoso…

    La transformación, serena
    te inunda pacificamente
    en las noches calladas,
    si escuchas, tranquila
    como el sonido suave
    de las gotas de lluvia
    en la ventana …que caen,
    y se entre-mezclan con las
    aromatizadas fragancias
    del naranjo en flor

    Mi padre gravó en mi,
    lo que yo pienso ahora ,
    con una infusión de hierbas
    para escribir en mi ordenador

    Carmina

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