Tu rostro, el de Universo
“Niña, no te mires tanto al espejo”, le decía mamá a Mari Carmen, que contemplaba complacida en el cuarto de baño su lozana belleza adolescente. “Sólo somos polvo, ¿de qué te enorgulleces, hombre?”, imprecaba el predicador amenazante desde el púlpito. “Despréciate a ti mismo”, nos decían en una interpretación un tanto masoquista de la espiritualidad. [...]
