Un futbolista, director espiritual

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El genial, realista y dramático Ken Loach, sin duda uno de los realizadores europeos de mayor sensibilidad social, ha sorprendido a la crítica con este film que acaba de estrenarse, Buscando a Eric, y que atrapa con el pie cambiado a muchos de sus seguidores. Porque aquí el director británico, sin abandonar su mundo y el decadente color de los suburbios obreros de su país, se ha atrevido con dos facetas inéditas en su filmografía: el futbolista ídolo de masas y el género de la comedia desde el realismo social.

Eric es un cartero destartalado, simple y entrañable, al que el mundo se la ha venido encima. Vive con dos hijos de su primera mujer que, como tantos adolescentes de hoy, le superan con su pasotismo, sus incursiones en la droga y cierta connivencia con los violentos del barrio. Para mayor impotencia y desolación, su mujer Lily, su segunda esposa, el amor de su vida, no sólo le abandonó, sino que la hija de ambos, que acaba de darle un nieto, es incapaz de relacionarse con su padre.

En este ambiente depresivo, que tiene pequeñas escapadas en el bar y los amigotes del trabajo, siempre aparece como único consuelo el fanatismo futbolero por el Manchester United. Una noche se queda extasiado contemplando el retrato de su ídolo, el futbolista Eric Cantona, apellidado “el rey”, para evocar sus jugadas y goles magistrales. Hay que señalar que Cantona, de etnia gitana y origen mitad español mitad italiano, jugó realmente, entre otros clubes, con el Olympique de Marsella y el Manchester United, y era conocido, además de por sus goles, por una solemne patada que le propinó a un aficionado durante su etapa inglesa. Con alguna experiencia de actor, se interpreta en esta película a sí mismo.

Pues resulta que este ídolo, convertido en “el mejor yo” de Eric, se le aparece en sus momentos de depresión y le aconseja admirablemente, como una especie de guía o maestro espiritual. El resto del film se desarrolla, como si de una comedia americana se tratase, por el entronque de la dura realidad frente a las sensatas sugerencias de Cantona, sembradas de metáforas futbolísticas y secundadas por las humoradas y charlas  salpicadas  de cervezas  de sus colegas de Correos -uno de ellos aficionado a los libros de autoayuda-, y sus problemas personales con sus hijos y su ex mujer. Ingredientes clave son la evocación sentimental de Lily cuando bailaban juntos -recurso feliz el de los zapatos- , la presencia de un peligroso delincuente que extorsiona sus hijos,  y la siempre ineludible en Loach solidaridad sindical. Su habitual guionista Paul Laverty ha conseguido enhebrar en esta historia costumbrista que mantiene el interés, sobre todo humano, las subtramas sentimental y policíaca. Pero sobrenada el canto al antihéroe, a una especie de Woody Allen suburbano arrancado del mundo del trabajo, que tan bien conoce Loach de sus tragedias sociales.

Se ha dicho que se trata de un Loach menor, comparado con Riff-Raff, Tierra y libertad y El viento que acaricia la cebada. Pero en mi opinión no es cierto, pues se tiende a encasillar a los directores y, si no hay tragedia y denuncia, se piensa que ya no hay Loach. Por el contrario Buscando a Eric se me antoja mucho más difícil de realizar, para no caer de un lado en el ternurismo y por otro en la burda comicidad. La película funciona admirablemente en su gozosa contención y positividad, para repartir algo de esperanza que no viene mal a un mundo en crisis. Juega además con los que nos tiene acostumbrado el director británico: ese miedo de que está a punto de pasar lo peor. El acierto procede de la elección del actor, el deslavazado Steve Evets, que encarna con enorme naturalidad al débil y fracasado hombre de la calle, con el que todos -en cierto modo- nos sentimos identificados. En él la cotidianidad del obrero marginal  se convierte en mito, que no puede tener otro “padre espiritual”, que el ídolo del pueblo, el “santo” de las tabernas, el mentor de las masas: el futbolista de culto.

¿Comedia fácil de contentamiento taquillero? Todo lo contario: Loach hace creíble lo increíble: que para esa gente de barrio, azotada por la crisis, la violencia y la droga, también hay una salida: bucear en la conciencia, objetivar los ideales de dentro. Lejos de ser un melodrama crédulo y conformista, el film no está exento, junto al homenaje, de fina ironía sobre el universo de los hinchas, el endiosamiento del goleador y la eficacia de los libros de autoayuda. Pero con tal cariño y soltura hacia ese pueblo, -que a veces sólo cuenta para salvarse de la opresión con la solidaridad de sus compañeros de trabajo y la “religión del fútbol”-, que Loach ha sabido romper sus propios moldes.

T.O: Looking for Eric.-P:  BIM, Sixteen Films, Why Not Productions, Les Films du Fleuve, Canto Bros. Francia, Reino Unidos, Italia y Béligica, 2009..-D: Ken Loach.-G: Paul Laverty.-F:  Barru Acroyd.-Mon: Jonathan Morris.-M: George Fenton.-V: Saraj Ryan.-I: Stephanie Bishop (Lily), Eric Cantona (él mismo), Steve Evets (Eric Bishop), John Henshaw, Lucy-Jo Hudson (Sam), Justin Moorhouse (Spleen), Gerard Kearns (Ryan), Stefan Gumbs (Jess), Des Sharples (Jack), Mick Ferry (juez), Greg Cook, Smug Roberts.-Estreno en España: 27-XI-2009.-Dis: Alta films.

2 Responses to “Un futbolista, director espiritual”

  1. Hace un par de horas que he salido del cine y he visto la película que usted comenta. Participo plenamente de su punto de vista. Loach tiene una capacidad extraordinaria en presentar personajes cotidianos, simples y perdedores (no triunfantes en la vida). Los sitúa, además, en una situación límite y complicada, en la que el espectador se identifica y se pregunta ¿qué haría yo?. Con qué facilidad estos personajes (personas comunes) están inmersos en situaciones sin salida, que la carencia de medios, les imposibilita salir.
    Pero al final, la amistad.¿se puede pedir más?
    Necesitamos estos finales.
    El recurso del fútbol me parece genial porque contextualiza magníficamente la historia. No soy futbolera y creo, desde hace tiempo, que se me escapa algo, porque no entiendo el tirón y sobre todo la vertebración social de este fenómeno de masas, que sin ninguna duda lo es.
    Reconforta ir al cine y ver reflejado al común de los mortales y además con final feliz.
    ¿Quienes son los héroes en este mundo?
    Los que batallan día a día con su supervivencia sin olvidar su conciencia.

  2. Buena crítica cinematográfica la suya, P. Pedro Miguel Lamet, y buen comentario el de Esperanza.

    Yo también he visto la película, ayer justamente la vi,en el pase de las 20.30 en los multicinees a los que acudo con alguna frecuencia. A lo ya dicho sobre la fijación -magistral como la de pocos cineastas actuales- de Ken Loach en las clases trabajadoras urbanas, colindantes con la marginación social y la existencia más o menos antisistema y el coqueteo con las drogas, etcétera, me gustaría añadir que “Buscando a Eric” es una cinta que resuma lo que yo no dudaría en denominar como esencialidad evangélica.
    Veamos. Más allá de consideraciones de tipo moral, o de juicio moral,mejor, más o menos sincero o bien casuístico, sobre que en efecto la ex mujer de Eric tiene sus aventuras extramaritales, sus hijastros consumen drogas y colindan con los sectores de la marginación, o sobre que su hija mayor es madre soltera y mantiene con su padre una relación muy tirante, la amable mirada de Ken Loach, lejos de la moralina, presenta a unos personajes que,por su condición de obreros, de gentes sencillas del montón, de fracasados sociales incluso, pasan a convertirse, desde luego en alguna medida al menos, en los “predilectos del Señor”.

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