La libertad y el éxtasis

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Cada vez son más jóvenes las víctimas de las drogas de diseño. Recientes estudios  revelan que el consumo de estimulantes y alucinógenos derivados de las anfetaminas se ha incrementado entre chicos de 14 a 18 años. Los nombres de estas drogas  que arruinan ya al cinco por ciento de estas criaturas son reveladores: Éxtasis, Eva, píldora del amor.

Tras tan sugestivos nombres se ocultan poderosos venenos dirigidos a  activar los neurotransmisores cerebrales, que han causado ya el fallecimiento de varios de estos muchachos. Otros ingresan en los hospitales con crisis de ansiedad y trastornos de la percepción. Se les nota alteraciones de conducta, pérdida de memoria, depresión, melancolía y, si existía en ellos un trastorno mental previo, puede desencadenar una forma de psicosis . El consumidor habitual de éxtasis prueba la droga los fines de semana, en la discoteca o en los parkings que la rodean. No la toman con agua, como se dice, sino con alcohol y rodeados de música mákina , envueltos en un sonido de percusión constante.

Los responsables de sanidad  repartieron en su día camisetas con eslóganes disuasorios entre los diskjokeys y camareros, que tiene influencia sobre los muchachos. Se incrementan las campañas en televisión. Pero el problema es más profundo.

¿Qué estamos dando a estos chavales que realmente les entusiasme? ¿Éxtasis, sueños, amor? La juventud siempre pidió encaramarse a algo, dar el do de pecho, lanzarse a la calle a protestar, romper con las tradiciones atávicas, lanzarse a la aventura. Hoy no tiene horizonte por ningún lado. Esta maravillosa sociedad de consumo viene a ser un zulo, en el que no hay salida ni aire limpio que respirar. Miran a casa y se encuentran con los desencuentros amorosos de los suyos, la separación, el divorcio, la depresión de papá o mamá. Echan una ojeada fuera y prefieren no salir de casa: paro, competitividad, violencia, angustia económica sin un porvenir aparente. Sueñan por un momento con las marcas de ropa para fardar, el ídolo de la canción o “ganar mucha pasta” para comprarlo todo. Y luego surge de nuevo el abismo del vacío de una vida convertida en carrusel de ruido, feria de las vanidades, pelotera en casa, nada..

¿Qué tiene de extraño que compren éxtasis o la píldora del amor para buscar en la química destructora un rapto y un afecto que el mundo no les puede dar? Lo único que podría contentar a estas criaturas es que esta fábrica de estupideces que hemos inventado comience a fabricar de nuevo  ilusiones que alimenten. Y para eso es necesario retornar a la naturaleza, a la capacidad de ensueño, a la poesía, a la sorpresa, en una palabra a la experiencia de la fe. Deberíamos mostrarles, en vez de un Dios cubierto de capisallos, esgrimidor de “noes” y encerrado en la exclusividad de una capilla, al verdadero Dios que salte en los torrentes, besa en los enamorados y llora junto al enfermo, al Dios de la belleza que se esconde en el corazón del hombre y  “en el que nos movemos, existimos y somos”. Al descubrirlo se caen sus falsas caricaturas, la vida se transfigura de sentido y cualquiera que lo experimente saborea el auténtico éxtasis, el agua aquella que, como dijo Jesús a la samaritana, quita para siempre la sed. Lo peor es que los que deberíamos mostrar el rostro de Dios no convencemos porque lo hemos convertido o en una norma o en otra decepcionate droga. Es lo que se me ocurre en este día de Epifanía, con el deseo de que. como a los Magos, se nos encienda de nuevo una estrella en el horizonte.

2 Responses to “La libertad y el éxtasis”

  1. Estupidez? Y que otra cosa se puede esperar si, desbarrancados de frustración en frustración, ya no se puede remar a contracorriente de la publicidad!

  2. Muchas gracias, cuanto hace que no leo algo que me llega al corazón y dan ganas de amplificarlo, difundirlo. Te pido permiso para publicarlo en el blog de mi espacio de Netlog, citando y haciendo enlace directo a esta fuente.

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