Otro brote de xenofobia

La decisión de la Corporación municipal de Vic (Barcelona) de negar el ingreso en el padrón a los inmigrantes que se encuentran en situación irregular es un nuevo brorte intolerable de crueldad y xenofobia. El Ayuntamiento de la localidad catalana celebró ayer un pleno en el que su alcalde, Josep María Vila d’Abadal (CiU), insistió en defender la legalidad de la normativa a pesar del estupor que ha causado y del rechazo que ha recibido desde múltiples frentes, incluido el Gobierno central, los sindicatos y las organizaciones sociales y cívicas. La vicepresidenta primera del Ejecutivo, María Teresa Fernández de la Vega, recordó a los responsables municipales que «la medida no está cubierta por la ley». La ordenanza dejaría a los ’sin papeles’ sin derecho a la sanidad o la escolarización.
Lo más grave es que a juicio del consitorio esta disposición, «pone orden, avanza en la integración de la inmigración y pone a las personas inmigradas dentro de la comunidad». Los extranjeros representan el 24% del censo de la localidad.
Josep Anglada, concejal de la Plataforma per Catalunya, formación de ultraderecha y segunda fuerza del municipio por número de votos y ediles se ha atrevido a decir: «Celebramos esta medida porque nosotros lo hemos dicho siempre; los inmigrantes ilegales no deben tener derecho a ningún tipo de ayuda social, ya sea sanitaria o de escolarización», señaló. Y concluyó: «La inmigración ilegal no nos aporta nada bueno ni a nuestra ciudad ni a nuestro país. Al contrario, los ’sin papeles’ generan más gasto social y más delincuencia en las calles». Por su parte, el concejal de ERC, Joan López, también se pronunció ayer a favor de la normativa al entender que «responde a una de las exigencias históricas de Vic sobre la población inmigrante».
Detrás de esta decisión sólo hay lo de siempre: egoísmo, miedo a lo diferente, odio al extranjero y echarles las culpas de todos los males. Quienes así piensan nunca tuvieron que emigrar a otros países para poder vivir, como nuestros españoles de posguerra. Ni aprecian la gran contribución que a la natalidad y el cuidado de ancianos y enfermos están realizando los inmigrantes. Lo terrible es que no sólo se les dificulta la obtención de papeles, si no que se les niega el pan y la sal, algo tan imprescindible para un ser humano como la sanidad y la educación. Seguramente que estos catalanes encima se considerarán muy europeos y muy progresistas.

Me pregunto qué dice la progresista iglesia catalana (incluyendo las y los benedictinos de Montserrat) sobre este asunto. También pienso que para quienes hemos vivido tiempo en Cataluña (en mi caso casi 14 años en total) no resulta tan extraño lo que ocurre: no me negaron el pan (yo me lo ganaba, nadie me lo regaló nunca), la sal ni la sanidad, pero sí otras cosas, aunque fuese bilingüe y mi apellido fuese Forcada por parte de madre. No era inmigrante, pero sí extranjero, y no fue fácil ni agradable. Y no creo que Vic no sea un caso aislado, tal vez otros municipios catalanes (y posiblemente no catalanes) harán o harían lo mismo si pudiesen.