Otro obispo que pidió perdón y casi nadie lo sabe
A raíz de un amplio artículo que he dedicado a la deuda histórica de la Iglesia española en la guerra civil en la revista Éxodo, donde analizo la postura de ésta desde la República a nuestros días, un lector, el conocido psiquiatra catalán Josep Cornella me ha dirigido una carta donde ofrece un dato interesante y olvidado: El obispo de Girona, hoy emérito, Jaume Camprodón hizo público acto de demanda de perdón el año 2000 por la actitud de la jerarquia de la iglesia en los años previos a la guerra, durante la guerra, y después de la guerra. La jerarquía, dijo, no supo estar a la altura de las circunstancias ni del Evangelio. En mi artículo, tras analizar los desastres de uno y otro lado antes y después de aquella guerra fratricida, me solidarizo con la postura del obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, en su discurso de despedida como presidente de la Conferencia Episcopal. Mi artículo es sólo accesible parcialmente por Internet en la web de la revista Éxodo.
He aquí la carta que publico con su explícita autorizacion:
Estimado Pedro Miguel Lamet:
Perdona esta intromisión en tu espacio… Pero ya te leía en Vida Nueva en aquellos tiempos, y te conozco un poco…Quiero felicitarte por tu artículo en la revista EXODO (diciembre 09) sobre la deuda histórica de la Iglesia Española.He sido un estudioso y admirador del Cardenal Vidal i Barraquer. Tuve el honor de velar unos minutos sus restos cuando, de regreso a España, pernoctaron en el monasterio cisterciense de Solius, cerca de Santa Cristina de Aro, a unos escasos 30 km. de casa (fué un acto casi secreto). Su criterio y su actuación le ha merecido el sobrenombre de “El Cardenal de la Paz”.
Con referencia a las peticiones de perdón por parte del episcopado español, hay un hecho que nadie ha recogido nunca (ni la prensa de aquel momento).
El obispo de Girona (hoy emérito), D. Jaume Camprodón i Rovira, el dia 21 de abril de 2000, al finalizar la procesión del Viernes Santo pidió público perdón.
El obispo Camprodón, al igual que su anteceror Narcís Jubany, nunca asistía a la procesión, pero, la esperaba a las puertas de la catedral, y, desde lo alto de la escalinata, junto a la imagen del Crucificado, dirigía unas palabras y daba la bendición. Se acababa el acto con el canto del Credo en catalán. La gente que se apiña en la plaza de la catedral es de todos los credos, y muy numerosa.
La procesión era, un desfile religioso, pero sin caracter litúrgico.
El año 2000 tuve el “honor local” de ser el pendonista de la procesión, con lo que, en el acto final, estaba muy cerca del obispo.
Aquella noche, D. Jaume dijo que, siguiendo el ejemplo de Juan Pablo II, y ya que no había unanimidad en la Conferencia Episcopal, él, como responsable y servido de la Iglesia que está en Girona, hacía público acto de demanda de perdón: por la actitud de la jerarquia de la iglesia en los años previos a la guerra, durante la guerra, y después de la guerra. La jerarquía, dijo, no supo estar a la altura de las circunstancias ni del Evangelio.
Pidió que, en vez de cantar el Credo, como era costumbre, se hiciera un silencio, en el cual invitaba a los creyentes a rezar el Padrenuestro.
Por lo tanto, hizo este discusro en un lugar público, y ante gran cantidad de representantes del “Pueblo de Dios”.
En aquel entorno mío, las palabras del obispo no cayeron muy bien… Se rompía una tradición…Y por un motivo “ajeno” a la procesión, según muchos.
Yo creía que el gesto de Camprodón sería portada periodística del día siguiente. Craso error. Apenas salió algo en los diarios locales.
Le escribí una carta, y me contestó, desde la discreción que siempre ha caracterizado su vida, que creyó, simplemente, que era su deber de obispo. Las críticas le dolieron mucho.
No he podido recuperar su discurso.Nos vemos de vez en cuando con D. Jaume. Me recibe en la residencia de las Hermanitas de los pobres, donde vive con su secretario. Tiene ya 83 años. Pero una mente tremendamente lúcida y una gran capacidad catequética.
Algun día le pediré si guarda el escrito de su discurso…
Por cierto, el año 2001 era aceptada por el nuncio la renuncia de D. Jaume (no tenía aun los 75 años), por motivos de salud.
Y este año 2009, el actual obispo (Francesc Pardo) ha restitudo a la procesión del Viernes Santo el carácter litúrgico, presidiendo él mismo el cortejo, ataviado con hermosa capa pluvial roja, y otros aditamentos episcopales….
Quienes se ensañaron con Camprodón están hoy felices con el nuevo obispo…Creo que son pequeños detalles de la historia, nuestra historia. Y Girona, en la esquina de la península, ciudad pequeña y rara, queda, a menudo, sin salir en la foto.
Pero me gustaría que, de alguna manera, no se donde, se hiciera mención de este gesto loable y cristiano de un obispo. Un obispo al estilo del Concilio Vaticano II, de una humildad que imprsiona, y un admirador de Pablo VI, en especial sus discursos hacia el final del Concilio, cuando capeaba las críticas que le llovían por doquier… Los cita a menudo cuando hablamos de la Iglesia de hoy.
Recibe un cordial saludo, mi disposición a pasarte més información (tengo un hijo periodista, y llevo 17 años escribiendo una columna en el local DIARI DE GIRONA), y un fuerte abrazo.
Josep Cornellà i Canals

Veo que hay que pelear duro para destacar entre tanta nefasta rutina algún gesto evangélico que esa misma rutina desautoriza,
Y que sigan las procesiones entre las urbanidades!